Vivimos tiempos oscuros, donde la persecución política y mediática se ha convertido en una herramienta más del régimen bipartidista que controla España desde hace décadas. No es casualidad que VOX y su líder Santiago Abascal sean objeto constante de ataques, calumnias e intentos de desacreditarles públicamente, en una campaña orquestada desde los despachos más profundos de los partidos tradicionales. Esta ofensiva, sostenida y manipulada, no busca otra cosa que anular al único partido que hoy ofrece una alternativa real, patriótica y valiente frente al establishment corrupto representado por el PSOE y el PP.
Las recientes acusaciones sobre supuestas irregularidades financieras de VOX no son más que burdas mentiras creadas por aquellos que tiemblan ante la posibilidad de que una fuerza verdaderamente patriótica rompa el reparto de poder y acabe con sus privilegios. ¿Cómo no iban a estar preocupados estos partidos, acostumbrados a gobernar y a repartirse España como si fuera su finca particular, ante la irrupción de una formación política que les exige transparencia, patriotismo y servicio a la nación por encima de todo?
El asedio contra Santiago Abascal es especialmente feroz, un hombre íntegro, que ha demostrado con hechos su compromiso absoluto con España. Desde los oscuros rincones de los medios subvencionados, día tras día, se tejen relatos para intentar deslegitimarle. Se le ataca no solo políticamente, sino también en lo personal, mostrando una clara desesperación por desacreditar su figura, consciente de que representa un verdadero peligro para los intereses enquistados del régimen bipartidista.
La persecución económica hacia VOX es también una realidad innegable. Bancos, grandes empresas, incluso ciertos poderes del Estado han hecho lo imposible para obstaculizar y bloquear cualquier tipo de financiación legítima, buscando asfixiar económicamente a una formación política cuya única falta es la defensa sin complejos de España y de los españoles. Es hipócrita y grotesco ver cómo partidos envueltos en decenas de escándalos de corrupción reales se atreven a señalar con falsedades al único partido que jamás ha recibido un euro de financiación irregular.







