EDATV News logo
X
UHN PlusVisegrad 24La Derecha DiarioInforma Radio
  • XInstagramYouTubeTikTok
  • Categorías
  • POLÍTICA
  • ACTUALIDAD
  • OPINIÓN
  • SOCIEDAD
  • SUCESOS
  • CORAZÓN
  • Temas
  • ANDALUCÍA
  • ARAGÓN
  • CANARIAS
  • COMUNIDAD VALENCIANA
  • INTERNACIONAL
  • MADRID
  • Nosotros
  • QUIENES SOMOS
  • AUTORES
  • PUBLICIDAD
  • DONAR
UHN PlusVisegrad 24La Derecha DiarioInforma Radio

Separatismo y feminismo de cartón piedra: la nueva coartada de la izquierda contra España

Separatismo y feminismo de cartón piedra: la nueva coartada de la izquierda contra España
Irene Montero, Ione Belarra
porJavier Garcia Isac
opinion

La opinión de Javier García Isac de hoy, martes 5 de mayo de 2026

Compartir:

La izquierda española, especialmente la que habita a la izquierda del PSOE, vuelve a retratarse con una claridad meridiana. Cuando ya no le quedan ideas, cuando su proyecto económico ha fracasado, cuando su discurso social se ha agotado y cuando su gestión ha dejado tras de sí ruina moral, división y sectarismo, recurre a lo único que verdaderamente la cohesiona: el odio a España, el separatismo como palanca política y un feminismo convertido en religión dogmática. Eso es lo que representa hoy Irene Montero. No una esperanza, sino el síntoma de una izquierda desnortada, fanatizada y entregada a las peores causas.

En estos últimos días, Irene Montero ha compartido protagonismo político con Gabriel Rufián en un acto celebrado en Barcelona, en el que ambos exploraron fórmulas de entendimiento político entre Podemos y el mundo de ERC, envuelto todo ello en la vieja retórica del “bloque antifascista” y de la llamada “izquierda plurinacional”. Distintos medios lo han presentado como un intento de reconstrucción de la izquierda alternativa frente al auge de la derecha. Pero en realidad lo que vimos fue algo mucho más viejo, mucho más siniestro y mucho más peligroso: la enésima resurrección de la alianza entre el extremismo revolucionario y el separatismo antiespañol.


No hay nada nuevo bajo el sol. Cambian las etiquetas, cambian las consignas, cambian los rostros, pero el fondo permanece intacto. Antes lo llamaban frente popular. Hoy lo disfrazan de feminismo, de plurinacionalidad, de derechos civiles o de cordón sanitario frente al “fascismo”. Pero la mecánica es la misma: unir a todos los enemigos de España bajo una causa supuestamente moral superior. Ayer eran comunistas, separatistas y revolucionarios de distinto pelaje. Hoy son separatistas, feministas desnortadas, identitarios de extrema izquierda y toda esa fauna subvencionada que ha hecho de la política un negocio y de la confrontación civil una forma de vida.


Irene Montero encarna perfectamente esa impostura. Su feminismo no es un feminismo real, ni mucho menos una defensa sincera de la mujer. Es un feminismo de cartón piedra, burocrático, sectario y excluyente. Un feminismo que no protege a la mujer, sino que la instrumentaliza. Un feminismo que no busca la igualdad ante la ley, sino el privilegio ideológico. Un feminismo que no defiende a las mujeres, sino únicamente a aquellas que aceptan disciplinadamente el catecismo podemita. En definitiva, un feminismo enloquecido. Las demás, las que discrepan, las que no comulgan con la izquierda, las que defienden la familia, la nación o simplemente el sentido común, son para este feminismo poco menos que traidoras a su sexo.

Ahí está la gran mentira de Irene Montero. Quisieron venderla como la gran referente de una nueva política y no fue más que el rostro de un proyecto profundamente autoritario. Un proyecto que ha dividido a hombres y mujeres, que ha degradado el lenguaje público, que ha dinamitado la presunción de inocencia, que ha vaciado de contenido la palabra igualdad y que ha convertido el dolor real de muchas mujeres en propaganda partidista.


