Es impresionante asistir a los procesos mentales que se suceden a día de hoy en las relaciones entre partidos políticos y el electorado. Es digno de estudio cómo mediante la arquitectura psicosocial se ha conseguido convertir a los electores en profusos legionarios de la fe y a los partidos en las nuevas religiones del siglo XXI.
El primer punto importante a analizar es cómo actualmente el ciudadano medio se encuentra sumido en una espiral que gira incesantemente donde un puesto de trabajo inestable, una acuciante preocupación por vivienda, escasez económica, núcleos familiares desestabilizados y la terrible desesperación que provoca la imposibilidad de prosperar han conseguido eliminar toda pretensión intelectual y el pensamiento crítico.
Estos cinco puntos elementales son sobre los que pivota esa hipnótica y perversa espiral que mantiene a la sociedad alienada. El lector ha de ser consciente de que las políticas implementadas en las últimas décadas han llevado a cabo la destrucción de los pilares de nuestra sociedad: El trabajo, la propiedad privada, la economía, la familia y la prosperidad.
Los sucesivos gobiernos han trabajado denodadamente para que estos pilares en vez de proporcionar los mecanismos para su consolidación sean sustituidos por desempleo o trabajo precario e inestable, usurpación de la propiedad privada promovida por los poderes públicos, incremento de los índices de pobreza y reducción del poder adquisitivo, destrucción del valor nuclear de la familia y la ausencia general de la capacidad para prosperar.
Después de esta concisa exposición, llegamos a la cuestión capital que no es otra sino la manera mediante la cual los diferentes gobiernos han conseguido que el electorado, no sólo siga votando a estos partidos políticos, sino que, de manera sistemática, década tras década y aun habiendo depauperado terriblemente la convivencia, sigan gritando y vitoreando enfervorecidos y dispuestos a inmolarse por aquellos mismos que les hacen la vida cada día más difícil, por aquellos que los dejarán tirados y saldrán corriendo como despreciables cobardes abandonándolos a su negra suerte como ha sucedido en los recientes y catastróficos sucesos de Valencia, por aquellos que pisotearon la constitución durante el COVID, por aquellos que les roban a manos llenas y dilapidan sin miramientos el fruto de su trabajo mediante una intolerable confiscación impositiva y los mismos que han hecho de la corrupción, el embuste y las prácticas mafiosas nuevas instituciones de un estado que, por momentos, se aleja de ser de Derecho.







