EDATV News logo
X
UHN PlusVisegrad 24La Derecha DiarioInforma Radio
  • XInstagramYouTubeTikTok
  • Categorías
  • POLÍTICA
  • ACTUALIDAD
  • OPINIÓN
  • SOCIEDAD
  • SUCESOS
  • CORAZÓN
  • Nosotros
  • ANDALUCÍA
  • ARAGÓN
  • CANARIAS
  • COMUNIDAD VALENCIANA
  • INTERNACIONAL
  • MADRID
  • Nosotros
  • QUIENES SOMOS
  • AUTORES
  • PUBLICIDAD
  • DONAR

La izquierda que gritaba “hermana, yo sí te creo” y miraba hacia otro lado en su propia casa

La izquierda que gritaba “hermana, yo sí te creo” y miraba hacia otro lado en su propia casa
Feminismo de pancarta, silencio de partido
porJavier Garcia Isac
opinion

La izquierda española ha construido su hegemonía sobre la culpabilización colectiva


Durante años, la izquierda española —con el Partido Socialista Obrero Español a la cabeza y sus satélites de Podemos y Sumar— ha pretendido monopolizar la bandera del feminismo. Han convertido el 8 de marzo en su desfile particular, en su liturgia ideológica, en su jornada de propaganda donde se reparte carnet de mujer buena y mujer mala según el voto.

Pero tras la pancarta morada, tras el “hermana, yo sí te creo”, lo que aflora es otra cosa: un rosario inagotable de escándalos sexuales, abusos, acosos y episodios turbios que siempre, curiosamente, ocurren en sus propias filas.

Y lo más grave no es que existan sinvergüenzas —eso, por desgracia, puede darse en cualquier lugar—. Lo escandaloso es el silencio, el encubrimiento, la doble vara de medir. La protección corporativa. La maquinaria de blanqueo.

Feminismo de pancarta, silencio de partido

La izquierda construyó un relato: el problema es estructural, dijeron; la sociedad española es machista por definición; el varón español es sospechoso por naturaleza. Y así justificaron leyes ideológicas, campañas millonarias, ministerios enteros dedicados a la propaganda.

Ahí están las políticas impulsadas desde el Ministerio de Igualdad bajo la dirección de Irene Montero, convertidas en laboratorio ideológico. Leyes mal diseñadas que acabaron reduciendo penas a agresores sexuales. Discursos que banalizaron debates extremadamente sensibles.

Ahí están también las declaraciones de Ione Belarra defendiendo una educación sexual obligatoria desde edades cada vez más tempranas, mientras en su propio entorno político se acumulaban denuncias internas por comportamientos impropios.

¿Y qué decir de algunos episodios vinculados al entorno de Fernando Grande-Marlaska y las sombras que han rodeado a determinados nombramientos y estructuras bajo su mando? Siempre la misma actitud: cerrar filas, minimizar, desviar la atención.

Cuando el acusado es ajeno a su bloque ideológico, se exige dimisión inmediata, linchamiento social y condena preventiva.

Cuando el escándalo brota dentro de la izquierda, se activa el manual del silencio.

El feminismo convertido en coartada

La izquierda no practica feminismo: lo instrumentaliza.

Lo utiliza como ariete político, como herramienta electoral, como fuente de subvenciones y como arma para dividir a la sociedad en bloques morales. Pero cuando llega la hora de aplicarse sus propios estándares, el discurso se evapora.

Los mismos partidos que pontifican sobre “violencia estructural del heteropatriarcado” han tenido en sus filas acusados, investigados y señalados por abusos y comportamientos inaceptables. Y lejos de abrir procesos ejemplares, han preferido el control del relato.

No es una cuestión anecdótica. Es un patrón.

Cada nuevo caso no genera autocrítica, sino victimismo.

No provoca reflexión, sino ataque al mensajero.

El 8 de marzo: de reivindicación a pantomima

Lo que nació como jornada legítima de reivindicación se ha transformado en un espectáculo partidista. El 8 de marzo ya no es un día de todas las mujeres. Es el día de las mujeres de carnet.

