No hace falta inventarle nada a esta mafia. Basta con ponerle delante lo que dijo. La PSOE lleva años degradándose, y lo ha conseguido sin ayuda. Nadie le ha tenido que fabricar escándalos ni inventarle enemigos. Le ha bastado con abrir la boca. Y después, hacer siempre exactamente lo contrario.
La hemeroteca es maravillosa porque no opina. Solo guarda. Y lo que guarda de la banda socialista es un catálogo de anécdotas que con el tiempo se han convertido en memes. Memes caros eso sí, porque los pagamos todos, bueno no todos, que los que le votan, no trabajan y no pagan impuestos.
Empezando por la cima de la trama. El Adonis cadavérico Pedro Sánchez no iba a poder dormir tranquilo con Podemos en el Gobierno. Meses después, Podemos se sentaba en el Consejo de Ministros. Con Bildu no iba a pactar, y se ofrecía a repetirlo las veces que hiciera falta. Hoy Bildu es socio incómodo de su legislatura. La amnistía no cabía en la Constitución. Hasta que hicieron falta siete votos de Junts y pantalones abajo. Iba a traer a Puigdemont para que rindiera cuentas ante la justicia. Terminó mandando a su número tres, Santos Cerdán, a Bruselas a hacerse la foto con él.
No son cambios de opinión. Son giros de ciento ochenta grados ejecutados sin despeinarse y bautizados después como, hacer de la necesidad virtud. La mentira sucia, en el PSOE, nunca se ha escondido. Sólo se rebautiza.
En 2007, José Luis Rodríguez Zapatero presumía de que España jugaba en la Champions League de la economía mundial. En la campaña de 2008 despachaba como catastrofismo cualquier advertencia sobre la crisis y prometía pleno empleo. Se fue en 2011 con más de cinco millones de parados. El presidente del escudo social terminó congelando las pensiones y recortando el sueldo de los funcionarios. Ocho años de frases redondas y realidades cuadradas.
La historia de Zapatero, sin embargo, no estaba escrita del todo. Le quedaba un capítulo gemológico. Hoy es el primer expresidente de la democracia imputado, investigado por organización criminal, tráfico de influencias y falsedad en torno al rescate de Plus Ultra, aerolínea que recibió 53 millones de dinero público en plena pandemia. En su auto lo sitúa como presunto líder de una estructura de tráfico de influencias. Zapatero lo niega, como la mayoría de delincuentes. ¿Y la reacción de su partido?: lejos de pedir explicaciones, salió a hablar de persecución política. El guion de superioridad moral de siempre, que sólo cuela con los de la misma baja moral que le votan.
Isabel Rodríguez ha hecho de la vivienda su cruzada y de los supuestos fondos buitres su enemigo favorito. En septiembre, tras el desahucio de Abascal (el de barba no, la fallecida), la ministra cargó contra la propietaria, Urbagestión, a la que llamó fondo buitre y acusó de gula y carroñismo. A pesar de que esa empresa tenía una sola vivienda.
Pero hay un detalle que la ministra por lo que sea no mencionó, quizá se le traspapeló, o fue un olvido tonto sin malas intenciones: ella tiene tres viviendas en Ciudad Real, además de plazas de garaje y trasteros, y cobra rentas por alquilarlas. Nada reprochable, de no haber llamado carroñero a quien alquila un piso cuando ella vive, de alquilar los suyos. Con su propia vara de medir, la ministra no dijo nada tampoco de Montse Mínguez, cuya pareja tiene 30 viviendas, pero como es de los suyos, no es un fondo buitre, fíjate tú, que tontería.
Y mientras se reparten adjetivos, faltan casas. El Gobierno prometió 183.000 viviendas. ¿Cuántas ha entregado? Ustedes ya saben la respuesta. Y si no la saben recurran a Twitter, porque allí está todo el día el ministro de X Óscar Puente. Réplica, zasca, bloqueo, bulo. Una cuenta de X con presupuesto.
El 18 de enero, en Adamuz, murieron 46 personas. Esa misma noche, Puente aseguró que la vía estaba completamente renovada y que el accidente era tremendamente extraño. Tan extraño que, nueve meses después, la investigación sigue mirando exactamente ahí: al carril y a la soldadura. Es decir, a la infraestructura. Por tanto, a su ministerio.
La causa penal está abierta y no le corresponde a un columnista dictar sentencia. (Aunque me encantaría) Pero la responsabilidad política no espera a los jueces. Puente sigue apoltronado y sostiene que no hay motivo para dimitir. Rapidísimo para llamar bulo a una pregunta incómoda; lentísimo para asumir responsabilidades.
Durante años, hablar de trama en el entorno de Sánchez te costaba que te acusaran de fango. Ya no. El 22 de junio, el Tribunal Supremo condenó a 24 años de prisión a José Luis Ábalos, quien fuera ministro de Transportes, número tres del partido, el hombre que subió a la tribuna en la moción de censura contra Rajoy para hablar de decencia. Organización criminal, cohecho, tráfico de influencias y malversación. Su asesor, Koldo García, 19 años haciéndole compañía.
Su sucesor en la secretaría de Organización, el mismo Santos Cerdán de la foto con Puigdemont, está investigado por amaños de obra pública. El fiscal general que nombró Sánchez fue condenado por revelación de secretos. Y el expresidente al que el partido exhibía como su gran reserva moral está imputado por organización criminal. Un grupo de colegas, ejemplar.
Organización criminal. Es la expresión que usa un tribunal. Cuando dos secretarios de Organización consecutivos acaban ante el juez, el problema ya no son las manzanas podridas. Es la evidente mafia que nos gobierna.
El desgaste del PSOE no se explica por una frase ni por un escándalo. Se explica por la acumulación. Por la distancia, cada día más grotesca, entre lo que predican y lo que hacen. Por un partido que exige ejemplaridad a todos menos a sí mismo y que responde a cada sentencia atacando al juez, al periodista o al guardia civil que la investigó.
Por eso el cambio de ciclo ya no es una consigna. Es una consecuencia. No lo ha provocado la oposición: lo han provocado ellos mismos, revolcándose en su propia mierda hasta que la gente ha dejado de mirar hacia otro lado. Millones de españoles que un día creyeron en el PSOE se han despertado.
Quedarán los de siempre. Los que lo ven todo y aplauden igual. Los que reciben el “chaparrón” en la cara y siguen jurando que es lluvia (Ustedes me entienden, es que si pongo “les mean la cara”, mi mujer se enfada). Votan contra el otro, no a favor del suyo, y a esos no los convence ninguna sentencia. Son así de cortitos y obtusos.
Un partido puede sobrevivir a una derrota, a una crisis o a un escándalo, no es una cuestión de izquierdas o derechas. A mí la Gürtel tampoco se me olvida. Lo que no sobrevive es a su propia mierda escrita en la hemeroteca, cuando la gente decide leerla.
Y la gente ya la está leyendo…