El Partido Popular atraviesa uno de esos momentos decisivos en los que un partido debe mirarse al espejo y decidir qué quiere ser. Y lo cierto es que, a día de hoy, el PP transmite una sensación de desconcierto, contradicción permanente y ausencia absoluta de una estrategia nacional clara. Un partido que aspira a gobernar España no puede actuar como diecisiete partidos distintos dependiendo del territorio. No puede defender una cosa en Madrid, la contraria en Andalucía y otra diferente en Bruselas. Y, sobre todo, no puede seguir jugando a la ambigüedad mientras España se desangra institucionalmente bajo el sanchismo.
La última contradicción resulta especialmente reveladora. Alberto Núñez Feijóo se niega a presentar una moción de censura contra Pedro Sánchez con el argumento de que “los números no dan”. Es decir, según el líder del Partido Popular, no merece la pena dar la batalla política y moral contra un Gobierno cercado por los escándalos de corrupción porque no existe mayoría parlamentaria suficiente para derribarlo. Esa es la excusa oficial.
Sin embargo, apenas unas horas después, Juanma Moreno Bonilla exige a Vox en Andalucía que facilite un hipotético gobierno del Partido Popular aunque tampoco existan números para una mayoría absoluta. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Los números solo importan cuando se trata de enfrentarse al PSOE? ¿Los números dejan de importar cuando quien necesita apoyo es el Partido Popular?
La contradicción es tan evidente que retrata el verdadero problema del PP: sigue sin asumir la realidad política de España. El bipartidismo absoluto murió hace años. España ya no es la España de las mayorías absolutas de Aznar o de Felipe González. La fragmentación política es un hecho, y el votante de centro-derecha hace mucho tiempo que decidió que Vox debía existir como alternativa patriótica y como reacción al complejo permanente del Partido Popular.
El problema es que el PP sigue empeñado en vivir de espaldas a esa realidad. Continúa soñando con reconstruir un bipartidismo artificial mientras demoniza al único socio que podría llevarle a la Moncloa. Porque la realidad matemática, política y sociológica es muy sencilla: sin Vox, el Partido Popular no gobernará España. Podrá ser el partido más votado, como ocurrió en julio de 2023, pero eso no basta. Ya se vio. Ganar unas elecciones no sirve de nada si luego se renuncia a construir una mayoría alternativa al socialismo.
Y mientras tanto, Pedro Sánchez sigue en La Moncloa.







