Rusia, Israel, la ultraderecha, el Rey… Todos parecen tener alguna responsabilidad en lo sucedido en Ceuta menos Marruecos y, naturalmente, menos Pedro Sánchez
Sánchez regresa de vacaciones, pero no regresa a la realidad

La opinión de Javier García Isac
Pedro Sánchez ha vuelto.
No sé si España estaba esperando su regreso, pero él parece convencido de que sí. Después de unas larguísimas vacaciones, mientras Ceuta trataba de recuperar la normalidad después de una entrada masiva de decenas de miles de personas por nuestra frontera, el presidente del Gobierno decidió inaugurar el curso político concediendo una entrevista a la Cadena SER.
Y lo hizo como mejor sabe hacerlo: sin asumir una sola responsabilidad.
Escuchándole, uno podía llegar a la conclusión de que durante estas semanas no ha sucedido nada que tenga que ver con su Gobierno. Los problemas de España siempre tienen un culpable situado fuera de La Moncloa. La culpa puede ser de Putin, de Israel, de la ultraderecha internacional, de las redes sociales, de la oposición, del Rey o, si hace falta, de una conspiración planetaria todavía por descubrir.
De Pedro Sánchez, jamás.
Y de Marruecos, por supuesto, tampoco.
Ahí está quizá la parte más sorprendente de una entrevista que por momentos rozó el esperpento.
Porque el presidente del Gobierno nos explicó que detrás de la difusión de los mensajes y bulos que contribuyeron a desencadenar la avalancha sobre Ceuta aparecían redes vinculadas a Rusia, a Israel y a eso que denominó una «internacional ultraderechista».
Extraordinario.
Decenas de miles de personas llegan hasta una frontera que se encuentra, casualmente, al otro lado de Marruecos. Esas personas no aparecen allí por generación espontánea. Se desplazan, se concentran y finalmente cruzan hacia territorio español.
Pero Marruecos no tiene nada que ver.
El sospechoso está en Moscú.
O en Israel.
O en la ultraderecha internacional.
En Rabat, nunca.
Debe de ser una de esas maravillosas casualidades geopolíticas que solamente Pedro Sánchez es capaz de comprender.
Y no niego que pueda haber campañas de desinformación, injerencias extranjeras o grupos interesados en aprovechar cualquier crisis migratoria para provocar inestabilidad. Sería absurdo descartarlo sin investigar. Lo que resulta sorprendente es la facilidad con la que el Gobierno encuentra culpables a miles de kilómetros mientras exhibe una extraordinaria prudencia cuando tiene que mirar unos pocos metros al otro lado de la frontera.
Con Marruecos siempre hay delicadeza.
Con los españoles, bastante menos.
EL REY, CULPABLE TAMBIÉN
Pero faltaba alguien.
Felipe VI.
Sánchez decidió aprovechar la entrevista para recordarnos que él lleva ocho años gobernando y que el Rey llevaba «más de veinte años» reinando, para preguntarse después cuántas veces había visitado Ceuta o Melilla. Quizá sea la única verdad que dijo. El Rey es mayor de edad y es poco creíble que no le dejen visitar territorio español, si en verdad esa fuera su voluntad.
El problema es que Felipe VI fue proclamado Rey en 2014.
No lleva veinte años reinando.
Lleva poco más de doce.
No estamos hablando de una interpretación política, sino de una resta que podría resolver un alumno de Primaria.
Lo más divertido —si este asunto pudiera tener alguna gracia— es que después tuvo que aparecer La Moncloa intentando explicar qué había querido decir realmente el presidente.
Ya saben.
Cuando Sánchez habla, en ocasiones necesitamos un servicio oficial de traducción que nos explique posteriormente qué quiso decir Sánchez cuando dijo lo que dijo.
Pero la cuestión verdaderamente importante no es el error aritmético.
La cuestión es otra.
Si Felipe VI no ha visitado Ceuta durante estos años, ¿por qué no lo ha hecho?
Porque una visita oficial del jefe del Estado a una ciudad especialmente sensible desde el punto de vista diplomático no depende simplemente de que el Rey se levante una mañana, mire su agenda y diga:
—Hoy me voy a Ceuta.
Zarzuela y Moncloa coordinan este tipo de desplazamientos.
Por eso las palabras de Sánchez terminan volviéndose contra él.
Si considera tan necesaria la presencia del jefe del Estado en Ceuta, ¿por qué su Gobierno no ha impulsado esa visita antes? Insisto, el Rey podría haber ido aunque fuera en visita privada.
Y si ahora anuncia que finalmente se producirá «cuando se den las condiciones», la pregunta resulta todavía más incómoda:
¿qué condiciones tienen que darse para que el Rey de España pueda visitar una ciudad española?
Me gustaría saberlo.
Y, sobre todo, me gustaría saber quién decide cuándo existen esas condiciones.
Porque Ceuta no es una concesión administrativa de Marruecos.
Ceuta es España.
Y el jefe del Estado español debería poder visitar cualquier parte del territorio nacional sin necesidad de estar mirando permanentemente de reojo cuál puede ser la reacción de Mohamed VI.
