Se ha hablado durante décadas de la "Guerra de Marruecos", aunque conviene recordar que el Marruecos actual ni siquiera existía como Estado independiente. España combatía en el Protectorado español frente a las cabilas rifeñas dirigidas por Abd el-Krim. No fue una guerra entre dos naciones plenamente constituidas, sino una campaña colonial marcada por la improvisación política, la corrupción administrativa y una cadena interminable de errores de mando que acabarían costando la vida a miles de españoles.
Annual no fue simplemente una derrota. Fue una tragedia nacional.
Apenas habían transcurrido veintitrés años desde el Desastre del 98. España todavía no había cicatrizado las heridas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. El Imperio había desaparecido, el prestigio internacional estaba profundamente dañado y la nación seguía buscando su sitio en un mundo que cambiaba a enorme velocidad.
El siglo XIX había terminado de la peor manera posible. Comenzó con la invasión napoleónica, continuó con las guerras carlistas, la inestabilidad política permanente, pronunciamientos militares, revoluciones, asesinatos políticos y una decadencia económica que culminó con la pérdida de los últimos territorios de Ultramar.
Y cuando muchos pensaban que el siglo XX abriría una etapa de regeneración, llegó Annual para demostrar que España seguía arrastrando los mismos males.
Porque el verdadero problema no era el soldado español.
Jamás lo fue.
El problema era una clase política incapaz, unos gobiernos débiles, una administración plagada de intereses particulares y una cadena de mando que, demasiadas veces, confundía la improvisación con la estrategia.
Los soldados españoles combatían con frecuencia mal abastecidos, mal equipados y abandonados por quienes tomaban las decisiones desde despachos situados a cientos de kilómetros del frente.
Muchos de aquellos jóvenes procedían de familias humildes. Eran hijos del pueblo español. Muchachos que apenas habían recibido instrucción militar suficiente y que fueron enviados a un terreno extraordinariamente complicado, con líneas de suministro imposibles de mantener y posiciones militares excesivamente dispersas.
El resultado fue devastador.
La retirada iniciada desde Annual se convirtió en un auténtico desastre. Posición tras posición fue cayendo. Las columnas españolas fueron acosadas continuamente. Miles de soldados murieron combatiendo o fueron asesinados durante la retirada. Otros fueron hechos prisioneros y sufrirían un cautiverio terrible.
Monte Arruit quedó grabado para siempre en la memoria colectiva. Tras rendirse bajo la promesa de respetar sus vidas, centenares de militares españoles fueron masacrados.
España quedó conmocionada.
Las cifras siguen siendo estremecedoras más de un siglo después.
Más de diez mil españoles perdieron la vida en apenas unas semanas.
Pero incluso en medio del desastre, cuando todo parecía perdido, surgieron episodios que engrandecen para siempre la historia del Ejército español.
Uno de ellos fue la actuación del Regimiento de Caballería Alcántara.
Aquellos jinetes protagonizaron una de las acciones más heroicas de toda la historia militar de España.
Carga tras carga, conscientes de que avanzaban hacia una muerte casi segura, protegieron la retirada de miles de compañeros.
No combatían para obtener una victoria imposible.
Combatían para salvar vidas.
Prácticamente el regimiento quedó aniquilado.
Su sacrificio tardó décadas en recibir el reconocimiento que merecía, pero hoy permanece como uno de los mayores ejemplos de valor, disciplina y espíritu de servicio de nuestro Ejército.
Mientras algunos dirigentes fracasaban estrepitosamente, los soldados volvían a demostrar que el honor seguía vivo en las trincheras.
Las consecuencias políticas de Annual fueron enormes.
El conocido Expediente Picasso puso negro sobre blanco numerosas responsabilidades políticas y militares.
La sociedad española perdió definitivamente la confianza en un sistema político agotado.
La Restauración caminaba hacia su final.
En ese contexto aparecería la figura del general , cuyo golpe de Estado de 1923 fue presentado por muchos contemporáneos como una respuesta a una situación que parecía completamente insostenible.
Puede discutirse históricamente el alcance de aquella decisión.
Lo que resulta difícil negar es que España atravesaba una profunda crisis institucional, política y militar.
Y fue precisamente durante ese periodo cuando se organizó una operación militar que cambiaría completamente el rumbo de la guerra.
El Desembarco de Alhucemas.
En septiembre de 1925 , España llevó a cabo una operación anfibia extraordinariamente compleja, dirigida por el general y con la participación decisiva de oficiales como un entonces joven Francisco Franco.
Aquella operación marcó un antes y un después.
Por primera vez se coordinaban de manera eficaz fuerzas navales, terrestres y apoyo aéreo en una operación anfibia de gran envergadura.
Muchos historiadores militares consideran que el desembarco de Alhucemas constituyó un precedente técnico de futuras operaciones anfibias modernas y una referencia estudiada años después por distintos ejércitos.
Con Alhucemas comenzó el final de la Guerra del Rif.
La iniciativa pasó definitivamente al Ejército español.
La rebelión rifeña fue derrotada y llegó una relativa estabilidad al Protectorado.
No solucionó todos los problemas de España.
Ni mucho menos.
La crisis política seguía creciendo.
Pocos años después llegaría la proclamación de la Segunda República y, posteriormente, la tragedia de la Guerra Civil.
Pero Alhucemas sí puso fin a una guerra que había desangrado durante años a toda una generación de españoles.
Annual nos deja una enseñanza que sigue plenamente vigente.
Las derrotas de las naciones rara vez son responsabilidad exclusiva de quienes combaten.
Con demasiada frecuencia nacen mucho antes, cuando las élites políticas fracasan, cuando la incompetencia sustituye al mérito, cuando las decisiones se toman pensando más en los intereses de unos pocos que en el bien común.
Los soldados españoles volvieron a cumplir con su deber.
Muchos pagaron con su vida los errores de otros.
Por eso, más de un siglo después, recordar Annual no significa recrearse en una derrota.
Significa rendir homenaje a quienes dieron todo por España.
Significa recordar a los miles de jóvenes que jamás regresaron a sus hogares.
Significa honrar a los héroes del Alcántara.
Y significa aprender que una nación solo puede aspirar a un futuro sólido cuando quienes la dirigen están a la altura del sacrificio que exigen a su pueblo.
La historia de Annual no pertenece únicamente al pasado.
Es también una advertencia para el presente.