Durante años, Venezuela ha sido el laboratorio del desastre: un país riquísimo convertido en ruina por una cleptocracia que mezcló socialismo, represión y narco-Estado. Hoy, cuando se plantea el escenario del fin del régimen de Nicolás Maduro, conviene hablar claro y sin complejos. No para blanquear relatos interesados, sino para poner luz sobre lo que de verdad está en juego: la justicia para el pueblo venezolano y el temor de una izquierda española que sabe que, cuando cae un tirano, afloran las cuentas.
1) Soberanía, sí; impunidad, no
Los mismos que se rasgan las vestiduras con la “injerencia” olvidan un hecho elemental: la soberanía no puede ser coartada para el crimen. Cuando un régimen amaña elecciones, encarcela y persigue a la oposición, pisotea derechos básicos y consiente —o dirige— rutas de narcotráfico, deja de ser un asunto doméstico.
La droga que sale de Venezuela no se queda en Venezuela. Ha alimentado redes criminales internacionales y ha dejado cadáveres en países de destino. Esa es la primera injerencia: la del narco-Estado que exporta muerte. Pretender que los Estados afectados miren hacia otro lado es pedirles renuncia a su deber de proteger a sus ciudadanos.
2) Elecciones falsas y represión real
El chavismo no perdió legitimidad de un día para otro: la trituró. Sin garantías electorales, con inhabilitaciones, exilios forzosos, censura y terror judicial, el régimen se sostuvo por la fuerza y el miedo. En ese contexto, cualquier presión internacional que busque restituir libertades es defendible. No se trata de imponer gobiernos, sino de abrir la puerta a que los venezolanos decidan sin pistolas ni trampas.
3) ¿Por qué tiembla la izquierda española?
Porque Venezuela no fue solo un “modelo” ideológico; fue una caja. Y ahora, con el régimen en retirada, la caja puede abrirse.
En España, nombres y siglas llevan años orbitando el chavismo: José Luis Rodríguez Zapatero, Pablo Iglesias, el PSOE y su satélite político. Las sospechas sobre financiación, intermediaciones y favores no nacen del aire; nacen de relaciones privilegiadas, defensas públicas del régimen y silencios clamorosos ante la represión.
4) El caso Delcy y las preguntas incómodas
La visita de Delcy Rodríguez a España sigue siendo un agujero negro que el PSOE no ha explicado. ¿Quién autorizó? ¿Para qué? ¿Con quién se habló? Cuando caen los regímenes, los vuelos y las maletas dejan de ser anécdotas y pasan a ser pistas. Y eso es exactamente lo que atemoriza al sanchismo.