Irene Montero jamás ha defendido a la mujer española en su conjunto; ha defendido una agenda ideológica, sectaria y profundamente antinacional. Una mujer colocada por su pareja, que la convirtió en ministra. Muy similar a otro “referente” de esta izquierda casposa y desnortada, Sara Santaolalla, una indocumentada que debe toda su popularidad a su protector, Javierito Ruiz, el amigo de Villarejo. Siempre el mismo patrón en este feminismo de cartón piedra, siempre es el macho alfa quien las coloca, y luego odian a todos los hombres por los ambientes tóxicos en los que se mueven.


Y si grave es verlas convertidas en referentes de ese feminismo delirante, más grave aún es contemplar cómo tienden la mano al separatismo catalán con absoluta normalidad. Porque la izquierda española nunca ha combatido al separatismo, sino que lo ha asumido como socio preferente, como aliado necesario, como compañero de viaje. En lugar de defender la unidad nacional, el orden y la continuidad histórica de España, la izquierda ha decidido abrazarse a quienes llevan décadas trabajando para destruirla desde dentro.

Por eso no sorprende que ERC aparezca en esta operación. Esquerra Republicana no es una fuerza política cualquiera. Tiene una trayectoria histórica marcada por el sectarismo, la agitación y la violencia revolucionaria. Pretender blanquearla como si fuera un partido más de la normalidad democrática es un insulto a la verdad histórica. La izquierda actual podrá intentar maquillarlo todo con palabras melosas, con actos universitarios, con estética de resistencia y con apelaciones al antifascismo, pero la historia no desaparece porque se la quiera silenciar.

Y la historia de ese separatismo está manchada de sangre. Está unida a una etapa trágica en la que Cataluña, como tantas otras regiones de España, sufrió una persecución brutal contra religiosos, patriotas y ciudadanos inocentes. Bajo el poder revolucionario y separatista de aquellos años, miles de catalanes fueron asesinados en una espiral de barbarie que la izquierda de hoy jamás quiere recordar, porque rompe por completo su relato sentimental y mentiroso. Les gusta invocar la memoria histórica, pero solo cuando sirve para demonizar al adversario. Cuando la memoria señala sus propios crímenes, entonces callan, miran hacia otro lado o directamente falsifican el pasado.


Por eso resulta tan repugnante escuchar a esta nueva izquierda hablar de “derrotar al fascismo”. ¿Qué fascismo? Para ellos, fascismo es todo aquel que no piense como ellos. Fascista es el que defiende España. Fascista es el que defiende la soberanía nacional. Fascista es el que denuncia la inmigración ilegal. Fascista es el que critica la ideología de género. Fascista es el que se atreve a cuestionar sus dogmas. Han vaciado esa palabra de sentido, la han convertido en una muletilla histérica, en un insulto automático, en un comodín para no debatir y para no pensar.


Lo que verdaderamente les molesta no es el fascismo, que apenas saben ya ni definir. Lo que les molesta es la disidencia. Lo que no soportan es que haya españoles que no se arrodillen ante sus consignas. Lo que odian es que una parte creciente de la sociedad haya empezado a ver con claridad el fraude gigantesco que representan. Porque esa izquierda que se presenta como moderna habla en realidad con un lenguaje anclado en los peores reflejos del siglo pasado. Todo en ellos suena viejo: la lucha de bloques, el enemigo interior, el frente antifascista, la demonización del discrepante, la moralina revolucionaria. Son reliquias ideológicas recicladas para consumo universitario y mediático.


