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Sánchez y el espejismo chino: cuando el poder admira la dictadura

Sánchez y el espejismo chino: cuando el poder admira la dictadura
Pedro Sánchez y Begoña Gómez con empresarios y representantes chinos
porJavier Garcia Isac
opinion

La opinión de Javier García Isac de hoy, lunes 4 de mayo de 2026

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Hay decisiones políticas que no son casuales. Hay gestos que no son diplomacia, sino declaración de intenciones. Y hay viajes que no son agenda internacional, sino auténticos posicionamientos ideológicos. Lo que estamos viendo con Pedro Sánchez y su insistente acercamiento a China no es una anécdota: es un modelo.

Un modelo peligroso.


Cuatro viajes a China en tres años: algo más que diplomacia


No hablamos de una visita puntual. Hablamos de una estrategia continuada. Sánchez ha viajado a China cuatro veces en apenas tres años, algo sin precedentes entre líderes occidentales recientes

En esos viajes se ha reunido con Xi Jinping, ha reforzado relaciones económicas, ha pedido a China que lidere el nuevo orden mundial y ha llegado a tratar al régimen comunista como un aliado estratégico más que un rival.

No es diplomacia. Es alineamiento.

Porque mientras otros países occidentales miran a China con cautela —por su falta de libertades, su control social o su expansión geopolítica— el Gobierno de España parece mirar a Pekín con admiración.


El hilo conductor: Zapatero, el gran intermediario


Detrás de esta estrategia hay una figura clave: José Luis Rodríguez Zapatero.

Zapatero no solo fue el impulsor inicial de las relaciones con China. Hoy actúa como intermediario, lobista y puente político y empresarial entre el Gobierno español y el régimen chino

Ha participado en la organización de encuentros, ha facilitado contactos con empresas chinas y lidera estructuras como el Consejo de Cooperación Europa-China, financiadas en parte por intereses del propio gigante asiático.

El mismo Zapatero que durante años actuó como defensor del régimen venezolano, hoy aparece como el gran valedor del modelo chino en Europa.

Cambia el escenario, pero no el patrón: siempre al lado de los regímenes más cuestionados.


La izquierda española y la fascinación por el modelo chino


Y Zapatero no está solo.

El ex vicepresidente Pablo Iglesias ha llegado a hablar abiertamente del “éxito” del modelo chino. Un modelo que combina:

Control absoluto del ciudadano.

Vigilancia masiva.

Restricción de libertades políticas.

Censura informativa.

Partido único.

Un sistema donde el Estado decide quién prospera y quién desaparece. Donde el individuo no es ciudadano, sino súbdito.

Y eso, lejos de ser criticado, es presentado por parte de la izquierda como una alternativa válida.


China: el modelo que no se quiere contar


Porque conviene recordar qué es realmente China:

Una dictadura de partido único controlada por el Partido Comunista.

Un sistema que ha protagonizado tragedias históricas como el “Gran Salto Adelante” o la “Revolución Cultural”, con decenas de millones de muertos.

Un país donde las ejecuciones siguen existiendo y con pocas garantías judiciales.

Un régimen donde la libertad de expresión no existe.

Y aun así, desde Moncloa se insiste en presentarlo como un socio preferente y, en ocasiones, como un referente.


“Estamos en el lado correcto de la historia”, ¿con quién?


Resulta especialmente revelador escuchar a Sánchez y a Xi Jinping hablar de estar en “el lado correcto de la historia”.

La pregunta es inevitable:

¿El lado correcto es el de las dictaduras tecnológicas?

Porque lo que se está dibujando no es solo una relación comercial. Es una afinidad ideológica peligrosa.


El verdadero riesgo: importar el modelo


El problema no es viajar a China. El problema es admirarla.

Porque cuando un Gobierno empieza a justificar o blanquear un modelo autoritario, acaba intentando replicar partes de ese sistema:

Control del relato.

Presión sobre medios críticos.

Uso del poder para condicionar la economía.

Dependencia del Estado.

Exactamente los pilares del sistema chino.


El peligro de admirar al enemigo de la libertad


España no necesita parecerse a China. España necesita defender lo que China no tiene: libertad.

Sin embargo, el Gobierno de Sánchez parece caminar en dirección contraria, acompañado por figuras como Zapatero o Iglesias, que ven en el modelo chino no una amenaza, sino una inspiración.

Y eso es lo verdaderamente preocupante.

Porque las naciones no caen de golpe.

Caen cuando empiezan a admirar aquello que debería horrorizarles.



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