
Pedro Sánchez desde el búnker de la Moncloa: la huida hacia delante de un mentiroso compulsivo
Nada de lo que dijo Sánchez se sostiene
Pedro Sánchez compareció por última vez este año desde la Moncloa como lo que es: un presidente atrincherado, desconectado de la realidad, refugiado en su propio búnker político y moral, ofreciendo una rueda de prensa tan esperpéntica como insultante para la inteligencia de los españoles. Un ejercicio de propaganda burda, de autoelogio obsceno y de mentira sistemática. Un discurso propio de quien ya no gobierna, sino que resiste. De quien ya no lidera, sino que huye. De quien ya no convence, sino que engaña.
Nada de lo que dijo Sánchez se sostiene. Nada de lo que anunció responde a la verdad. Nada de lo que prometió tiene credibilidad alguna. Fue, una vez más, un meme con patas, un trilero institucional, un tahúr de la política que cree que España es un plató y los españoles, figurantes sin criterio.
La realidad paralela del sanchismo
Sánchez habló de lucha contra la corrupción mientras su Gobierno se cae a pedazos por los escándalos. Habló de tolerancia cero frente a los abusos sexuales mientras el PSOE está salpicado hasta el cuello por casos de acoso, encubrimientos y silencios cómplices. Pasó de puntillas —como siempre— por el asunto, intentando despacharlo con frases huecas y gestos impostados, como si los españoles no supiéramos ya que el socialismo no combate la corrupción: la administra.
Mientras hablaba, resonaban los nombres de Koldo, Ábalos, Tito Berni, Santos Cerdán, Zapatero, las tramas de enchufes, mordidas, prostitución pagada con dinero público, mujeres utilizadas como moneda de cambio, cargos colocados a dedo y un partido convertido en una agencia de colocación y de protección criminal. Y ante todo eso, Sánchez sonreía. Mentía. Negaba. Miraba a otro lado.
El viejo truco: comprar voluntades con dinero ajeno
Como buen populista acorralado, Sánchez recurrió al manual más viejo del poder decadente: comprar paz social con el dinero que no es suyo. Subida a los funcionarios, paga extra a los pensionistas, abonos jóvenes de transporte, anuncios grandilocuentes sin respaldo presupuestario ni futuro económico.
Pan para hoy, ruina para mañana. Migajas envueltas en propaganda mientras la deuda se dispara, la economía real se asfixia y la clase media desaparece. Sánchez no gobierna: reparte cheques para comprar silencio, esperando que el ruido del dinero tape el hedor de la corrupción.
Habla de abolir la prostitución quien la normalizó
El colmo del cinismo llegó cuando Sánchez habló de “abolir la prostitución”. Lo dijo sin rubor, sin vergüenza, sin memoria. Lo dijo quien lidera un partido que normalizó la prostitución en 1982, quien pertenece a una organización que ha convivido históricamente con burdeles, saunas y prostíbulos como si fueran extensiones naturales del poder.
Lo dijo quien carga con una mochila moral imposible de ocultar: un entorno familiar que ha vivido de saunas gays y negocios ligados a la prostitución, mientras el PSOE daba lecciones de feminismo desde las tribunas. ¿Dónde están ahora las feministas socialistas? Que las busquen en los prostíbulos más cercanos, porque allí es donde el socialismo ha demostrado sentirse más cómodo.
Hablar de abolición desde esa posición no es hipocresía: es obscenidad moral.
Un golfo con pintas dando lecciones de ética
Pedro Sánchez no es un estadista. Es un golfo con pintas, un profesional del engaño que ha hecho de la mentira una forma de gobierno. Un hombre capaz de decir hoy lo contrario de lo que dijo ayer, de prometer lo que sabe que no cumplirá y de negar lo que mañana se demostrará con pruebas.
No cree en la verdad, no cree en la justicia, no cree en España. Cree únicamente en sí mismo y en su supervivencia política. Todo lo demás —instituciones, leyes, ciudadanos— es material fungible.
El búnker antes del colapso
La imagen de Sánchez en su última comparecencia recuerda inevitablemente a otros líderes derrotados por la realidad, moviendo divisiones inexistentes desde un búnker, convencidos de que la propaganda puede sustituir a los hechos. Como el Führer en los estertores del Tercer Reich, Sánchez insiste, ordena, promete y fantasea mientras el frente se desmorona y sus propios aliados empiezan a mirar la salida.
El PSOE está en descomposición. El Gobierno es un cadáver político sostenido artificialmente. Y Sánchez lo sabe. Por eso grita. Por eso miente más que nunca. Por eso acelera. Porque quien corre no es quien avanza, sino quien huye.
España no se gobierna desde una mentira perpetua
España no puede permitirse seguir gobernada por un hombre atrapado en su propio relato, incapaz de asumir responsabilidades, ajeno al sufrimiento real de los españoles y rodeado de corrupción, abuso y decadencia moral.
La rueda de prensa no fue un balance de gestión. Fue una confesión involuntaria de derrota. La confirmación de que Pedro Sánchez ya no gobierna España: España lo sufre.
Y cuanto más tiempo permanezca atrincherado en la Moncloa, más daño hará. Porque los mentirosos compulsivos no se retiran por dignidad. Se van cuando ya no queda nada que destruir.
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