Aquellos hombres sabían perfectamente que, si se rendían, difícilmente conservarían la vida. Lo que estaba ocurriendo en Madrid, con la toma del Cuartel de la Montaña y el asesinato de muchos de quienes se habían entregado, alimentaba ese convencimiento. Por ello decidieron resistir.
La historia convirtió aquel asedio en un símbolo. Un símbolo para unos de heroísmo y sacrificio; para otros, de la España sublevada. Pero nadie puede negar que la resistencia fue extraordinaria.
Entre los episodios más dramáticos figura el de Luis Moscardó, hijo del coronel. La conversación telefónica entre el jefe de las milicias y el coronel Moscardó ha pasado a la Historia. A cambio de la rendición del Alcázar se amenazó con ejecutar a su hijo. Moscardó eligió cumplir con el deber que entendía había asumido al ponerse al frente de la defensa.
Aquel diálogo, convertido con el tiempo en uno de los más conocidos de la Guerra Civil, simboliza hasta dónde llegó el drama entre españoles.
Luis sería finalmente asesinado, y la tragedia familiar no terminaría ahí. Otro de los hijos de Moscardó también perdería la vida durante la contienda, asesinado en Barcelona tras ser identificado por portar un escapulario. Cuando meses después terminó el asedio y el Alcázar fue liberado, el coronel conocería toda la dimensión del dolor que había sufrido su propia familia.
Durante setenta días el Alcázar resistió prácticamente aislado. La artillería redujo gran parte del edificio a escombros. Las minas abiertas bajo sus muros hicieron volar parte de la fortaleza. El hambre, la sed y las enfermedades acompañaban cada jornada. Sin embargo, la resistencia continuó.
Incluso en aquellas circunstancias extremas se organizó la vida interior. Hubo servicios sanitarios, celebraciones religiosas, disciplina militar y hasta un periódico, El Alcázar, que mantenía alta la moral de los defensores y simbolizaba la voluntad de resistir mientras quedara un solo hombre capaz de empuñar un fusil.
El 27 de septiembre de 1936 las tropas del Ejército de África, al mando del general José Enrique Varela, liberaron finalmente el Alcázar. Fue entonces cuando Francisco Franco visitó la fortaleza.