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La TDT del sanchismo: cuando el poder fabrica su propio aparato de propaganda

La TDT del sanchismo: cuando el poder fabrica su propio aparato de propaganda
porJavier Garcia Isac
opinion

La opinión de Javier García Isac

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El sanchismo ya no disimula. Cuando un régimen empieza a percibir que puede perder el poder político, lo primero que hace es blindar el poder mediático. Y eso es exactamente lo que estamos viendo con la adjudicación de una nueva licencia de TDT al llamado “Grupo 7”, impulsado por antiguos miembros del entorno de PRISA enfrentados a la actual dirección del grupo y estrechamente vinculados al núcleo político de Pedro Sánchez y de Óscar López.

No estamos ante una simple operación empresarial. Estamos ante una operación política en toda regla. Una maniobra estratégica del poder para garantizarse un altavoz mediático en abierto ante el temor creciente a perder el control institucional y, sobre todo, ante la posibilidad real de una derrota electoral que haga saltar por los aires toda la arquitectura propagandística construida por el sanchismo durante estos años.

Porque el problema para Sánchez ya no es únicamente judicial. El problema es político, social y mediático. La erosión del Gobierno es evidente. Los casos de corrupción cercan al entorno presidencial. Las investigaciones afectan a familiares, ministros, antiguos colaboradores y hombres de máxima confianza. El relato se descompone. Y cuando el relato se descompone, el régimen necesita fabricar nuevos instrumentos de manipulación.

Ahí aparece esta nueva televisión.


La televisión del régimen


La izquierda siempre entendió algo fundamental: quien controla el relato, controla una parte del poder. Por eso el sanchismo ha dedicado años a colonizar instituciones, organismos públicos y medios de comunicación. Lo hemos visto en RTVE, convertida en demasiadas ocasiones en un instrumento de propaganda gubernamental. Lo hemos visto en el reparto de subvenciones millonarias a grupos mediáticos afines. Lo hemos visto en la persecución de periodistas incómodos mientras se premiaba a tertulianos obedientes.

Pero ahora el problema para Moncloa es otro: saben que RTVE podría dejar de estar bajo su control si cambian las mayorías parlamentarias. Saben que el poder institucional puede desaparecer. Y por eso necesitan construir estructuras paralelas que sobrevivan incluso a una eventual salida de Sánchez de la Moncloa.

La adjudicación de esta TDT no puede desligarse de ese contexto.

Resulta imposible ignorar las relaciones personales y políticas existentes entre Óscar López y algunos de los promotores de esta operación. Resulta imposible no preguntarse si estamos ante un simple concurso administrativo o ante un auténtico favor político entre amigos del poder. Porque cuando un Gobierno concede licencias audiovisuales a personas íntimamente conectadas con su estructura política, la sospecha de tráfico de influencias resulta inevitable.

Más aún cuando hablamos de un sector absolutamente estratégico como el de la comunicación.


PRISA, las guerras internas y el nuevo aparato mediático


Durante décadas, el grupo PRISA fue el gran brazo mediático de la izquierda española, muy especialmente del PSOE. El monopolio ideológico del progresismo institucional. El constructor oficial del relato socialdemócrata. Pero los tiempos cambian. Las guerras internas, las crisis económicas y las luchas de poder dentro del grupo han provocado fracturas profundas.

Y es precisamente de esas fracturas de donde nacen ahora estos “rebeldes” cercanos a Moncloa.

La operación tiene toda la lógica política del mundo: si el viejo aparato mediático ya no ofrece plena seguridad, el sanchismo necesita levantar otro nuevo. Una televisión más agresiva, más militante, más preparada para la batalla política que viene.

Porque ellos saben perfectamente lo que se juega el régimen.

Saben que si pierden el poder podrían comenzar a conocerse muchas cosas. Saben que podrían perder el control del BOE, de RTVE, de los organismos reguladores y de las subvenciones públicas. Y por eso se están rearmando mediáticamente.

No para informar.

No para garantizar pluralidad.

No para defender la libertad de expresión.

Sino para seguir condicionando a la opinión pública aunque abandonen temporalmente el Gobierno.


El dinero público al servicio de la propaganda


Y aquí aparece otro elemento especialmente grave: la sospecha de que este proyecto pueda arrancar sostenido, directa o indirectamente, con dinero público.

Porque el sanchismo ha demostrado durante años que entiende las instituciones como patrimonio propio. Han utilizado recursos públicos para campañas políticas, han colonizado organismos oficiales, han convertido ministerios en plataformas propagandísticas y han confundido permanentemente partido, Gobierno y Estado.

La pregunta es evidente: ¿quién va a financiar realmente esta nueva aventura audiovisual?

Porque montar una TDT nacional no es barato. Requiere inversiones enormes, infraestructura, producción, personal, distribución y músculo financiero. Y cuesta creer que esta operación nazca únicamente desde la iniciativa privada en un contexto de crisis brutal para los medios tradicionales.

Muchos españoles tienen derecho a sospechar que, una vez más, acabaremos pagando entre todos el nuevo juguete propagandístico del poder.


El miedo de la izquierda


Lo verdaderamente revelador de toda esta operación es el miedo que transmite.

La izquierda sabe que el ciclo político puede estar agotándose. Sabe que el desgaste es gigantesco. Sabe que las investigaciones judiciales pueden convertirse en devastadoras. Y sabe que una parte creciente de la sociedad ya no compra el relato oficial.

Por eso necesitan reforzar trincheras.

Por eso necesitan medios dóciles.

Por eso necesitan tertulianos obedientes.

Por eso necesitan televisiones militantes.

Y por eso están preparando el terreno para una fase de enorme tensión política y social.

El sanchismo no se prepara para una alternancia democrática tranquila. Se prepara para resistir. Para mantener capacidad de influencia aunque pierda el Gobierno. Para seguir marcando el debate público. Para seguir señalando a jueces, periodistas y opositores. Para seguir alimentando el clima de confrontación permanente que tan útil le ha resultado políticamente.


Cuando el poder teme perder el control


Las democracias sanas garantizan pluralidad mediática. Los regímenes obsesionados con el poder crean aparatos de propaganda.

Y eso es exactamente lo que empieza a parecer esta nueva TDT impulsada desde el entorno del sanchismo: una televisión de combate al servicio de una izquierda que teme perder el control político y que necesita conservar el control cultural, mediático y social.

La gravedad no está solo en la licencia.

La gravedad está en lo que simboliza.

Simboliza un poder político que ya actúa pensando en resistir más allá de las urnas.

Simboliza una izquierda que no acepta perder influencia.

Simboliza un Gobierno que considera los medios de comunicación no como contrapoderes, sino como herramientas de combate ideológico.

Y simboliza, sobre todo, el deterioro democrático de un sistema donde las relaciones personales, las amistades políticas y la cercanía al poder parecen abrir puertas que jamás se abrirían al ciudadano normal.

Porque mientras periodistas críticos son perseguidos, expulsados o silenciados, los amigos del poder reciben licencias, subvenciones y canales de televisión.

Esa es la verdadera “pluralidad” del sanchismo.


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