Durante días, las terminales mediáticas del sanchismo, encabezadas por RTVE y amplificadas por buena parte de la prensa subvencionada, han intentado construir un relato defensivo alrededor de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero. Nos dicen que todo nace de una denuncia de “la ultraderecha”, de “Manos Limpias”, de un “panfleto de siete páginas” y de una supuesta conspiración política contra el expresidente socialista. Pero basta con leer el auto judicial para comprobar que ese relato se derrumba por completo.
Porque lo que hay sobre la mesa no es una ocurrencia de un sindicato, ni una querella extravagante, ni una causa construida sobre recortes de prensa. Lo que hay es un auto de 89 páginas extraordinariamente duro, demoledor en su redacción y gravísimo en sus conclusiones provisionales. Un auto que habla de organización criminal, tráfico de influencias, blanqueo de capitales, sociedades instrumentales, pagos encubiertos, facturación simulada y utilización de estructuras internacionales para mover fondos. Y, sobre todo, un auto que sitúa a José Luis Rodríguez Zapatero como eje central de una presunta red de influencias.
La propia resolución judicial desmonta el bulo difundido por los medios afines al Gobierno. La investigación no nace únicamente de una denuncia presentada en España. El procedimiento recoge expresamente la colaboración internacional y la participación de organismos extranjeros. El auto señala la intervención de la agencia estadounidense Homeland Security Investigations (HSI), que facilitó material obtenido en el marco de la investigación.
Es decir, no estamos ante una simple batalla política doméstica. Estamos ante una investigación de dimensión internacional, con colaboración policial y judicial extranjera, que pone el foco sobre operaciones financieras sospechosas, conexiones empresariales y presuntas influencias ejercidas desde el entorno de un expresidente del Gobierno español.
Y eso cambia completamente el escenario.
Porque cuando una investigación alcanza este nivel, cuando se producen registros, intervenciones telefónicas, análisis de dispositivos electrónicos y cooperación internacional, ya no estamos hablando de propaganda o de lawfare. Estamos hablando de una causa judicial de enorme magnitud.
El auto, además, es especialmente contundente en la descripción de los hechos investigados. No se limita a hablar de “indicios genéricos”. Va mucho más allá. Describe “la existencia de una estructura organizada y estable, dirigida por José Luis Rodríguez Zapatero, orientada al ejercicio ilícito de influencias ante autoridades nacionales y extranjeras”.
No son palabras de un tertuliano. No son palabras de un partido político. Son palabras recogidas literalmente en un auto judicial.
La resolución sostiene igualmente que esa presunta estructura utilizaba “un entramado societario complejo” compuesto por sociedades instrumentales, documentación simulada y mecanismos destinados a ocultar el origen y destino de fondos.
Es más: el juez detalla incluso el funcionamiento de distintas sociedades presuntamente utilizadas para canalizar pagos y operaciones. Entre ellas aparece Whathefav SL, vinculada formalmente a las hijas de Zapatero, y que según el auto actuaría como “sociedad finalista”, receptora de fondos y redistribuidora de pagos hacia el entorno del expresidente.
La gravedad política y judicial del asunto es enorme.
Durante años, Zapatero ha sido presentado por la izquierda mediática como una especie de “estadista internacional”, un hombre dedicado a la mediación, al diálogo y a las relaciones internacionales. Pero la realidad que emerge de esta investigación dibuja un panorama muy distinto: el de un personaje que habría utilizado su red de contactos políticos y empresariales para influir en operaciones económicas y facilitar intereses privados.
Y todo ello alrededor del rescate de Plus Ultra, una operación que ya desde el principio levantó sospechas en buena parte de la sociedad española.
El auto recoge conversaciones extraordinariamente comprometedoras. Conversaciones en las que directivos y personas implicadas hablan de “llegar a Zapatero”, de “hablar con Ábalos”, de acceder a las ayudas públicas y de pagar “un poquitín” si hacía falta mover influencias.
En otro momento, el documento recoge referencias directas a Zapatero como pieza clave de las gestiones. Incluso aparecen mensajes en los que se afirma que “detrás de esto está Zapatero”.







