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24 de junio: la hora de las explicaciones o de la dimisión

24 de junio: la hora de las explicaciones o de la dimisión
porJavier Garcia Isac
opinion

La opinión de Javier García Isac

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Pedro Sánchez debiera comparecer hoy 24 de junio ante el Congreso de los Diputados para dar explicaciones sobre la corrupción que cerca a su Gobierno, a su partido y a su entorno más íntimo. Pero la pregunta que millones de españoles se hacen ya no es qué explicaciones puede ofrecer, sino si le queda alguna credibilidad para hacerlo. Porque cuando la corrupción deja de ser un caso aislado y se convierte en una constante, cuando los investigados se acumulan alrededor del poder como si fueran las piezas de un mismo puzle, lo que está en cuestión no es un ministro, un asesor o un colaborador. Lo que está en cuestión es todo un régimen político construido sobre la mentira, la impunidad y el abuso de poder.

Hoy 24 de junio no debería ser una comparecencia más. No debería ser otro ejercicio de victimismo, propaganda y manipulación parlamentaria. No debería ser otro intento de desviar la atención hacia Franco, la ultraderecha, los bulos o cualquier otro espantajo fabricado por los estrategas de La Moncloa.

Debería ser el día en que Pedro Sánchez reconociera que su proyecto político ha fracasado moralmente.

Debería ser el día en que presentara su dimisión.

Y debería ser el día en que convocara elecciones generales para devolver la palabra a los españoles.


Una corrupción que ya lo envuelve todo


Hace tiempo que dejó de ser creíble la teoría de que todos los escándalos que rodean al presidente son simples casualidades.

Ya no hablamos de un único caso.

Ya no hablamos de una investigación aislada.

Ya no hablamos de errores puntuales.

Hablamos de una auténtica red de escándalos que afecta a la Presidencia del Gobierno, al PSOE, a familiares directos del presidente, a antiguos ministros, a secretarios de organización del partido, a empresarios vinculados al poder y a una estructura política que parece haber confundido el Estado con una propiedad privada.

Ahí están los casos que afectan a Begoña Gómez.

Las investigaciones sobre David Sánchez.

La trama Koldo.

Los escándalos que salpican a José Luis Ábalos.

Las investigaciones sobre Santos Cerdán.

Las revelaciones de Víctor de Aldama.

Los contratos bajo sospecha.

Las adjudicaciones millonarias.

Las conexiones internacionales.

Y ahora, además, las gravísimas informaciones que apuntan a una posible estructura destinada a presionar, desacreditar o neutralizar a jueces, fiscales, agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y periodistas que investigaban estos asuntos.

Lo que estamos viendo es mucho más grave que una suma de escándalos.

Estamos viendo cómo el poder intenta defenderse utilizando las instituciones que debería respetar.


El caso Zapatero: una sombra cada vez más alargada


Este artículo ve la luz pocos días después de la comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero ante la justicia.

Durante años muchos consideraron exageradas las sospechas que rodeaban al expresidente socialista.

Sin embargo, las investigaciones, las conexiones internacionales y las informaciones conocidas durante los últimos meses han convertido a Zapatero en una figura central para comprender muchas de las relaciones de poder construidas alrededor del sanchismo.

Su papel en América Latina.

Sus vínculos con Venezuela.

Sus conexiones con determinados grupos empresariales.

Su capacidad de influencia dentro y fuera del PSOE.

Todo ello forma parte ya de un debate político y judicial imposible de ignorar.

Y mientras eso ocurre, Pedro Sánchez pretende seguir actuando como si nada sucediera.

Como si los escándalos no existieran.

Como si el problema fueran quienes investigan.


La trama de las cloacas socialistas


Si algo ha resultado especialmente inquietante en las últimas semanas es la aparición de indicios que apuntan a una presunta estructura destinada a actuar contra quienes investigaban la corrupción.

No estamos hablando únicamente de corrupción económica.

Estamos hablando de algo aún más grave.

De la posible utilización de recursos políticos y personales para perseguir a quienes cumplían con su deber.

Jueces.

Fiscales.

Guardias civiles.

Policías.

Periodistas.

Todos ellos convertidos en objetivos por el simple hecho de investigar.

La democracia se sostiene sobre la separación de poderes.

Cuando desde el poder político se intenta intimidar a quienes deben fiscalizarlo, la corrupción deja de ser un problema económico para convertirse en un problema institucional.

Y eso es exactamente lo que hoy preocupa a millones de españoles.


El PSOE ya no puede esconderse


Durante meses el Partido Socialista ha intentado levantar un muro de propaganda.

Ha intentado presentar cada investigación como una conspiración.

Ha intentado desacreditar a jueces y periodistas.

Ha intentado convertir a los investigados en víctimas.

Ha intentado enfrentar a los españoles para ocultar sus propios problemas.

Pero la realidad termina imponiéndose.

Porque los registros, los autos judiciales, las investigaciones policiales y las declaraciones de los implicados no desaparecen por muchas ruedas de prensa que se organicen desde Ferraz o desde La Moncloa.

El PSOE se encuentra ante la mayor crisis de credibilidad de su historia reciente.

Y la responsabilidad tiene nombre y apellidos.

Pedro Sánchez Pérez-Castejón.


Hoy, 24 de junio no bastan las explicaciones


La comparecencia de hoy llega tarde.

Muy tarde.

Llega después de meses de escándalos.

Después de años de sospechas.

Después de una sucesión interminable de revelaciones.

Y llega porque la presión política, judicial y social ha terminado haciendo imposible el silencio.

Pero las explicaciones ya no son suficientes.

Lo que corresponde es asumir responsabilidades.

En cualquier democracia normal, un presidente cercado por investigaciones que afectan a su entorno familiar, a su partido, a sus principales colaboradores y a varios de sus hombres de máxima confianza habría dimitido hace mucho tiempo.

En cualquier democracia normal, el Gobierno habría convocado elecciones.

En cualquier democracia normal, el Parlamento estaría debatiendo una transición política.

Pero España lleva demasiado tiempo instalada en la anormalidad.


Dimisión y elecciones


Por eso hoy, Pedro Sánchez tiene una oportunidad histórica.

La oportunidad de reconocer que ha perdido toda autoridad moral para seguir gobernando.

La oportunidad de dejar de enfrentar a los españoles.

La oportunidad de permitir que la justicia trabaje sin presiones.

La oportunidad de devolver la voz a los ciudadanos.

No necesita más asesores.

No necesita más campañas de propaganda.

No necesita más cortinas de humo.

Necesita hacer una sola cosa.

Presentar su dimisión.

Ponerse a disposición de la justicia en todo aquello que corresponda.

Y convocar elecciones generales de manera inmediata.

Porque cuando un Gobierno dedica más tiempo a defenderse de los escándalos que a gobernar, cuando un partido parece más preocupado por sobrevivir judicialmente que por servir a la nación, y cuando las instituciones comienzan a verse arrastradas por el descrédito, la única salida digna es devolver la palabra al pueblo español.

Hoy Pedro Sánchez comparecerá ante el Congreso.

Pero la cuestión ya no es qué va a decir.

La cuestión es cuánto tiempo más piensa seguir ignorando una realidad que resulta evidente para millones de españoles: su tiempo político ha terminado.



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