Se atisba el fin de una penitencia donde durante los últimos ocho años el pueblo español ha soportado resignado y genuflexouna perfidia que no sólo ha tratado de someter su voluntad, sino que además no ha dudado en azotarla hasta la extenuación para inundar el ambiente con un nauseabundo olor a sangre seca dondetoda clase de plagas de orden bíblico se han sucedido. Este suplicio, largo y doloroso, donde el mal ha gobernado sobre el espíritu de todo un pueblo, no ha resultado inocuo. El sometimiento del gobierno a una desvalía prolongada, al fraude democrático y la perfidia como constante invariabledurante casi una década sin que hacer bien al pueblo figurara como objetivo político en ningún momento, si consiguió, no obstante, hacer callo en los lomos flagelados de losabnegados penitentes.
Hemos sido obligados a asistir a un infame espectáculo dantesco donde pésimos acróbatas no han cesado de estrellarse contra el firme, absurdos payasos han contado chistes que en vez de reír hacían llorar, hemos asistido a un macabro espectáculo en el que se obligaba a animales encadenados, otrora salvajes y libres, a realizar actos en contra sí mismos y su integridad mediante el engaño y la falacia a golpe de látigo de siete puntas y donde un maestro de ceremonias esperpéntico, sobremaquillado, con sombrero de alta copa, falaz y contumaz alzaba los brazos clamando por un espectáculo de horror, humillación, demérito, fracaso y angustia.Mientras, un público atónito, sobrepasado, teniendo que sostener la fuente de su feen el sistema ante la ausencia de una identidad arrebatada, no terminaba de creer en la realidad o ficción de la barbarie que ante sus ojos se desarrollaba.
El maestro de ceremonias, impasible ante la burda tergiversación de la verdadsobre la que denodado no ha cejado de lanzarfalacias a la masa, exhortaba sonriente:
“No dejéis que la realidad o la verdad confunda lo que mi palabra os dice”
Huelga volver a citar la lista interminable y horrorífica de desmanes, falacias y traiciones teñidas con la sangre del pueblo donde efluvios de pestilencia a muertelo ha sumido todo en terribles náuseas y con los que durante estos últimos ocho años la secta del gobierno ha tratado de usurparsin descanso la esencia soberana de su espíritu flagelado,deformandolos ya encallecidos lomos del pueblo por el castigo. El pasado 05 de octubre, Pedro Sánchez anuncióla disolución de las Cortes Generales, convocando elecciones generales parael próximo 29 de noviembre, entonces un haz de luz de esperanza iluminó una tierra que ya llevaba demasiado tiempo sumida en la oscuridad donde un incesante y ensordecedor sonido de arrastre de cadenas ocluía la percepción del resto de sentidos, abriendo camino hacia una peregrinación en pos de la restauración de la cordura que, por otro lado, tampoco se adivina pacífica ni sencilla.
Todos aquellos que somos capaces de tomar perspectiva de la situación actual en relación al conjunto de libertades que durante las últimas décadas se han ido socavando inadvertidamente, pone de manifiesto la aplicación de la reflexión brindada por el filósofo Eubúlides de Mileto (IV a.C.) a través de la paradoja de sorites, donde la lentitud con la que se producen los cambios ocluye la capacidad consciente de advertir que se están llevando a cabo.Y justamente ese es el objetivo de las denuncias y reivindicaciones de textos con tintes metafísicos como el que usted está leyendoahora. Contra la paradoja de sorites es de imperiosa necesidad conminar el despertar de la consciencia, la llamada al levantamiento de la oclusión de los sentidos, el despertar de aquellos quienes somnolientos por el tedio y la repetición del dogma hacen oídos sordos al clamar de otros que se resisten a que les continúen latigando con las metálicas y engarfiadas siete puntas, puntas con nombre y apellidos:
“Abuso del derecho, el fraude de ley, la falaz ruptura con la realidad, la perversión de la verdad, el absolutismo, la dictadura de la minoría (bullycracia) y la administración de injusticia.”
Estas siete puntas con las que una suerte de cesaropapismo laico autoerigido implantado por el aún presidente del gobierno durante la última década en nuestro país, ha forjado la subyugante adoración a un líder abyecto, embebido de ínfulas mesiánicas, ascendido por el enemigo y cuyo ulterior fin es borrar la historia para reescribirla a su antojo y para suespuria gloria, cosa que todo buen tirano ha tratado de hacer desde que hay registros históricos.Y como no podía ser de otra manera, con puño de hierro, aunque éste se halle dentro de un guante blanco.
