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Las joyas de Zapatero: cuando el socialismo pierde el brillo

Las joyas de Zapatero: cuando el socialismo pierde el brillo
por Javier Garcia Isac
15 de septiembre de 2026 a las 07:15
opinion

La opinión de Javier García Isac

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Hay imágenes que resumen una época mucho mejor que mil discursos. Y quizá algún día descubramos que una caja fuerte repleta de joyas en el despacho de un expresidente del Gobierno sirve para explicar demasiadas cosas de la España de los últimos veinte años.


José Luis Rodríguez Zapatero, aquel presidente que llegó a La Moncloa hablando de talante, diálogo, igualdad, solidaridad y alianza de civilizaciones, tiene hoy un problema bastante menos filosófico: explicar de dónde proceden unas joyas valoradas inicialmente en alrededor de 1,3 millones de euros. Otras fuentes hablan de un valor superior a los 3 millones de euros.


Lo que es seguro es que no hablamos precisamente de bisutería.


Hablamos de diamantes, esmeraldas, rubíes, zafiros y piezas de oro blanco. Entre ellas aparece un collar valorado inicialmente en 278.000 euros, otro en 220.000 y otro en 155.000. La Fiscalía Anticorrupción ha solicitado además profundizar en el análisis para conocer su verdadero valor de mercado y, algo que puede resultar todavía más importante, determinar cuándo fueron engarzadas.


Porque la fecha puede contar una historia.


Y ahí empieza lo verdaderamente interesante.


Zapatero sostuvo públicamente que se trataba de un “regalo de cortesía personal” recibido hace muchos años de un país cuya identidad prefirió no revelar. Antes habían circulado otras explicaciones sobre herencias y regalos de viajes.


Demasiadas explicaciones para unas joyas que deberían tener una procedencia bastante sencilla de acreditar si todo fuese tan sencillo como se pretende transmitir.


La Justicia tendrá que determinarlo.


Conviene decirlo claramente porque quienes creemos en el Estado de derecho debemos exigir para nuestros adversarios exactamente las mismas garantías que reclamamos para nosotros mismos. Zapatero tiene derecho a defenderse, a aportar documentación y a demostrar la procedencia absolutamente legal de esas piezas.


Pero los españoles tenemos también derecho a hacernos preguntas.


Y muchas.


¿De dónde salieron las joyas?


La Fiscalía Anticorrupción quiere profundizar precisamente en esa cuestión. Quiere conocer el valor real de mercado de las piezas y cuándo fueron montadas. El juez José Luis Calama investiga además posibles delitos fiscales y de contrabando relacionados con unas joyas cuya procedencia continúa siendo objeto de investigación.


Y ahora aparece una hipótesis todavía más incómoda: que algunas de esas piezas pudieran haber servido como pago en especie.


Insisto: hipótesis.


No hecho probado.


Pero precisamente para eso existen los jueces, la Policía, la Fiscalía y las investigaciones judiciales: para convertir las sospechas en pruebas o para descartarlas.


Y cuanto más se investiga alrededor de Zapatero, más preguntas aparecen.


Durante años algunos hemos preguntado por la extraordinaria actividad internacional del expresidente socialista. Venezuela, China, República Dominicana, Marruecos, empresas, intermediaciones, contactos políticos, relaciones empresariales…


Zapatero dejó La Moncloa, pero nunca abandonó realmente los alrededores del poder.


Y eso es precisamente lo que ahora comienza a interesar también a los investigadores.


Está investigado en el procedimiento relacionado con Plus Ultra, la aerolínea que recibió 53 millones de euros de dinero público durante la pandemia. La investigación trata de determinar, entre otras cuestiones, si existieron influencias indebidas alrededor de aquel rescate.


Será la Justicia quien determine las responsabilidades.


Pero políticamente la situación resulta devastadora.


Porque hablamos de un expresidente del Gobierno de España.


Del talante a los tribunales


Hay algo profundamente simbólico en la evolución política de José Luis Rodríguez Zapatero.


Durante años se construyó alrededor de él una especie de santificación laica.


Zapatero era presentado como el hombre bueno.


El presidente del diálogo.


El dirigente progresista que había llegado para reconciliar España consigo misma.


Algunos nunca compramos aquel personaje.


Su Gobierno abrió heridas históricas que parecían superadas, impulsó una determinada reinterpretación del pasado, negoció políticamente con quienes durante décadas habían respaldado el terrorismo de ETA y dejó una economía camino del desastre mientras durante demasiado tiempo negaba incluso la existencia de la crisis.


Después llegó su segunda vida.


La internacional.


Y particularmente Venezuela.


Mientras millones de venezolanos escapaban de un régimen que había convertido uno de los países potencialmente más ricos de Hispanoamérica en una tragedia económica y social, Zapatero se convirtió en uno de los interlocutores internacionales más comprensivos con el chavismo.


Nunca terminé de entender semejante fascinación.


Quizá algún día conozcamos mejor todas las razones.


Ahora aparecen las joyas.


Y aparecen precisamente mientras los investigadores intentan reconstruir actividades económicas, relaciones, intermediaciones y movimientos alrededor del expresidente.


No afirmo que exista una fortuna oculta.


No puedo hacerlo porque no está demostrado.


Lo que afirmo es algo mucho más sencillo: hay suficientes interrogantes como para que investigar hasta el último euro sea una obligación democrática.


Que se investiguen cuentas, sociedades, ingresos, patrimonio y relaciones económicas.


Todo.


Y después que la Justicia diga.


Si todo es perfectamente legal, que quede acreditado.


