EDATV News logo
X
UHN PlusVisegrad 24La Derecha DiarioInforma Radio
  • XInstagramYouTubeTikTok
  • Categorías
  • POLÍTICA
  • ACTUALIDAD
  • OPINIÓN
  • SOCIEDAD
  • SUCESOS
  • CORAZÓN
  • Temas
  • ANDALUCÍA
  • ARAGÓN
  • CANARIAS
  • COMUNIDAD VALENCIANA
  • INTERNACIONAL
  • MADRID
  • Nosotros
  • QUIENES SOMOS
  • AUTORES
  • PUBLICIDAD
  • DONAR
UHN PlusVisegrad 24La Derecha DiarioInforma Radio

Entre el Papa, el Mundial y la corrupción: el sanchismo confía en que el calendario le salve una vez más

Entre el Papa, el Mundial y la corrupción: el sanchismo confía en que el calendario le salve una vez más
porJavier Garcia Isac
opinion

Mientras España asiste a un auténtico terremoto político y judicial, el Gobierno se aferra a cualquier acontecimiento internacional que le permita ganar tiempo y diluir el escándalo

Compartir:

Hay momentos en la política en los que da la sensación de que los acontecimientos se alinean para favorecer a quienes más necesitados están de una cortina de humo. Y si alguien ha demostrado una capacidad extraordinaria para sobrevivir políticamente gracias a las circunstancias, ese ha sido Pedro Sánchez.

A finales de junio de 2026, España atraviesa una de las mayores crisis institucionales de su historia reciente. Nunca antes un Gobierno había acumulado tantas sombras judiciales, tantos escándalos políticos y tantas sospechas de corrupción afectando de forma tan directa al entorno del presidente del Gobierno. Sin embargo, una vez más, el calendario internacional parece acudir en auxilio de La Moncloa.

Primero fue la visita del Papa. Después, el inicio del Mundial de fútbol. Y entre ambos acontecimientos mediáticos, las informaciones sobre corrupción, tráfico de influencias, adjudicaciones sospechosas, redes de intermediación y posibles financiaciones irregulares desaparecen progresivamente de las portadas para dejar paso a imágenes, ceremonias, partidos y emociones colectivas.

El problema es que, mientras España mira hacia otro lado, los escándalos siguen ahí.

Y son cada vez más graves.


Un mes demoledor para el sanchismo


Junio ha sido un mes especialmente devastador para el Gobierno.

Los españoles han asistido a la declaración judicial de José Luis Rodríguez Zapatero, figura clave en numerosos episodios que desde hace años generan interrogantes sobre sus relaciones internacionales, sus negocios y sus conexiones con determinados regímenes iberoamericanos.

También hemos visto avanzar el procedimiento judicial que afecta a David Sánchez, el conocido como "hermanísimo", cuyo proceso continúa arrojando dudas sobre la creación y adjudicación de una plaza pública que jamás debió existir en los términos en los que fue concebida.

Al mismo tiempo, la investigación de la trama Koldo sigue avanzando.

Y lo hace de manera inexorable.

Cada semana aparecen nuevos nombres.

Cada semana aparecen nuevos documentos.

Cada semana aparecen nuevas contradicciones.

Y cada semana se hace más difícil sostener la ficción de que Pedro Sánchez no sabía nada.

Porque la pregunta ya no es quién conocía la trama.

La pregunta es quién no la conocía.

Resulta sencillamente inverosímil creer que durante años pudieron actuar libremente figuras tan próximas al presidente como José Luis Ábalos, Koldo García o Santos Cerdán sin que nadie en el núcleo del poder socialista tuviera conocimiento de lo que estaba ocurriendo.


El sanchismo nunca asume responsabilidades


Lo verdaderamente llamativo no es únicamente la gravedad de los hechos.

Lo escandaloso es la ausencia absoluta de responsabilidades políticas.

En cualquier democracia madura, los escándalos acumulados durante los últimos meses habrían provocado dimisiones en cadena, ceses inmediatos y probablemente una convocatoria electoral.

Pero España ya no funciona con parámetros normales.

El sanchismo ha instaurado una nueva cultura política.

La cultura de la resistencia a cualquier precio.

La cultura del "aquí no dimite nadie".

La cultura de negar la realidad incluso cuando las evidencias resultan abrumadoras.

No importa que haya ministros salpicados.

No importa que haya familiares investigados.

No importa que existan procedimientos judiciales abiertos.

No importa que antiguos colaboradores entren y salgan de los juzgados.

La respuesta siempre es la misma.

Negarlo todo.

Atacar a los jueces.

Atacar a la Guardia Civil.

Atacar a los medios de comunicación independientes.

Y esperar a que llegue el siguiente acontecimiento capaz de distraer la atención pública.


La política del entretenimiento


El problema es que esta estrategia suele funcionar.

Vivimos en una sociedad donde la información se consume a una velocidad vertiginosa.