Para analizar objetivamente la realidad prohibitiva y la censurada realidad en la que subsistimos es imperativo levantar la mirada de los asuntos cotidianos, alargar la visión y focalizar el escrutinio de la acción política centrada en las consecuencias fácticas de la implementación de los programas de partido. Esta es la clave, hay que escudriñar los hechos y dejar de prestar atención a las palabras zafias y falaces que el político medio escupe cual perro babeante ante un plato de comida. Es fundamental cerrar los oídos ante los mortales cantos de sirena y abrir los ojos para poder concluir la síntesis de la realidad que el político nos ofrece, que es una donde hoy en día nos hallamos sumidos ante la perversa y abyecta doctrina del oxímoron progresista; donde ya nadie puede expresar su opinión libremente sin riesgo a ser virtualmente lapidado; donde la discriminación positiva ha desequilibrado la convivencia; donde la paz social se halla enervada por llamada a la revolución de los imbéciles; donde algunos de límite funcional trasnochado e intelecto encadenado por el dogma, el eslogan y la soflama claman por regímenes políticos totalitarios, impositivos, intervencionistasasí como antagonistas de todo aquello que huela a verdadero progreso y libertad.
Todos aquellos feligreses de la secta, infames, liberticidas, decadentes y acérrimos antagonistas del progreso, la justicia y la verdad, insisten cegados por su ignorancia y estrechez intelectual en el error de la creencia de que luchan por justa causa, aun cuando con sorpresa son habitualmente atravesados por las mismas lanzas envenenadas de hipocresía y cinismo que, sin pudor alguno, ellos mismos han lanzado. Entonces es cuando invocan la teoría del tercero intangible. Ese mal foráneo del pasado; lejanos conflictos artificiosos con los que nada tenemos que ver; o incluso malévolas influencias inventadas ad hoc; todo ello tan fácil de convocar por etéreos y gaseosos males que nos acechan pero siempre imposibles de materializar para someterse al mínimoescrutinio contradictorio del que no sabrían cómo salir, y menos salir bien parados.
Este es el punto de partida, el inicio de un éxodo existencial por un desierto inhóspito que se presenta ante todos los españoles inabarcablede factoa partir del próximo 29 de noviembre. Ese es el día donde los ciudadanos se manifestarán en nuestra desvelada débil democracia y desde donde hemos de generar un punto de inflexión que devuelva niveles siquiera aceptables de cordura y realidad a nuestra sociedad.
Como Pedro Sánchez dijo en la comparecencia ante los medios de comunicación desde Moncloa el pasado día 05 de octubre, es el momento de que los españoles decidamos qué futuro queremos para nosotros mismos y para nuestro país. Acto seguido,y excluyendo la insidia pretendida con la ley de nietos, el aún presidente ha colocado la pelota en el tejado de la ciudadanía, ha dicho que ahora depende de nosotros, como si la responsabilidad por el escenario dantesco que deja tras de sí este competidor de Felipe VII por erigirse como más alto apóstol de la infamia en la gobernanza de España,no fuera con él. Un plausible gobierno de signo contrario que surgiese de los nuevos comicios se encontraría con una España sumida en serios conflictos internacionales con parte del territorio nacional invadido, la práctica totalidad de las instituciones parasitadas o gravemente depauperadas, un estado corrupto hasta la médula y un agujero negro colosal en las arcas públicas tras un lustro sin presupuestos generales que absorbe inexorablemente todo atisbo de bienestar socialque resiste a duras penas apuntalado por una deuda externa imposible de pagar.
Finalmente, como guinda de este hediondo pastel, la peregrinación por el desierto la habremos de llevar a cabo a partir del 29 de noviembre con una sociedad dividida y polarizada por el dogma sectario y la incapacidad de tolerarnos más que a nosotros mismos, con unas calles incendiadas por hordas dirigidas por agentes del caos. Se adivina una epopeya digna de Homero. Este éxodo de complejidad titánica a nivel económico, social, institucional y constitucional, es desde dondeun hipotético escenario para el acometimiento de un más que plausible golpe de estado para subvertir el orden constitucional, esta vez desde la oposición, podría llegar a materializarse lanzando sin escrúpulos a cientos de radicales y terroristas para incendiar las calles para reventar la pacífica convivencia y la paz social donde el oxímoron progresista de este paíslogre sumir la gobernanza en el caos y las calles bajo el fuego acercándonos bastante a definiciones de conflicto civil surgido en un estado fallido que ellos mismos han inducido.
A partir del próximo 29 de noviembre, iniciaremos un éxodo inciertocon el terror ínsito en las almas, como yasucedió en el pasado para perpetrar así un cambio de régimeninfusionado con miedo, cimentado en el horror y con propuesta de tiranía.
La mecha de esa bomba,que explotó hace ya noventa años y que cristalizó en la guerra civilespañola ha vuelto a ser prendida. ¿Qué haremos los españoles ante tal escenario? Esa es la verdadera cuestión. ¿Seguiremos cabizbajos y genuflexos sumidos en nuestro día a día ante la grave amenaza de la voladura de nuestra forma de vida y que nos augura destrucción absoluta así como el más negro de los futuros?
Sean conscientes, porque esa mecha ya chispea incesante en Ceuta, País Vasco, Cataluña, en la Puerta del Sol en Madridy en el corazón de España.