Y si no lo es, que responda como respondería cualquier español.


Sin privilegios.


Sin llamadas.


Sin padrinos.


Sánchez sale al rescate


Pero existe otro elemento que me parece políticamente extraordinario.


Pedro Sánchez ha decidido defender públicamente a Zapatero.


Semana tras semana, Sánchez ha justificado que los expresidentes realicen actividades de lobby y ha asegurado que Zapatero nunca habló con él de Plus Ultra. También ha señalado que el propio expresidente le ha garantizado que podrá demostrar judicialmente la legalidad de las joyas.


Curiosa defensa.


Porque yo siempre pensé que las explicaciones sobre una investigación judicial se daban ante el juez, no ante Pedro Sánchez.


Y aquí aparece inevitablemente la gran pregunta:


¿Por qué Sánchez necesita proteger políticamente a Zapatero?


Creo que entre el zapaterismo y el sanchismo existe un hilo conductor mucho más profundo de lo que algunos quieren reconocer.


No estoy hablando necesariamente de una conexión delictiva. Eso tendría que demostrarlo un tribunal y hoy no puede afirmarse.


Hablo de algo político.


De una determinada concepción del poder.


Zapatero fue, en muchos sentidos, el precursor del sanchismo.


Con Zapatero comenzó la ruptura de consensos fundamentales de esa estafa que llamaron Transición, la utilización partidista de la memoria histórica, la normalización de los acuerdos con el separatismo y una transformación, o mejor dicho, evolución ideológica del PSOE, que Pedro Sánchez llevaría posteriormente mucho más lejos.


Sánchez no destruyó el PSOE de Zapatero.


Lo perfeccionó.


El sanchismo es, en buena medida, el zapaterismo llevado hasta sus últimas consecuencias.


Por eso ambos mundos se necesitan.


Zapatero ha sido uno de los grandes defensores de Sánchez dentro y fuera del PSOE cuando otros dirigentes históricos socialistas cuestionaban algunas de sus decisiones. Y Sánchez sale ahora públicamente en defensa de Zapatero cuando su situación judicial se complica.


Tal vez el nexo común sea simplemente ese: el poder y la necesidad de proteger un determinado legado político.


Pero corresponde a los investigadores determinar si además existieron otros nexos.


El problema ya no es Zapatero


Porque lo verdaderamente preocupante empieza a ser la acumulación.


Durante años cada escándalo socialista era presentado como un episodio aislado.


Nunca había sistema.


Nunca había conexiones.


Nunca había responsabilidades políticas superiores.


Todo eran casualidades.


Pero llega un momento en que las casualidades empiezan a necesitar una enciclopedia.


Zapatero investigado.


Las cuentas del PSOE bajo investigación en otros procedimientos.


Antiguos responsables socialistas atravesando diferentes causas judiciales.


El entorno familiar del actual presidente afectado por procedimientos judiciales.


Y mientras tanto Pedro Sánchez mantiene siempre el mismo discurso: persecución, bulos, jueces, medios, extrema derecha, conspiraciones.


Nunca responsabilidad.


Nunca autocrítica.


Nunca dimisiones.


Siempre alguien tiene la culpa.


Exactamente el mismo mecanismo que utilizó en su reciente entrevista radiofónica: cuando la realidad resulta incómoda, aparece inmediatamente un enemigo exterior al que responsabilizar.


Pero las joyas estaban dentro de una caja fuerte, y en un piso propiedad del PSOE.


Y contra una caja fuerte resulta bastante complicado culpar a la fachosfera.


Que se abra la caja fuerte


Yo no sé cómo terminará judicialmente José Luis Rodríguez Zapatero.


Nadie debería saberlo todavía.


Eso es precisamente lo que diferencia una democracia de un régimen: las sentencias las dictan los tribunales y no los periódicos, los gobiernos ni quienes escribimos artículos de opinión.


Pero políticamente sí tengo una certeza.


España necesita conocer hasta el último detalle de las actividades económicas desarrolladas por sus expresidentes cuando esas actividades puedan guardar relación con decisiones públicas, gobiernos extranjeros o empresas beneficiadas por dinero del Estado.


No podemos aceptar zonas oscuras.


Ni con Zapatero.


Ni con nadie.


Por eso la investigación debe llegar hasta el final.


Hay que saber quién regaló aquellas joyas.


Cuándo.


Dónde.


Por qué.


Cuál era entonces su verdadero valor.


Si tributaron.


Si atravesaron legalmente las fronteras.


Y, sobre todo, si fueron simplemente un regalo —como sostiene Zapatero— o escondían algún tipo de contraprestación.


Después hablaremos.


Pero hasta entonces conviene recordar algo.


El hombre que llegó prometiendo talante terminó convertido durante años en una especie de embajador oficioso en algunos de los lugares más controvertidos del planeta.


Y ahora tiene que explicar una caja fuerte llena de joyas.


Puede que todo tenga una explicación perfectamente legal.


Será la Justicia quien lo determine.


Pero cada día que pasa la fotografía política resulta más inquietante.


Y quizá por eso Pedro Sánchez parece tan interesado en proteger a quien fue su gran precursor.


Porque puede que algún día descubramos que entre zapaterismo y sanchismo había mucho más que una simple amistad política. Para empezar, ambos entornos familiares, tanto de Sánchez como de Zapatero, están siendo investigados.


De momento, que hablen los jueces.


Que investigue Anticorrupción.


Que siga trabajando la Policía.


Y que nadie cierre la caja fuerte antes de saber qué había realmente dentro.


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