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¿Todos con Ceuta? Parece que no

¿Todos con Ceuta? Parece que no
por Javier Garcia Isac
16 de septiembre de 2026 a las 07:51
opinion

La opinión de Javier García Isac

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Hay gestos que duran apenas unos segundos y, sin embargo, dicen mucho más que noventa minutos de fútbol.

Ayer, antes del Elche-Real Madrid, los jugadores de ambos equipos saltaron al césped del Martínez Valero con una camiseta blanca. No anunciaba una casa de apuestas. No promocionaba una multinacional. No defendía una ideología ni pedía el voto para nadie. Decía algo mucho más sencillo: «Todos somos caballas».

Era un gesto de solidaridad con Ceuta y con los ceutíes.

Todos somos Ceuta.

¿Todos?

Parece que no.

Vinícius Júnior, Kylian Mbappé e Ibrahima Konaté aparecieron con aquella camiseta enrollada hasta prácticamente el pecho, de manera que el mensaje no podía leerse completo. Vinícius y Mbappé, además, se desprendieron de ella antes del saludo protocolario, mientras sus compañeros continuaban llevándola. Son los hechos que muestran las imágenes y que han recogido distintos medios.

Desconozco qué pensaban los tres futbolistas. Desconozco si hubo una decisión consciente de ocultar el lema o si existe una explicación diferente que todavía no conocemos. Sería bueno que la diesen.

Pero las imágenes existen.

Y las imágenes resultan especialmente desafortunadas.

Sobre todo en el caso de dos futbolistas como Vinícius y Mbappé, estrellas mundiales que conocen perfectamente la capacidad de influencia que tienen sus gestos. Dos jugadores que han participado en campañas sociales y que saben, mejor que casi nadie, la importancia que puede tener un símbolo, una camiseta, una fotografía o un mensaje.

Vinícius, particularmente, ha denunciado en numerosas ocasiones el racismo que ha padecido en los estadios. Y ha hecho bien en denunciarlo. Aunque en demasiadas ocasiones, victimizandose en exceso y de forma exagerada. Cuando una persona es insultada por el color de su piel merece solidaridad, protección y respeto. Aunque muchos sabemos que a él no se le insultaba por ser negro, sino por jugar en el Madrid. Dicho lo cuál, el racismo es repugnante, con independientemente de quién lo sufra.

Precisamente por esa queja permanente cuesta comprender esta imagen.

Porque la solidaridad no puede funcionar únicamente cuando el afectado soy yo.

La solidaridad, si significa algo, consiste precisamente en ponerse durante unos segundos en el lugar del otro.

Y ayer el otro era Ceuta.

Los otros eran los ceutíes.

Personas que llevan semanas viviendo una situación extraordinariamente difícil después de la entrada masiva de inmigrantes desde Marruecos de finales de julio. La iniciativa de esta jornada de Liga pretendía precisamente transmitirles que no estaban solos. Por eso los jugadores de Primera salieron con el mensaje «Todos somos caballas».

No se pedía demasiado.

Ni siquiera se pedía hablar.

No había que conceder una entrevista, pronunciar un discurso o acudir a una manifestación.

Había que ponerse una camiseta durante unos minutos.

Y enseñarla.

Nada más.

Por eso resulta tan chocante contemplar cómo tres futbolistas del Real Madrid, el club de la capital de España, aparecen precisamente con el lema oculto.

Y aquí hay algo que para mí resulta fundamental: Ceuta no es una cuestión extranjera.

Ceuta es España.

Los ceutíes son españoles.

No estamos hablando de solidarizarnos con una tragedia ocurrida a diez mil kilómetros, algo que por supuesto también puede y debe hacerse. Estamos hablando de ciudadanos de nuestro propio país.

Resulta curioso observar la facilidad con la que nuestro mundo contemporáneo fabrica solidaridades universales y, al mismo tiempo, las dificultades que encuentra para ejercer la solidaridad más cercana.

Nos pronunciamos sobre cualquier conflicto del planeta. Nos ponemos camisetas, brazaletes y símbolos por causas situadas a miles de kilómetros. Guardamos minutos de silencio. Iluminamos edificios. Los futbolistas se arrodillan, levantan el puño, participan en campañas institucionales y graban vídeos contra el racismo, la discriminación o cualquier otra injusticia.

Perfecto.

Pero entonces seamos coherentes.

Porque también existen víctimas cuando las víctimas son españolas.

También existe sufrimiento cuando quienes sufren viven en Ceuta.

Y también existe solidaridad cuando la camiseta lleva un escudo de España.

