La Feria del Libro de Vallecas cumple una década. Diez años han pasado desde que el Bulevar de Peña Gorbea decidiera levantarse como el contrapunto popular a la burguesa solemnidad de El Retiro. Lo que nació como una reivindicación vecinal de las letras se ha convertido, por obra y gracia de la ingeniería social, en el termómetro perfecto de la hegemonía cultural de la izquierda madrileña. Vallecas no es solo un barrio; es el laboratorio donde el progresismo ensaya su resistencia cuando el resto del país empieza a despertar del letargo ideológico. Cumplir diez años en este enclave no es solo una efeméride literaria; es la consolidación de un fortín que, hasta hoy, parecía inexpugnable.
Si echamos la vista atrás, el historial de ponentes de esta feria parece un árbol genealógico del pensamiento cautivo. Por estas casetas han desfilado durante estos diez años los sospechosos habituales: desde activistas reconvertidos en ensayistas, hasta políticos que, tras fracasar en la gestión de lo público, buscaron refugio en la narrativa del agravio. Hemos visto pasar a figuras que han hecho de la lucha de clases un producto de marketing, convirtiendo el libro en un ladrillo más de ese muro que separa la realidad del obrero de la ficción del dirigente de Galapagar. En ediciones anteriores, el Bulevar fue el escenario donde se validaron las teorías que hoy, con el sello del BOE, han dinamitado la convivencia y la presunción de inocencia.
Pero en esta edición, el guion parece tener un error de sistema. La organización, de la mano de su director Aaron, ha permitido que el aire fresco entre en el recinto. Y el aire fresco, cuando entra en una habitación cerrada durante diez años, suele levantar mucho polvo.
Este año, la Feria del Libro de Vallecas intenta mantener las formas con un programa que bascula entre la nostalgia televisiva y el adoctrinamiento clásico. El pregón de Santiago Segura, el eterno equilibrista que ha pasado de la irreverencia de Torrente a la pulcritud del cine familiar, puso la nota de color para atraer a las masas. Pero tras el confeti mediático, el programa revela otras intenciones en el evento.
Ahí están las mesas redondas sobre aclaración conceptual con los rostros del PCE y de Izquierda Unida, tipos como Mauricio Valiente o Álvaro Aguilera, que vienen a explicarnos qué debemos pensar en el siglo XXI con manuales del siglo XIX. Ahí está la cuota de pedagogía libertaria y el feminismo de pancarta morada que tanto gusta en los despachos de la calle Alcalá. Sin embargo, en medio de este desfile de ortodoxia, aparecen grietas. La presencia de intelectuales de fuste como Juan Manuel de Prada, que maneja el verbo con unas maneras que avergüenzan a muchos, o la participación de voces que nos negamos a pasar por el aro de la cancelación, dotan a esta edición de una tensión intelectual inédita.
Y es en ese contexto de tensión donde la literatura deja de ser un adorno para convertirse en una provocación. En el epicentro de este Bulevar, en la Caseta nº 1, se va a producir este domingo 17 de mayo un fenómeno que los amantes del pensamiento libre deberían marcar en rojo. He sido invitado a presentar mis obras en esta edición, y acepto el reto con tranquilidad y sin guardaespaldas para defender mis tesis. Se me dice que Vallecas no es mi santo de devoción, que mi perfil incomoda en las esquinas de un barrio que ciertos políticos pretenden gestionar como un feudo privado. Yo respondo que el mayor respeto que se le puede tener al vecino de Vallecas es tratarlo como a un adulto: sin escoltas, con la frente alta y con la palabra por delante. Llevo con mis publicaciones una declaración de principios: en la batalla cultural, la de las ideas, quien necesita seguridad privada es porque sabe que sus argumentos no aguantan un asalto.
Lo que pongo sobre el mostrador es, sencillamente, una autopsia al dogma. Presentar en el epicentro del progresismo madrileño, allí donde se gestó el culto a la familia Iglesias y al universo Podemos, una obra titulada 527 logros del Ministerio de Igualdad, es un ejercicio de higiene intelectual. No es un ataque; es una enumeración fría y directa de la inoperancia. Es el dato desnudo frente al eslogan vacío. Llevar este libro a Vallecas es devolverle al ciudadano la capacidad de juzgar una gestión que ha convertido la igualdad en un negocio de agravios mientras las cifras reales de seguridad femenina siguen siendo el gran fracaso de nuestra era.







