El victimismo como estrategia política
La política española lleva años degradándose hasta convertirse en un espectáculo permanente. Ya no se debate, ya no se argumenta, ya no se confrontan ideas. Lo que vemos cada vez con más frecuencia es una representación teatral donde la izquierda intenta imponer su relato a base de victimismo, ruido y manipulación.
El último episodio lo hemos visto en el Senado con Sara Santaolalla.
Allí protagonizó una escena que pretendía presentar como una agresión personal, una escenificación que buscaba convertirla en víctima ante la opinión pública. Pero la realidad, una vez más, es bien distinta: quien aparece como víctima en su relato es en realidad quien ha sido señalado, increpado y atacado.
Es decir, la inversión total de la realidad.
No es un error. Es un método.
Porque en la izquierda contemporánea la verdad ha dejado de importar. Lo importante es el relato. Y si para construir ese relato hay que convertir al agresor en víctima y a la víctima en culpable, se hace sin el menor escrúpulo.
La política convertida en plató
Sarah Santaolalla no es una figura desconocida para quienes siguen el ecosistema mediático de la izquierda española. Durante los últimos años ha sido una presencia recurrente en tertulias televisivas, especialmente en espacios afines al discurso progresista.
Su presencia en televisión responde a un perfil muy concreto que los medios públicos y determinados programas buscan constantemente: activistas ideológicos que no están ahí para debatir, sino para repetir consignas.
En este caso, además, su presencia mediática ha estado reforzada por su entorno personal y profesional. Su relación con el periodista Javier Ruiz, figura habitual de la televisión pública y de programas de corte progresista, no ha pasado desapercibida.
En ese ecosistema mediático donde todos se protegen entre sí, donde el pluralismo real brilla por su ausencia, determinadas voces encuentran siempre un micrófono dispuesto a amplificar su discurso.
No importa el rigor.
No importa la verdad.
Importa la utilidad política.
El modelo de activismo que promociona la izquierda
Sarah Santaolalla representa un modelo muy concreto de activismo que la izquierda ha convertido en referente.
Un activismo basado en tres pilares:
La exageración constante
La victimización permanente
La manipulación del relato
No se trata de debatir con argumentos. Se trata de escenificar conflictos, de amplificar supuestas agresiones, de generar titulares y de reforzar la idea de que la izquierda está siempre bajo ataque.
Es una estrategia perfectamente calculada.
Porque en ese marco cualquier crítica se convierte automáticamente en agresión.
Cualquier discrepancia pasa a ser odio.
Y cualquier respuesta se transforma en persecución.
Así se construye una narrativa donde la izquierda nunca es responsable de nada y siempre aparece como víctima de una conspiración permanente.
El Senado convertido en escenario
Lo ocurrido en el Senado es un ejemplo perfecto de esa estrategia.