Lo sucedido ayer adquiere además otra dimensión al conocer el caso de Abde, futbolista marroquí del Betis. Abde sí lució la camiseta de apoyo a Ceuta durante el partido contra el Villarreal y posteriormente recibió insultos y amenazas en redes sociales, por parte de la izquierda y de los que odian a su propio país. El propio jugador explicó después que su gesto pretendía apoyar a las personas afectadas en Ceuta sin renegar de sus raíces marroquíes.

Ese ejemplo hace todavía más difícil comprender la imagen del Martínez Valero.

Porque si un futbolista marroquí puede ponerse una camiseta que dice «Todos somos caballas», ¿qué problema puede existir para que la luzcan con normalidad jugadores del Real Madrid?

Y quiero detenerme precisamente en el Real Madrid.

Porque no estamos hablando de un club cualquiera.

Estamos hablando probablemente de la institución deportiva española más conocida del mundo. Un club nacido en Madrid, identificado internacionalmente con España y que cuenta entre sus aficionados con millones de españoles, incluidos muchos ceutíes.

El propio club había anunciado antes del encuentro que secundaría la iniciativa y posteriormente explicó que los jugadores de ambos equipos habían saltado al césped con esas camisetas como muestra de solidaridad con Ceuta. Además, Pirri, presidente de honor del Real Madrid, nació precisamente en Ceuta.

Hay ocasiones en las que una institución debe recordar que representar al Real Madrid significa algo más que jugar bien al fútbol.

Los futbolistas son libres para pensar lo que quieran.

Naturalmente.

No pretendo convertir un vestuario en un cuartel ideológico.

Pero cuando el club participa institucionalmente en un sencillo gesto de solidaridad con ciudadanos españoles que están atravesando una situación excepcional, lo mínimo que cabe esperar es claridad.

Si Vinícius, Mbappé y Konaté no quisieron mostrar el mensaje, deberían explicar por qué.

Y si simplemente ocurrió por casualidad, también pueden explicarlo y terminar con la polémica.

Lo que resulta difícil es pedir que millones de personas interpreten como completamente normal una imagen que objetivamente fue distinta de la protagonizada por la mayoría de sus compañeros.

Porque además estamos cansados de la solidaridad selectiva.

Cansados de descubrir que existen causas que parecen obligatorias y otras que incomodan.

Cansados de que España pueda solidarizarse con medio planeta pero mencionar la solidaridad con los propios españoles parezca requerir siempre alguna explicación adicional.

A Ceuta no hay que pedirle perdón por ser española.

A Ceuta hay que defenderla.

Hay que acompañarla.

Hay que recordarla.

Y hay que decirle que no está sola.

Eso era precisamente lo bonito de aquella camiseta.

Todos somos caballas.

Tres palabras.

No había odio contra nadie.

No había racismo.

No había desprecio hacia Marruecos ni hacia los marroquíes.

Había solidaridad con unos españoles.

Nada más.

Y nada menos.

Por eso la imagen de ayer me decepciona especialmente.

No porque espere de Vinícius o Mbappé una determinada ideología. Me importa bastante poco lo que voten, lo que piensen políticamente o qué opinión tengan sobre las relaciones entre España y Marruecos.

Les pido únicamente coherencia.

Especialmente a quienes reclaman —con razón— solidaridad cuando dicen que sufren discriminación.

Quien exige respeto debe comprender el valor de respetar el dolor ajeno.

Quien reclama solidaridad debe saber ofrecerla.

Quien pide que los demás no miren hacia otro lado cuando él sufre debería entender por qué muchos españoles no quieren que se mire hacia otro lado cuando quien sufre es Ceuta.

Quizá Vinícius, Mbappé y Konaté tengan una explicación.

Estaremos encantados de escucharla.

Hasta entonces queda una fotografía profundamente desafortunada: prácticamente todo un equipo mostrando una camiseta y tres jugadores llevándola enrollada de manera que el mensaje apenas podía leerse. Dos de ellos quitándosela antes que sus compañeros.

Y queda una pregunta.

Una pregunta mucho más importante que cualquier resultado de fútbol.

Ayer nos dijeron que todos somos caballas.

Yo quiero creerlo.

Porque cuando Ceuta sufre, sufre una parte de España. Cuando un ceutí siente miedo, incertidumbre o abandono, no estamos hablando de alguien lejano. Estamos hablando de uno de los nuestros.

Por eso la camiseta era importante.

Por eso había que lucirla.

Y por eso, viendo determinadas imágenes, resulta inevitable colocar unos enormes signos de interrogación sobre aquella frase:

¿Todos con Ceuta?

Pues parece que Vinícius y Mbappé no.


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