Lo importante hoy deja de serlo mañana.

Y el Gobierno lo sabe.

Por eso cada gran evento internacional se convierte en una oportunidad política.

Durante unos días las portadas dejan de hablar de corrupción.

Los informativos abren con otras noticias.

Las tertulias cambian de tema.

La conversación pública gira hacia otro lugar.

Y mientras tanto, el poder gana tiempo.

No es casualidad que el inicio del Mundial coincida con uno de los momentos más delicados para el Ejecutivo.

Millones de personas pendientes de los partidos.

Horas y horas de televisión dedicadas al fútbol.

Debates deportivos sustituyendo debates políticos.

Y una opinión pública emocionalmente absorbida por la competición.

Naturalmente, nadie cuestiona la importancia del deporte ni el interés que despierta una cita mundialista.

Lo preocupante es comprobar cómo determinados gobiernos convierten esos acontecimientos en auténticos salvavidas políticos.


La visita del Papa y la fotografía que necesitaba Sánchez


Algo parecido ocurre con la visita del Papa.

La presencia del Santo Padre constituye un acontecimiento de enorme relevancia espiritual, social e institucional.

Pero también proporciona al Gobierno una extraordinaria oportunidad de imagen.

Fotografías.

Recepciones.

Actos solemnes.

Cobertura mediática masiva.

Y durante unos días, la atención se desplaza.

Mientras las cámaras enfocaban al Pontífice, las investigaciones judiciales pasan a un segundo plano.

Mientras se habla de discursos y encuentros, desaparecen de la conversación pública los escándalos que afectan al poder.

No es culpa del Papa.

Ni del Mundial.

Ni del calendario.

La responsabilidad es de quienes aprovechan esas circunstancias para esconderse detrás de ellas.


El problema sigue ahí


Porque una vez terminada la visita papal, las investigaciones siguen abiertas.

Cuando acabe el Mundial, los procedimientos judiciales continuarán avanzando.

Cuando las cámaras abandonen los estadios y los actos institucionales, las preguntas seguirán sin respuesta.

¿Qué ocurrió realmente en la trama Koldo?

¿Qué papel desempeñaron los principales dirigentes socialistas?

¿Qué responsabilidad política corresponde asumir?

¿Qué explicación merece la actuación del entorno familiar del presidente?

¿Qué más queda por conocer?

Nada de eso desaparece porque España gane un partido.

Nada de eso se borra con una fotografía institucional.

Nada de eso se resuelve con una campaña de comunicación.

La corrupción no desaparece porque cambie el ciclo informativo.

La verdad tampoco.


Un Gobierno sostenido por la distracción permanente


Quizá la característica más llamativa del sanchismo sea precisamente esa.

Su capacidad para sobrevivir gracias a la distracción permanente.

Cuando no es una crisis internacional, es una cumbre europea.

Cuando no es una cumbre europea, es una visita institucional.

Cuando no es una visita institucional, es una competición deportiva.

Cuando no es una competición deportiva, aparece cualquier otro acontecimiento capaz de ocupar titulares.

Pero la realidad siempre termina regresando.

Y la realidad es que España tiene hoy un Gobierno rodeado de escándalos.

Un Gobierno incapaz de asumir responsabilidades.

Un Gobierno que responde a las investigaciones atacando a quienes investigan.

Y un Gobierno que parece confiar más en el calendario que en su propia inocencia.

Puede que durante unos días el ruido del Mundial o el eco de la visita papal consigan ocultar el escándalo.

Pero sólo durante unos días.

Porque los españoles acabarán preguntándose algo muy sencillo.

Si todo es una conspiración, si todo es mentira y si nada ocurrió, ¿por qué cada semana aparece un nuevo escándalo?

Y esa es una pregunta que ni el Papa, ni el Mundial, ni ninguna cortina de humo podrán responder por Pedro Sánchez.


Noticias relacionadas

La infancia de la sospecha

La infancia de la sospecha

EL BOTÍN DEL SANCHISMO

EL BOTÍN DEL SANCHISMO

24 de junio: la hora de las explicaciones o de la dimisión

24 de junio: la hora de las explicaciones o de la dimisión

Ábalos, Koldo y el miedo del PSOE a los que hablan

Ábalos, Koldo y el miedo del PSOE a los que hablan

Nacionalidades a la carta y votos de importación: la nueva ingeniería electoral del sanchismo

Nacionalidades a la carta y votos de importación: la nueva ingeniería electoral del sanchismo

Dudando de la jeringuilla

Dudando de la jeringuilla

Informa Radio
Volumen

Nosotros

  • Quienes Somos
  • Autores
  • Donar

Privacidad

  • Política de Privacidad
  • Política de cookies
  • Aviso legal

Contacto

  • administracion@edatv.com
PUBLICIDAD
EDATV News logo
TwitterInstagramYouTubeTikTok