Y sin embargo, pese a lo anticuado de su discurso, siguen siendo peligrosos. Lo son porque cuentan con altavoces. Lo son porque disponen de medios, de subvenciones, de universidades colonizadas, de estructuras de propaganda. Lo son porque han conseguido que muchos jóvenes repitan consignas sin conocer la historia, sin entender las consecuencias y sin advertir el veneno que se esconde detrás de ciertas palabras aparentemente nobles. Cuando hablan de plurinacionalidad, hablan de romper España. Cuando hablan de feminismo, hablan de imponer una ideología. Cuando hablan de antifascismo, hablan de perseguir al discrepante. Cuando hablan de democracia, hablan de poder sin límites para ellos y de silencio para los demás.

La escena de Irene Montero abrazándose política o simbólicamente al separatismo de ERC o de BILDU, no es una anécdota. Es una declaración de intenciones. Es la confirmación de que la izquierda española, incapaz de ofrecer un proyecto nacional, vuelve a buscar su salvación en la demolición del país. Como tantas veces en nuestra historia, prefiere aliarse con quienes quieren destruir España antes que aceptar una España libre, fuerte, unida y soberana que no esté sometida a sus delirios ideológicos.

Y ahí reside la clave de todo. La izquierda no ama a España. La tolera solo cuando la controla. La desprecia cuando no le obedece. Por eso recurre al separatismo: porque necesita fragmentar la nación para dominarla. Por eso abraza el feminismo fanático: porque necesita una religión civil con la que disciplinar conciencias. Por eso invoca el fascismo a todas horas: porque necesita fabricar un enemigo monstruoso que justifique sus excesos. Y por eso Irene Montero puede presentarse ahora como gran esperanza de ese espacio político en descomposición: porque en tiempos de ruina moral, los fanáticos siempre ascienden.


Lo más preocupante no es solo que Irene Montero siga ahí. Lo más preocupante es que haya una parte de la izquierda dispuesta a entregarle otra vez el micrófono, el foco y la bandera de una supuesta regeneración. Como si no hubiera dejado ya un rastro suficiente de división, resentimiento y deterioro institucional. Como si no hubiéramos aprendido nada. Como si España estuviera condenada a tropezar siempre con la misma piedra: esa coalición de resentidos, revolucionarios y separatistas que, en nombre del pueblo, acaba siempre trabajando contra el pueblo; que, en nombre de la libertad, restringe libertades; y que, en nombre de la justicia, solo trae revancha, arbitrariedad y ruina.


España no necesita más separatismo maquillado de progreso. No necesita más feminismo de consigna ni más antifascismo de opereta. No necesita más farsantes con gesto severo y discurso prestado. Lo que necesita es verdad, memoria completa, valentía y una defensa sin complejos de la nación, de la libertad y del sentido común.

Porque cuando separatistas y feministas de pancarta se unen para “parar el fascismo”, lo que en realidad están intentando es parar a España.


Noticias relacionadas

Sánchez y el espejismo chino: cuando el poder admira la dictadura

Sánchez y el espejismo chino: cuando el poder admira la dictadura

Jaén, el 1 de Mayo y la democracia selectiva del sanchismo

Jaén, el 1 de Mayo y la democracia selectiva del sanchismo

Lodo en las manos, fuego en el alma y una verdad oculta

Lodo en las manos, fuego en el alma y una verdad oculta

Nos están robando España: la democracia como coartada, el censo como arma

Nos están robando España: la democracia como coartada, el censo como arma

Madres: el verdadero pilar de todo

Madres: el verdadero pilar de todo

2 DE MAYO: CUANDO MADRID SE ALZÓ, Y CUANDO ESPAÑA DEBE VOLVER A HACERLO

2 DE MAYO: CUANDO MADRID SE ALZÓ, Y CUANDO ESPAÑA DEBE VOLVER A HACERLO

Informa Radio
Volumen

Nosotros

  • Quienes Somos
  • Autores
  • Donar

Privacidad

  • Política de Privacidad
  • Política de cookies
  • Aviso legal

Contacto

  • administracion@edatv.com
PUBLICIDAD
EDATV News logo
TwitterInstagramYouTubeTikTok