Esta semana, última de noviembre, se cumplirá un mes de los fatídicos hechos del 29 de octubre de Valencia, en los que un torrente de agua, maleza y malicia se llevó por delante a más de 200 compatriotas y muchas vidas en negocios, enseres y recuerdos. Cuando la elegante luz madrileña de noviembre pase la antorcha a la más tímida de diciembre, que pide ayuda, incluso, a las bombillas de Navidad para iluminar las calles, también recordaremos la reacción del patriotismo efectivo que acudió en rescate de sus compatriotas valencianos. Patriotas que bebían en el manantial de afectos de lo más resonante de nuestra historia, se unían para detener y paliar los efectos de la riada de incompetencia del institucionalismo de expresión afectada de nuestros políticos. Honor a los patriotas.
La misma mañana del 30 de octubre, volvía de Valladolid a Madrid con los testimonios de los afectados en las llamadas a la radio. Soy Tinet, estoy rodeado de agua y me he subido a mi camión en la carretera de Algemesí, no localizo a mi hermana. Juanma, estaba oyendo esto para ver qué decíais de Vinicius y como estáis con esto a ver si podéis hacer algo. Así uno detrás de otro. Esa mañana del 30, todas las radios daban testimonios similares de sus oyentes y en eso me llama para ver si Norberto Pico podía dejar el centro cultural de Ardemans como sitio de descarga de alimentos y comida que ya andaban recogiendo. Hicieron falta unos 2 minutos para que el responsable de aquélla bendita casa cancelara todo y pusiera el centro cultural, donde tantas veces los afectos patrios encuentran asiento, a la disposición del patriotismo efectivo. La solidaridad con los españoles había unido en el tiempo que se tarda en ir de Sanchidrián a Labajos a patriotas con afectos comunes pero tan distintos a veces. Ese mismo día ya se sucedían las caravanas de coches de Ardemans a San Blas, de San Blas a Arganda y durante el fin de semana a la nave valenciana de Silla. España se movilizaba. Centenares de voluntarios, la mayoría muy jóvenes, acudían al puesto que tienen allí, en las cadenas de cajas de las naves a las furgonetas, sin esperar la instrucción del institucionalismo paralizado. España acudía a cerrar la herida. Era emocionante. 2024 ya tiene su Noviembre Nacional, esta vez solidario. Honor
Los que vivimos el noviembre nacional del 23, vivimos un gran momento de unidad nacional. Y todos lo recordamos con un orgullo enorme. Pero también hubo momentos para las miradas de perfil, la evaluación de los afectos del que tienes al lado. La discusión cansina sobre las banderas. Las querellas sobre las canciones. El surgimiento silvestre de megáfonos como setas que elevaran los afectos particulares por encima de otros, la patrimonialización de las figuras de referencia y los héroes. El noviembre del 24 aparecía la unión sin rastro de aquello. El noviembre del 23 había devuelto a las calles a los jóvenes de afectos nacionales tradicionales. Banderas de España con el Sagrado Corazón y algunas con el hueco del escudo oficial. La juventud española que salía a la calle en noviembre del 23 había desafiado el marco. No sienten la protección del escudo institucional. Ya no se creía las mentiras que le habían contado por los medios tradicionales, que ya no ven. Les suena a música rancia del destape las jaculatorias clásicas: la Constitución que nos hemos dado, la vigencia del estado de derecho. El sistema de libertades que compartimos, el respeto a la diversidad de la nación, la figura y símbolo de unidad y permanencia de la patria…. Lo que ven los jóvenes es que el PSOE, que gobierna con los herederos de ETA, indulta a los responsables de la mayor amenaza a la unidad de la Patria perdonando sus delitos mientras a sus padres no les pasan una multa de la ORA, sienten inseguridad en las calles, ya vislumbran un futuro de inestabilidad laboral que les va a hacer prácticamente imposible comprar una vivienda. Viven peor que sus padres y sus abuelos, y encima sólo se puede hablar mal de quien gobernaba cuando sus abuelos tienen la misma edad que ellos ahora. Pero, si estos que no me dejan en paz y que no me dejan vivir odian tanto al tal Franco y al José Antonio aquel, profanan sus tumbas, les echan la culpa de todo… ¿qué tendrán? Y bichean en Google y como saben donde buscar, encuentran. La verdad aparece. Y ya no se creen a socialistas y populares. Que les den. Primaveras. La juventud está en nuestras filas.
Y siguen bicheando un año después. Y se encuentran que, si no fuera por la obra del Turia de Franco, los muertos serían muchos más. Y no les hace falta bichear sino asomarse a la calle, para apreciar el bloqueo de las instituciones, la parálisis autonómica, la retención del Ejército como si tuviera a nadie que pedir permiso por entrar a salvar compatriotas. Ni el bicho de Sánchez ni el incompetente de Mazón. Y esto decían los mayores en Valencia, que esto con Franco no pasa, pero vamos que ni parecido lo del 57 con lo de ahora … pero como de eso no se puede hablar… Y aparece un camión con voluntarios que van a limpiar las calles con una foto de Franco en el guardabarros. Y la gente lo saluda en la calle y en tuiter como si estuviera entrando el Caudillo por Catarroja. El patriotismo efectivo, el que pone la acción en lo importante ha ido esta vez en busca de los afectos recorriendo el camino contrario, buscando cuáles eran los afectos de aquellos que sí reaccionaron en el 57. Y encontraron al abuelo maldito, apurando la frase del estupendo libro de Esparza, En busca de la derecha (perdida). Maldito pero abuelo en fin y a quien se acude para guía, consejo y ayuda.







