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Mujer joven con chaqueta de cuero negra blusa verde y jeans sentada con los brazos cruzados frente a un fondo claro
OPINIÓN

Sarah Santaolalla: la izquierda del espectáculo y la mentira

Por Javier García Isac

El victimismo como estrategia política

La política española lleva años degradándose hasta convertirse en un espectáculo permanente. Ya no se debate, ya no se argumenta, ya no se confrontan ideas. Lo que vemos cada vez con más frecuencia es una representación teatral donde la izquierda intenta imponer su relato a base de victimismo, ruido y manipulación.

El último episodio lo hemos visto en el Senado con Sara Santaolalla.

Allí protagonizó una escena que pretendía presentar como una agresión personal, una escenificación que buscaba convertirla en víctima ante la opinión pública. Pero la realidad, una vez más, es bien distinta: quien aparece como víctima en su relato es en realidad quien ha sido señalado, increpado y atacado.

Es decir, la inversión total de la realidad.

No es un error. Es un método.

Porque en la izquierda contemporánea la verdad ha dejado de importar. Lo importante es el relato. Y si para construir ese relato hay que convertir al agresor en víctima y a la víctima en culpable, se hace sin el menor escrúpulo.

La política convertida en plató

Sarah Santaolalla no es una figura desconocida para quienes siguen el ecosistema mediático de la izquierda española. Durante los últimos años ha sido una presencia recurrente en tertulias televisivas, especialmente en espacios afines al discurso progresista.

Su presencia en televisión responde a un perfil muy concreto que los medios públicos y determinados programas buscan constantemente: activistas ideológicos que no están ahí para debatir, sino para repetir consignas.

En este caso, además, su presencia mediática ha estado reforzada por su entorno personal y profesional. Su relación con el periodista Javier Ruiz, figura habitual de la televisión pública y de programas de corte progresista, no ha pasado desapercibida.

En ese ecosistema mediático donde todos se protegen entre sí, donde el pluralismo real brilla por su ausencia, determinadas voces encuentran siempre un micrófono dispuesto a amplificar su discurso.

No importa el rigor.

No importa la verdad.

Importa la utilidad política.

El modelo de activismo que promociona la izquierda

Sarah Santaolalla representa un modelo muy concreto de activismo que la izquierda ha convertido en referente.

Un activismo basado en tres pilares:

La exageración constante

La victimización permanente

La manipulación del relato

No se trata de debatir con argumentos. Se trata de escenificar conflictos, de amplificar supuestas agresiones, de generar titulares y de reforzar la idea de que la izquierda está siempre bajo ataque.

Es una estrategia perfectamente calculada.

Porque en ese marco cualquier crítica se convierte automáticamente en agresión.

Cualquier discrepancia pasa a ser odio.

Y cualquier respuesta se transforma en persecución.

Así se construye una narrativa donde la izquierda nunca es responsable de nada y siempre aparece como víctima de una conspiración permanente.

El Senado convertido en escenario

Lo ocurrido en el Senado es un ejemplo perfecto de esa estrategia.

En lugar de un espacio de debate institucional, vimos una escenificación cuidadosamente construida. Una puesta en escena donde el objetivo no era aclarar hechos ni discutir argumentos, sino fabricar una imagen: la de una activista supuestamente agredida.

Lo más grave no es solo la escenificación.

Lo verdaderamente preocupante es la reacción de la izquierda parlamentaria, que inmediatamente cerró filas para respaldar el relato sin esperar a contrastar nada.

Una vez más, la consigna era clara: proteger el relato.

Porque en este ecosistema político la verdad es irrelevante. Como dirían algunos de sus referentes ideológicos, la verdad es solo una construcción.

Y si hay que mentir para sostener una causa política, se miente.

Los referentes morales de la izquierda

Este episodio también sirve para retratar los referentes que hoy promociona la izquierda española.

Personas que pasan de plató en plató repitiendo consignas ideológicas, presentándose como víctimas permanentes y utilizando cualquier situación para reforzar un discurso político previamente diseñado.

No se trata de rigor intelectual.

No se trata de honestidad.

Se trata de militancia.

Y en esa militancia todo vale.

Incluso escenificar agresiones que no han existido.

Incluso convertir a la víctima en culpable.

Incluso utilizar las instituciones del Estado como escenario de propaganda.

El problema no es Santaolalla

Sería un error reducir todo esto a una persona concreta.

Sara Santaolalla no es el problema.

Es simplemente un síntoma.

El verdadero problema es un sistema mediático y político que premia este comportamiento, que promociona este tipo de perfiles y que convierte el victimismo en una herramienta de poder.

Mientras ese sistema siga funcionando, seguirán apareciendo nuevos personajes dispuestos a repetir el mismo guion.

El guion de la exageración.

El guion de la mentira.

El guion del espectáculo político.

Y lo harán porque saben que siempre habrá una parte de los medios y de la clase política dispuesta a protegerlos.

Porque en ese mundo la verdad no importa.

Solo importa el relato.

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