EL PRESIDENTE QUE NUNCA TIENE LA CULPA
Toda la entrevista tuvo un denominador común.
Pedro Sánchez sigue habitando los mundos de Yupi.
Su Gobierno acumula problemas, su coalición presenta discrepancias públicas, Ceuta continúa sufriendo las consecuencias de una crisis extraordinariamente grave y España entra en la recta final de una legislatura políticamente agotada.
Pero Sánchez está satisfecho.
Tan satisfecho que ha anunciado que pretende llegar hasta 2027.
Y no solamente eso.
Si su partido quiere, volverá a presentarse.
Faltaría más.
Después de ocho años parece considerar que España continúa necesitando más Pedro Sánchez.
La posibilidad de que España esté cansada de él ni siquiera parece formar parte de sus cálculos.
Tiene una extraordinaria capacidad para interpretar cualquier problema como una confirmación de que debe continuar gobernando.
Si pierde elecciones, gobierna.
Si no tiene mayoría, gobierna.
Si no puede aprobar unos Presupuestos, gobierna.
Si sus socios le critican, gobierna.
Si sus ministros discrepan públicamente, gobierna.
Y si una crisis extraordinaria golpea Ceuta mientras él se encuentra de vacaciones, vuelve varias semanas después, concede una entrevista y explica que también tiene derecho a descansar.
Naturalmente que tiene derecho a vacaciones.
También los ceutíes tenían derecho a pasar un verano tranquilo.
También los españoles tienen derecho a exigir que su presidente esté donde debe estar cuando se produce una emergencia nacional.
Ser presidente del Gobierno no es un empleo convencional.
Es una responsabilidad.
Y precisamente ahí encontramos uno de los grandes problemas de Pedro Sánchez: disfruta extraordinariamente del poder y bastante menos de la responsabilidad que acompaña al poder.
LOS SOCIOS QUE PROTESTAN Y DESPUÉS VOTAN
Y después están sus socios.
Sumar ha criticado las palabras del presidente. Ha echado en falta críticas a Marruecos y empatía hacia los ceutíes. También existen discrepancias sobre qué hacer con los inmigrantes que permanecen en la ciudad.
Muy bien.
Pero ya conocemos esta película.
Los socios de Sánchez protestan.
Los socios de Sánchez se indignan.
Los socios de Sánchez anuncian discrepancias irreconciliables.
Los socios de Sánchez dicen que determinadas actuaciones son intolerables.
Y cuando llega el momento decisivo continúan sosteniendo a Pedro Sánchez en La Moncloa.
Esa es la única verdad parlamentaria que importa.
Porque uno puede conceder todas las ruedas de prensa que quiera y publicar todos los mensajes indignados que considere oportunos, pero mientras continúe proporcionando los votos necesarios para mantener al Gobierno está siendo corresponsable de ese Gobierno.
No se puede ejercer permanentemente de oposición por la mañana y de socio gubernamental por la tarde.
Queda menos de un año para que España vuelva a votar si Sánchez cumple su palabra.
Si quienes forman parte de su mayoría consideran realmente que su política migratoria es equivocada, que su posición respecto a Marruecos es intolerable o que su gestión de Ceuta ha sido desastrosa, tienen una magnífica oportunidad para demostrarlo.
Que dejen de sostenerle.
Todo lo demás es teatro.
TODOS CULPABLES MENOS ÉL
La entrevista de la SER nos dejó, en definitiva, al Pedro Sánchez de siempre.
Un hombre extraordinariamente satisfecho de Pedro Sánchez.
Un presidente incapaz de reconocer un error y especializado en encontrar responsabilidades fuera de su despacho.
Rusia.
Israel.
La ultraderecha.
Las redes sociales.
Las mafias.
La oposición.
El Rey.
Todos aparecen de una manera u otra alrededor del problema.
Marruecos sale prácticamente exonerado.
Y Pedro Sánchez sale completamente absuelto.
Siempre.
Esa es probablemente la característica más extraordinaria del sanchismo: nunca sucede nada que sea responsabilidad de Sánchez.
Puede llevar ocho años gobernando, pero continúa comportándose como si fuera un espectador de los acontecimientos.
España tiene problemas que él observa, analiza y atribuye a terceros.
Lo único que nunca hace es asumirlos.
Y mientras tanto Ceuta continúa esperando.
Esperando soluciones.
Esperando seguridad.
Esperando normalidad.
Y ahora también esperando al Rey, cuya futura visita nos ha anunciado Pedro Sánchez como si el jefe del Estado necesitara recibir desde La Moncloa un permiso especial para pisar territorio español.
Sánchez ha vuelto de vacaciones.
Ha vuelto a la radio.
Ha vuelto a las entrevistas.
Ha vuelto a prometer que seguirá gobernando.
Lo único que todavía no parece haber regresado es a la realidad.
Porque para regresar a la realidad primero hay que reconocerla.
Y Pedro Sánchez hace mucho tiempo que decidió construir una realidad a su medida: una España en la que todo lo bueno es mérito suyo y todo lo malo es responsabilidad de los demás.
Incluso cuando lleva ocho años gobernándola.
