Lo de José Luis Rodríguez Zapatero ya no es una sospecha política ni una exageración de quienes llevamos años denunciando su papel en Venezuela. Es un escándalo de dimensiones históricas. El expresidente que la izquierda presentó como hombre de paz aparece ahora rodeado de petróleo, oro, níquel, China, Huawei, Plus Ultra, Aldesa, Análisis Relevante y negocios opacos vinculados al chavismo.
Zapatero debía comparecer el 2 de junio ante el juez José Luis Calama, pero ha conseguido aplazar su declaración como investigado al 17 y 18 de junio. No es un detalle menor: quien no tiene nada que esconder comparece, explica y se marcha. Quien pide tiempo sabe que tiene demasiado que explicar.
El sumario ya habla de operaciones de petróleo, oro y níquel venezolano, de intermediaciones con compradores chinos y suizos, y de una red que no se parecía precisamente a una ONG humanitaria. Determinados medios han informado de lotes de 50.000 toneladas de petróleo y de 286.070 euros hallados en sobres en casa de Julio Martínez Martínez, colaborador de Zapatero. Otros recogen que la UDEF sitúa a Zapatero como intermediario en operaciones de oro, níquel y petróleo venezolano.
Durante años nos dijeron que Zapatero viajaba a Venezuela por la paz, por el diálogo, por la concordia. Mentira. Según lo que aflora ahora, aquello tenía un olor insoportable a negocio, influencia y beneficio económico. La pregunta ya no es qué hacía Zapatero en Venezuela. La pregunta es cuánto ganó, quién le pagó, qué prometió y a quién sirvió.
También tendrá que explicar su relación con China y el papel que pudo desempeñar para favorecer los intereses de Huawei en Venezuela.
Recientemente, se ha publicado que China habría compensado a Zapatero con “cupos” de petróleo por ayudar a implantar el 5G de Huawei en Venezuela. Si esto se confirma, estaríamos ante algo mucho más grave que una mediación política: estaríamos ante un expresidente español convertido en lobista internacional al servicio de intereses extranjeros y de una dictadura.
Zapatero tendrá que explicar su relación con PDVSA, con Aldesa, con Análisis Relevante, con Plus Ultra y con todos esos nombres que aparecen alrededor de una trama donde la política, el dinero y el poder se confunden peligrosamente. Y también sería conveniente que Javier de Paz explicara su papel, su carrera a la sombra del PSOE y los motivos por los que Canal Red, el aparato propagandístico de Pablo Iglesias, terminó encontrando acomodo en Movistar Plus. Porque cuando se habla del poder socialista, casi nada ocurre por casualidad.