Se excluye a las discrepantes.

Se insulta a las que no comparten consignas.

Se margina a quienes cuestionan el dogma.

¿Y quién encabeza esas marchas? Organizaciones y partidos salpicados por escándalos internos. Entornos donde se ha demostrado que las víctimas no siempre fueron “creídas” si el señalado vestía la camiseta ideológica correcta.

Es una farsa.

No puede erigirse en autoridad moral quien no limpia primero su propia casa.

El verdadero problema estructural

La izquierda insiste: el problema es estructural en la sociedad española.

No.

El problema estructural es interno. Es de cultura política. De arrogancia moral. De impunidad partidista.

Cuando se construye una organización donde el relato ideológico está por encima de la verdad, se genera un ecosistema perfecto para tapar comportamientos inadmisibles. Cuando la identidad política se convierte en salvoconducto moral, algunos creen que tienen bula.

Y eso sí es peligroso.

No es la sociedad española la que falla masivamente. Es una izquierda que ha confundido superioridad moral con licencia para dar lecciones sin soportarlas.

Alejen sus manos de nuestros hijos

Si algo resulta especialmente inquietante es la obsesión doctrinal con la infancia.

Propuestas de reeducación temprana. Programas ideológicos en aulas. Discursos que relativizan límites y fronteras éticas mientras en sus estructuras se acumulan casos turbios.

Antes de pretender moldear la conciencia de los niños, deberían garantizar limpieza absoluta en sus propias filas. Antes de hablar de “deconstrucción”, deberían practicar la responsabilidad.

La defensa de la mujer no se proclama en pancartas.

Se ejerce con coherencia.

Con firmeza.

Sin doble rasero.

La gran estafa moral

La izquierda española ha construido su hegemonía sobre la culpabilización colectiva. Pero cada vez que un escándalo estalla en su ámbito, queda en evidencia la hipocresía.

No representan a todas las mujeres.

No encarnan la moral pública.

No poseen el monopolio de la decencia.

Y cuanto más ruido hacen en la calle cada 8 de marzo, más evidente resulta la contradicción entre su discurso y su realidad interna.

El feminismo no puede ser coartada para la impunidad.

La bandera morada no puede tapar comportamientos reprobables.

Y la superioridad moral no puede sostenerse sobre cimientos de silencio cómplice.

Porque al final, la verdad siempre termina saliendo. Y cuando lo hace, no distingue entre pancartas ni consignas.

Lo verdaderamente estructural no es la sociedad española.

Lo verdaderamente estructural es la incoherencia de quienes llevan años dando lecciones mientras acumulaban sombras en su propia casa.


Noticias relacionadas

CERVANTES EN EDATV: EL QUIJOTE EN LA BATALLA CULTURAL
CAPÍTULO VI APÓCRIFO (sobre el escrutinio de la biblioteca)

CERVANTES EN EDATV: EL QUIJOTE EN LA BATALLA CULTURAL CAPÍTULO VI APÓCRIFO (sobre el escrutinio de la biblioteca)

La Iglesia que niega funerales y pacta con el poder

La Iglesia que niega funerales y pacta con el poder

Sarah Santaolalla: la izquierda del espectáculo y la mentira

Sarah Santaolalla: la izquierda del espectáculo y la mentira

El papá y el argüello

El papá y el argüello

Fernando Vizcaíno Casas (1926–2003)
Centenario de un escritor libre y deliberadamente olvidado

Fernando Vizcaíno Casas (1926–2003) Centenario de un escritor libre y deliberadamente olvidado

El fútbol moderno: del barro y el puro al quirófano del VAR

El fútbol moderno: del barro y el puro al quirófano del VAR

Informa Radio
Volumen

Nosotros

  • Quienes Somos
  • Autores

Privacidad

  • Protección de datos
  • Canales
  • Sitemap

Contacto

  • administracion@edatv.com
PUBLICIDAD
EDATV News logo
TwitterInstagramYouTubeTikTok