Los pasados días 30 y 31 de julio, España ha sufrido el mayor ataque contra su soberanía de los últimos años, ante la pasividad y complicidad del gobierno de Pedro Sánchez, que no ha movido un sólo dedo para volver las cosas a su status quo anterior. Parece que motivos ocultos y personales del presidente del gobierno están provocando esta traición a los ceutíes y resto de españoles, que se muestran atónitos ante todo lo que esta sucediendo.
Creo recordar que era el año 2003, cuando en compañía de unos buenos amigos, visitábamos Marruecos mi mujer y yo. En concreto estuvimos por el norte, el antiguo protectorado español, donde muchos entendían y hablaban español y los más mayores recordaban con nostalgia y cariño a los españoles. Una de las cosas que más nos sorprendieron era toparnos por las montañas del Rif a oriundos con ojos azules y cabellos rubios. Y es que los bereberes de esas montañas nada tienen que ver con los invasores árabes, incluso físicamente.
En Ceuta, las peleas entre marroquíes y rifeños son algo latente entre los invasores de la Ciudad Autónoma y que no regresaron. Y son también una muestra a una escala menor de un enfrentamiento entre marroquíes y rifeños, los mismos que nunca se consideraron súbditos del rey de Marruecos, que con tanto desdén y desprecio les ha tratado a lo largo de las últimas décadas.
Y es que en el norte de Marruecos la monarquía alauita no goza de mucho predicamento. Es más, el sultán aparece por allí lo menos posible. Durante décadas, la región vivió un abandono deliberado. Fueron tratados como ciudadanos de tercera fila por su propio Estado.
El desencuentro entre los rifeños y la monarquía marroquí comenzó desde el principio de la independencia de Marruecos. En 1958, a los dos años de crearse el moderno Marruecos, los rifeños se sublevaron contra el nuevo poder. El entonces príncipe heredero Mulay Hassan y posterior Hasan II, lideró personalmente la represión contra los sublevados. Una campaña militar despiadada que incluyó el bombardeo de aldeas enteras utilizando napalm y fósforo blanco, dejando miles de civiles muertos, violaciones masivas y pueblos destruidos. Este trauma quedó grabado a fuego en la memoria colectiva rifeña.
En 1984, se volvieron a reproducir las revueltas como consecuencia del desmesurado incremento del precio de los alimentos.
Durante sus casi 40 años de reinado, Hasán II aplicó un bloqueo invisible pero feroz a la región. El régimen asfixió económicamente el territorio, empujando deliberadamente a la población a vivir únicamente de la economía del cultivo de hachís o a emigrar masivamente a Europa, principalmente a España, Países Bajos y Bélgica.
En 2016 y 2017, se reprodujeron las protestas en el norte de Marruecos, esta vez de forma pacífica a partir de la muerte de Mouhcine Fikri, un humilde vendedor de pescado de 31 años, al que las autoridades locales confiscaban de forma presuntamente ilegal su cargamento de pez espada. Cuando los policías arrojaron el pescado a un camión de la basura, Fikri saltó al contenedor para recuperarlo. Un oficial dio la orden de activar el mecanismo y el joven murió triturado por el compactador
El más reciente capítulo de este desencuentro es de 2021, con la fundación del Partido Nacional Rifeño, una formación que opera principalmente desde Argelia, el gran enemigo de Marruecos y rico en gas. Con lo importante que es esta fuente de energía para nuestra economía y el bienestar de las familias españolas.
Este partido nacional rifeño lidera el movimiento independentista del Rif y aboga porque Ceuta y Melilla sigan siendo españolas, lo que siempre han sido.
El Partido Nacional Rifeño, dirigido por Ridouane Oussama, defiende sin rodeos la independencia del Rif, y lo hace con un discurso durísimo hacia Rabat. "Luchamos contra un país colonialista y expansionista", afirma Oussama. "Primero fue el Rif y luego el Sáhara Occidental. Marruecos es un país que no conoce el respeto a las fronteras y está gobernado por una banda."
"Las fronteras de la futura República del Rif no incluyen Ceuta ni Melilla", sostiene su presidente, que argumenta que esas ciudades nunca formaron parte de su pretendida República. Es más, Oussama defiende que "a España le interesa un Rif independiente", como socio en el norte de África frente a la presión de Rabat.
Dicen que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Pero la clave es, ¿qué tiene Marruecos de Pedro Sánchez para que se haya convertido en el primer defensor de los intereses del sultán en España? Primero reconociendo la soberanía de Marruecos sobre el Sahara y ahora evitando devolver a Marruecos a los invasores. España no merece tener un presidente sometido al chantaje permanente de una potencia extranjera, que esta perjudicando el interés nacional y nuestra soberanía. Ya sabemos que la lista de traidores es larga, pero Pedro Sánchez, por ti, por todos, dimite ya.