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Zapatero, el auto judicial y el derrumbe del relato oficial

Zapatero, el auto judicial y el derrumbe del relato oficial
Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero
porJavier Garcia Isac
opinion

La opinión de Javier García Isac de hoy, jueves 21 de mayo de 2026

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Durante días, las terminales mediáticas del sanchismo, encabezadas por RTVE y amplificadas por buena parte de la prensa subvencionada, han intentado construir un relato defensivo alrededor de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero. Nos dicen que todo nace de una denuncia de “la ultraderecha”, de “Manos Limpias”, de un “panfleto de siete páginas” y de una supuesta conspiración política contra el expresidente socialista. Pero basta con leer el auto judicial para comprobar que ese relato se derrumba por completo.


Porque lo que hay sobre la mesa no es una ocurrencia de un sindicato, ni una querella extravagante, ni una causa construida sobre recortes de prensa. Lo que hay es un auto de 89 páginas extraordinariamente duro, demoledor en su redacción y gravísimo en sus conclusiones provisionales. Un auto que habla de organización criminal, tráfico de influencias, blanqueo de capitales, sociedades instrumentales, pagos encubiertos, facturación simulada y utilización de estructuras internacionales para mover fondos. Y, sobre todo, un auto que sitúa a José Luis Rodríguez Zapatero como eje central de una presunta red de influencias.


La propia resolución judicial desmonta el bulo difundido por los medios afines al Gobierno. La investigación no nace únicamente de una denuncia presentada en España. El procedimiento recoge expresamente la colaboración internacional y la participación de organismos extranjeros. El auto señala la intervención de la agencia estadounidense Homeland Security Investigations (HSI), que facilitó material obtenido en el marco de la investigación.


Es decir, no estamos ante una simple batalla política doméstica. Estamos ante una investigación de dimensión internacional, con colaboración policial y judicial extranjera, que pone el foco sobre operaciones financieras sospechosas, conexiones empresariales y presuntas influencias ejercidas desde el entorno de un expresidente del Gobierno español.

Y eso cambia completamente el escenario.

Porque cuando una investigación alcanza este nivel, cuando se producen registros, intervenciones telefónicas, análisis de dispositivos electrónicos y cooperación internacional, ya no estamos hablando de propaganda o de lawfare. Estamos hablando de una causa judicial de enorme magnitud.


El auto, además, es especialmente contundente en la descripción de los hechos investigados. No se limita a hablar de “indicios genéricos”. Va mucho más allá. Describe “la existencia de una estructura organizada y estable, dirigida por José Luis Rodríguez Zapatero, orientada al ejercicio ilícito de influencias ante autoridades nacionales y extranjeras”.


No son palabras de un tertuliano. No son palabras de un partido político. Son palabras recogidas literalmente en un auto judicial.

La resolución sostiene igualmente que esa presunta estructura utilizaba “un entramado societario complejo” compuesto por sociedades instrumentales, documentación simulada y mecanismos destinados a ocultar el origen y destino de fondos.


Es más: el juez detalla incluso el funcionamiento de distintas sociedades presuntamente utilizadas para canalizar pagos y operaciones. Entre ellas aparece Whathefav SL, vinculada formalmente a las hijas de Zapatero, y que según el auto actuaría como “sociedad finalista”, receptora de fondos y redistribuidora de pagos hacia el entorno del expresidente.


La gravedad política y judicial del asunto es enorme.

Durante años, Zapatero ha sido presentado por la izquierda mediática como una especie de “estadista internacional”, un hombre dedicado a la mediación, al diálogo y a las relaciones internacionales. Pero la realidad que emerge de esta investigación dibuja un panorama muy distinto: el de un personaje que habría utilizado su red de contactos políticos y empresariales para influir en operaciones económicas y facilitar intereses privados.


Y todo ello alrededor del rescate de Plus Ultra, una operación que ya desde el principio levantó sospechas en buena parte de la sociedad española.

El auto recoge conversaciones extraordinariamente comprometedoras. Conversaciones en las que directivos y personas implicadas hablan de “llegar a Zapatero”, de “hablar con Ábalos”, de acceder a las ayudas públicas y de pagar “un poquitín” si hacía falta mover influencias.


En otro momento, el documento recoge referencias directas a Zapatero como pieza clave de las gestiones. Incluso aparecen mensajes en los que se afirma que “detrás de esto está Zapatero”.


La resolución también menciona reuniones con altos cargos del Gobierno, contactos con el entorno de Ábalos y Koldo, y presuntas actuaciones dirigidas a influir en el procedimiento del Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas gestionado por la SEPI.


Todo esto explica el nerviosismo del aparato mediático del PSOE.

Porque si cae Zapatero, no cae únicamente un expresidente. Se tambalea el arquitecto político del sanchismo. Zapatero no es un personaje secundario. Es el padrino político e ideológico de Pedro Sánchez. Fue quien lo sostuvo cuando el aparato del PSOE lo expulsó. Fue quien le abrió las puertas internacionales del Grupo de Puebla y del entramado iberoamericano de la izquierda populista. Fue quien lo protegió y legitimó. Y sigue siendo hoy una figura fundamental en la sombra del sanchismo.

Por eso el PSOE intenta separar a Sánchez de Zapatero. Pero es imposible.

Zapatero es una de las piezas esenciales del régimen político construido por Sánchez. Un régimen basado en la propaganda, el control institucional, las alianzas con separatistas y la utilización del poder para garantizar la supervivencia política.

Y ahora empiezan a aparecer demasiadas conexiones.

Porque la causa no se limita únicamente a Plus Ultra. El auto habla de operaciones internacionales, de Venezuela, de estructuras societarias, de canalización de fondos, de pagos simulados y de movimientos económicos difíciles de justificar.


Queda por saber hasta dónde llega realmente la investigación.

Queda por saber si estamos únicamente ante un caso de tráfico de influencias o si el procedimiento terminará afectando a otras estructuras políticas, empresariales o financieras vinculadas al socialismo español.

Y queda por saber también si parte de esos mecanismos pudieron servir para financiar redes políticas o estructuras de poder vinculadas al entorno socialista. Eso, a día de hoy, forma parte todavía del terreno de la investigación judicial y deberá ser acreditado, o descartado, por los tribunales. Pero lo que ya no puede sostenerse es el relato infantil de que todo esto nace de un simple “panfleto ultra”.

No.

Aquí hay registros autorizados judicialmente.

Aquí hay cooperación internacional.

Aquí hay informes policiales de la UDEF.

Aquí hay análisis de dispositivos electrónicos.

Aquí hay conversaciones intervenidas.

Y aquí hay un auto judicial extraordinariamente duro contra un expresidente del Gobierno.

El primero de nuestra democracia que se sienta en el banquillo como investigado por presuntos delitos de esta magnitud.

Y mientras tanto, RTVE y las terminales mediáticas del régimen siguen intentando vender el viejo cuento del “lawfare”, exactamente igual que hicieron con los ERE, con Filesa, con GAL o con tantos otros escándalos del socialismo español.

Pero esta vez el problema para el PSOE es que el relato empieza a resquebrajarse.


Porque cuando las investigaciones llegan tan lejos, cuando aparecen conexiones internacionales, cuando interviene la UDEF y cuando los autos judiciales describen estructuras organizadas y circuitos financieros opacos, ya no basta con gritar “ultraderecha” para taparlo todo.

El problema del PSOE es que cada vez cuesta más ocultar la realidad.

Y la realidad es que, una vez más, con el socialismo aparecen las mismas palabras de siempre: poder, influencias, comisiones, redes clientelares y corrupción.


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