La democracia se sostiene sobre la separación de poderes.
Cuando desde el poder político se intenta intimidar a quienes deben fiscalizarlo, la corrupción deja de ser un problema económico para convertirse en un problema institucional.
Y eso es exactamente lo que hoy preocupa a millones de españoles.
El PSOE ya no puede esconderse
Durante meses el Partido Socialista ha intentado levantar un muro de propaganda.
Ha intentado presentar cada investigación como una conspiración.
Ha intentado desacreditar a jueces y periodistas.
Ha intentado convertir a los investigados en víctimas.
Ha intentado enfrentar a los españoles para ocultar sus propios problemas.
Pero la realidad termina imponiéndose.
Porque los registros, los autos judiciales, las investigaciones policiales y las declaraciones de los implicados no desaparecen por muchas ruedas de prensa que se organicen desde Ferraz o desde La Moncloa.
El PSOE se encuentra ante la mayor crisis de credibilidad de su historia reciente.
Y la responsabilidad tiene nombre y apellidos.
Pedro Sánchez Pérez-Castejón.
Hoy, 24 de junio no bastan las explicaciones
La comparecencia de hoy llega tarde.
Muy tarde.
Llega después de meses de escándalos.
Después de años de sospechas.
Después de una sucesión interminable de revelaciones.
Y llega porque la presión política, judicial y social ha terminado haciendo imposible el silencio.
Pero las explicaciones ya no son suficientes.
Lo que corresponde es asumir responsabilidades.
En cualquier democracia normal, un presidente cercado por investigaciones que afectan a su entorno familiar, a su partido, a sus principales colaboradores y a varios de sus hombres de máxima confianza habría dimitido hace mucho tiempo.
En cualquier democracia normal, el Gobierno habría convocado elecciones.
En cualquier democracia normal, el Parlamento estaría debatiendo una transición política.
Pero España lleva demasiado tiempo instalada en la anormalidad.
Dimisión y elecciones
Por eso hoy, Pedro Sánchez tiene una oportunidad histórica.
La oportunidad de reconocer que ha perdido toda autoridad moral para seguir gobernando.
La oportunidad de dejar de enfrentar a los españoles.
La oportunidad de permitir que la justicia trabaje sin presiones.
La oportunidad de devolver la voz a los ciudadanos.
No necesita más asesores.
No necesita más campañas de propaganda.
No necesita más cortinas de humo.
Necesita hacer una sola cosa.
Presentar su dimisión.
Ponerse a disposición de la justicia en todo aquello que corresponda.
Y convocar elecciones generales de manera inmediata.
Porque cuando un Gobierno dedica más tiempo a defenderse de los escándalos que a gobernar, cuando un partido parece más preocupado por sobrevivir judicialmente que por servir a la nación, y cuando las instituciones comienzan a verse arrastradas por el descrédito, la única salida digna es devolver la palabra al pueblo español.
Hoy Pedro Sánchez comparecerá ante el Congreso.
Pero la cuestión ya no es qué va a decir.
La cuestión es cuánto tiempo más piensa seguir ignorando una realidad que resulta evidente para millones de españoles: su tiempo político ha terminado.