La degradación de las instituciones catalanas ha alcanzado un nuevo y preocupante hito. Lo que debía ser una sesión ordinaria del plenario de Sant Andreu se transformó ayer en un ejercicio de censura coordinada y matonismo político. El objetivo: impedir que la consellera de VOX, María del Mar Buscá, presentara una propuesta institucional en defensa de la Prioridad Nacional.
Crónica de un sabotaje anunciado
Desde antes de que comenzara el turno de palabra de Buscá, el ambiente ya estaba viciado. En un gesto que en cualquier democracia sana habría supuesto la expulsión inmediata, el conseller de Junts per Catalunya exhibió un cartel con un mensaje que apelaba directamente a la violencia: "Al fascismo se le debe combatir con golpes de puño".
Lejos de llamar al orden o condenar la apología de la agresión, la presidencia del distrito, en manos de ERC, optó por la complicidad del silencio.
El veto a la defensa democrática
Ante la falta de respeto sistemática durante la intervención de la consellera Buscá, el portavoz de VOX en el Ayuntamiento de Barcelona, Liberto Senderos, tomó la palabra para exigir
explicaciones y solicitar el amparo de la presidencia. Sin embargo, la regidora de Esquerra Republicana no solo se negó a garantizar el orden, sino que retiró la palabra al edil, impidiéndole ejercer su derecho a la defensa ante los ataques personales y la intimidación.







