El juez, en un gesto de independencia y coraje, se pregunta lo que millones de españoles se preguntan:
¿Puede un partido político, que gobierna un país europeo, manejar dinero negro sin consecuencias?
¿Hasta cuándo se va a proteger a quienes fueron piezas clave en la maquinaria del sanchismo?
Y aquí aparece otro nombre que flota sobre todo este entramado: Víctor de Aldama, empresario amigo de Ábalos y presente en la misteriosa noche del caso Delcy Rodríguez en Barajas. En su declaración, De Aldama reconoció que “había mucha llama que venía de arriba”. Una frase que podría resumir el origen del fuego que hoy devora al PSOE: el fuego del dinero sucio, del poder absoluto, del encubrimiento y de la impunidad.
Si este país tuviera instituciones verdaderamente libres, el PSOE estaría ya rindiendo cuentas por financiación ilegal. Pero mientras el fiscal general —imputado y protegido— siga ocupando su cargo, mientras Félix Bolaños siga controlando los resortes judiciales y mediáticos, el muro de impunidad socialista seguirá en pie.
España necesita una Justicia que no tema a Moncloa, una Justicia que investigue sin mirar el color político del imputado. Porque lo que se dirime aquí no es un caso judicial más, sino la dignidad del Estado frente al partido que lo ha parasitado.