Venían a regenerar la vida pública, a limpiar España de corrupción, a dar lecciones de ética y democracia. Y hoy, la realidad les ha explotado en la cara. Porque con el PSOE, efectivamente, todo es posible. Incluso lo que parecía imposible hace apenas unos años: ver imputado a un expresidente del Gobierno de España.
José Luis Rodríguez Zapatero, el hombre que hundió económicamente a España, el arquitecto de la memoria sectaria, el impulsor de la alianza con separatistas y filoetarras, acaba de quedar señalado judicialmente en el caso Plus Ultra por presuntos delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental. El mismo Zapatero que todavía hace dos días era paseado por el PSOE como un “referente moral” en campañas electorales, mítines y actos públicos. El mismo Zapatero al que Sánchez convertía en embajador internacional del sanchismo mientras España se desmorona institucionalmente.
La imagen es devastadora. Su despacho y las oficinas de sus hijas están siendo registradas. Se quiere saber dónde están los 53 millones de euros en el rescate de Plus Ultra, conseguido gracias a las gestiones del ex presidente. La corrupción ya no es un accidente dentro del PSOE. Es el ecosistema natural donde se mueve el partido.
Porque esto ya no va de casos aislados. No hablamos de una manzana podrida. Hablamos de un árbol completamente infectado.
La mujer del presidente, investigada.
El hermano del presidente, investigado.
El fiscal general del Estado, procesado.
Ex secretarios de organización del PSOE, señalados por corrupción.
Ministros bajo sospecha y encarcelados.
Comisionistas entrando y saliendo de ministerios.
Tramas de hidrocarburos.
Rescates opacos.
Colocaciones.
Nepotismo.
Corrupción institucionalizada.
Y ahora, un expresidente del Gobierno imputado.
Nunca antes había ocurrido algo así en España. Nunca. Y ocurre precisamente con un PSOE que lleva años dando lecciones de feminismo, democracia, memoria histórica y regeneración mientras convertía el Estado en una red clientelar al servicio de sus intereses políticos y personales.
Zapatero no es una figura secundaria dentro del socialismo. Zapatero es el verdadero padrino político del sanchismo. Fue él quien recuperó a Pedro Sánchez cuando muchos lo daban por amortizado. Fue él quien lo introdujo en las redes internacionales del globalismo de izquierda, en el Grupo de Puebla, en los contactos con las dictaduras iberoamericanas y en los circuitos de poder donde hoy se mueve el sanchismo. Zapatero no es pasado. Zapatero sigue siendo presente. Sigue mandando. Sigue influyendo. Sigue operando.
Y todo ello mientras su nombre aparece vinculado a operaciones oscuras como el rescate de Plus Ultra, aquella aerolínea prácticamente fantasma que recibió millones de euros de dinero público en plena ruina económica de miles de españoles, sin tener las condiciones para poder optar a esas ayudas. Mientras autónomos cerraban negocios, familias perdían empleos y empresas desaparecían, el Gobierno encontraba cientos de millones para rescatar compañías rodeadas de sospechas y conexiones políticas.
Pero quizá lo más obsceno de todo no sea únicamente la imputación. Lo más obsceno es el silencio cómplice del sistema.
Porque si esto ocurriera en otro país, tendríamos editoriales incendiarios durante semanas. Abrirían telediarios. Habría manifestaciones. Exigirían responsabilidades políticas inmediatas. Pero aquí no. Aquí muchos medios miran hacia otro lado porque Zapatero sigue siendo una pieza fundamental del entramado de poder progresista que domina instituciones, medios y grandes estructuras económicas.
Y junto a Zapatero aparece otra figura recurrente en todas las sombras del socialismo español: José Bono.
Bono y Zapatero representan dos caras del mismo régimen. Dos hombres que hicieron carrera política envueltos en discursos de humildad socialista mientras alrededor crecían patrimonios, amistades peligrosas, relaciones internacionales opacas y fortunas difíciles de explicar para buena parte de los españoles.
Durante años se nos vendió la imagen de socialistas austeros, casi monacales, preocupados por el pueblo trabajador. Y hoy contemplamos cómo muchos de aquellos dirigentes viven rodeados de privilegios, propiedades, influencias y conexiones internacionales mientras el ciudadano normal apenas llega a fin de mes.
Lo verdaderamente aterrador es comprobar cómo el PSOE ha conseguido normalizar lo escandaloso.
Han conseguido que la sociedad ya apenas se sorprenda de que el entorno completo del poder esté bajo sospecha. Como si fuese normal que un Gobierno tenga a la esposa investigada, al hermano investigado, a ex ministros señalados, a colaboradores entrando en juzgados, a fiscales cuestionados y ahora incluso a un expresidente imputado.
Todo ello mientras siguen hablando de “fachosfera”, de “bulos” y de “ultraderecha”.
Ese es el mecanismo del sanchismo y del zapaterismo: crear enemigos ficticios para tapar sus propios escándalos. Dividir España mientras saquean moral e institucionalmente el país. Utilizar el miedo y la propaganda para intentar ocultar una realidad insoportable.
Y la realidad es esta: el PSOE atraviesa probablemente la mayor crisis moral de toda su historia reciente.
Porque ya no pueden esconderlo más. La corrupción ya no rodea al PSOE. La corrupción forma parte del paisaje político del socialismo español contemporáneo.
Zapatero fue quien abrió muchas de las puertas que hoy Pedro Sánchez ha terminado de derribar. Con Zapatero comenzó el proceso de demolición institucional, la polarización permanente, el pacto con enemigos de España y la utilización sectaria del Estado. Sánchez simplemente ha llevado todo aquello al extremo. Con zapatero se inicio el nuevo régimen nacido del 11 M del 2004.
Por eso la imputación de Zapatero no es únicamente un problema judicial. Es el símbolo de toda una época política basada en el cinismo, la propaganda y la impunidad.
Y mientras tanto, todavía pretenden dar lecciones a los demás.
La historia terminará siendo implacable con ellos. Porque el problema ya no es sólo lo que hicieron. El problema es lo que han degradado. Han degradado la política, las instituciones, la justicia, los medios y hasta la convivencia entre españoles.
Con el PSOE, efectivamente, todo es posible.
Incluso convertir España en un país donde un expresidente imputado siga siendo presentado como ejemplo moral por quienes todavía gobiernan.