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Sumar y Podemos: las muletas de la corrupción sanchista

Sumar y Podemos: las muletas de la corrupción sanchista
porJavier Garcia Isac
opinion

Mucho discurso contra la corrupción, y ninguna intención de derribar al Gobierno

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Resulta casi grotesco contemplar estos días a dirigentes de Sumar y Podemos fingiendo indignación ante los escándalos de corrupción que cercan al PSOE y al Gobierno de Pedro Sánchez. Escuchamos declaraciones grandilocuentes, discursos supuestamente moralizantes y ataques teatrales contra los socialistas, pero la realidad política es mucho más simple y mucho más miserable: ni Sumar ni Podemos van a romper con Sánchez, ni van a permitir la caída del Gobierno, porque ellos forman parte de ese mismo entramado político y porque saben que su supervivencia depende de mantener vivo al sanchismo.

No son observadores externos. No son víctimas. No son oposición. Son cómplices necesarios.

Conviene recordar algo fundamental que demasiados intentan ocultar: primero Podemos y después Sumar han formado parte de los Consejos de Ministros de Pedro Sánchez. Han sido Gobierno. Han compartido mesa, decisiones y responsabilidades. No eran meros acompañantes decorativos; participaban en las deliberaciones y aprobaban decisiones colegiadas. Y cuando un Consejo de Ministros aprueba ayudas, rescates o adjudicaciones bajo sospecha, todos los miembros de ese Consejo son políticamente responsables.

Por eso resulta imposible separar a Sumar y Podemos de casos como el rescate de Plus Ultra o las ayudas públicas vinculadas al entorno de Juan Carlos Barrabés, empresario estrechamente relacionado con Begoña Gómez. Mientras la esposa del presidente firmaba cartas de recomendación favoreciendo a determinadas empresas, esas mismas empresas acababan recibiendo ayudas públicas millonarias aprobadas desde el propio Gobierno del que formaban parte Podemos primero y Sumar después.

¿Dónde estaban entonces Yolanda Díaz, Ione Belarra, Irene Montero, Pablo Iglesias o Íñigo Errejón? Estaban sentados en el Consejo de Ministros o apoyando las decisiones que tomaba el gobierno. Callaban. Votaban. Asentían. Participaban.

Y ahora pretenden hacerse pasar por fiscales anticorrupción.

La izquierda española vive instalada en una gigantesca farsa moral. Hablan mucho de corrupción cuando afecta a otros, pero cuando la corrupción salpica a los suyos aparecen los silencios, las excusas y las maniobras de distracción. El problema para Sumar y Podemos es que cuanto más se investiga al sanchismo, más evidente resulta que ellos han sido colaboradores necesarios de este sistema de poder.

Porque Pedro Sánchez jamás habría podido mantenerse en La Moncloa sin ellos.

Podemos fue la coartada ideológica del sanchismo durante años. Le dieron apariencia de “gobierno progresista”, justificaron todas sus políticas sectarias y respaldaron cada ataque institucional contra jueces, oposición y prensa crítica. Después llegó Sumar, que no deja de ser una reformulación estética de la misma extrema izquierda que ya había fracasado electoralmente con Podemos. Cambiaron el envoltorio, pero no el contenido.

Yolanda Díaz quiso venderse como una figura moderada, dialogante y distinta, pero terminó siendo exactamente lo mismo: una pieza más del engranaje sanchista. Una vicepresidenta útil para mantener el relato mientras el Gobierno se hundía entre escándalos, cesiones al separatismo y sospechas de corrupción.

Mientras tanto, Pablo Iglesias continúa ejerciendo de agitador profesional desde sus terminales mediáticas, intentando marcar perfil contra el PSOE, aunque sabe perfectamente que sin Sánchez su espacio político desaparecería definitivamente. El llamado “macho alfa de la manada”, que venía a asaltar los cielos y acabar con “la casta”, terminó convertido en una pieza más del sistema que prometía destruir y apoyando al PSOE en su particular asalto a las arcas del Estado.

Y no olvidemos a Íñigo Errejón, Mónica García, Irene Montero o Ione Belarra, que durante años legitimaron todas las decisiones del Ejecutivo mientras ocupaban ministerios, cargos públicos o escaños. Todos ellos participaron en el proyecto político que hoy aparece cercado por investigaciones, escándalos y sospechas gravísimas.

Por eso hablan mucho, pero hacen muy poco.

Amenazan. Protestan. Escenifican tensiones. Pero jamás darán el paso definitivo de romper con Pedro Sánchez. No pueden permitírselo. Saben que unas elecciones anticipadas podrían significar su desaparición política o, como mínimo, una reducción irrelevante de su representación parlamentaria.

Y, sobre todo, saben que existe una posibilidad real de que pueda conformarse una alternativa entre PP y VOX.

Ese es su verdadero pánico.

Prefieren sostener un Gobierno salpicado por la corrupción antes que permitir un cambio político en España. Prefieren mirar hacia otro lado antes que asumir su responsabilidad histórica. Prefieren seguir viviendo del poder antes que actuar con coherencia.

Pero en esta crisis no solo queda retratada la extrema izquierda. También el Partido Popular vuelve a transmitir una preocupante sensación de desconcierto estratégico.

Mientras millones de españoles contemplan con estupor cómo el sanchismo se descompone entre escándalos, el PP sigue sin entender la magnitud del momento histórico. La negativa a respaldar movilizaciones contra el Gobierno, la tibieza permanente y, sobre todo, declaraciones como las de Juanma Moreno Bonilla insinuando acuerdos con el PSOE para evitar depender de VOX reflejan hasta qué punto una parte del Partido Popular continúa instalada en la lógica del viejo bipartidismo.

Un bipartidismo agotado y desacreditado.

Resulta incomprensible que todavía existan dirigentes populares que crean posible pactar con un PSOE convertido en una maquinaria de poder dispuesta a utilizar todas las instituciones del Estado para mantenerse en La Moncloa. El problema del PP es que sigue sin asumir que el PSOE de Sánchez no es un adversario político convencional, sino un proyecto de ocupación institucional.

Y mientras algunos dirigentes populares sueñan con acuerdos de despacho con los socialistas, millones de votantes observan con creciente frustración cómo la única oposición firme y frontal al sanchismo sigue viniendo desde VOX.

El PP debe decidir qué quiere ser. No puede denunciar la corrupción del PSOE en Madrid mientras en otros territorios coquetea con acuerdos de estabilidad o “colaboraciones” con los socialistas para aislar a VOX. Esa ambigüedad solo genera desconfianza y desconcierto.

España vive una crisis institucional, moral y política de enorme gravedad. Y en medio de esa crisis, Sumar y Podemos han demostrado que son incapaces de romper con el poder porque forman parte de él. Han sido comparsas, socios y colaboradores necesarios del sanchismo. Y ahora, cuando el edificio empieza a resquebrajarse, intentan fingir distancia para salvarse políticamente.

Pero ya es demasiado tarde.

La corrupción del sanchismo también les pertenece.



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