Hay fechas que retratan a un régimen mejor que mil discursos. El 1 de Mayo, jornada que debería simbolizar la libertad sindical, la defensa del trabajador y el derecho de manifestación, vuelve a convertirse en España en el escaparate de la hipocresía política. Mientras los sindicatos oficiales, domesticados y subvencionados, despliegan sus marchas por toda la nación con la bendición del poder, en Jaén se pretende impedir la manifestación convocada por el sindicato Solidaridad.
No hablamos de altercados, no hablamos de violencia, no hablamos de riesgo para la seguridad. Hablamos de una marcha legalmente convocada, con recorrido distinto al de otras manifestaciones y con la voluntad de celebrarse con normalidad. Pero cuando quien convoca no pertenece al sindicato complaciente, cuando quien alza la voz no se arrodilla ante el PSOE, entonces aparece la maquinaria del Estado para dificultar, obstaculizar y censurar.
Libertad para unos, prohibición para otros
Ese es el verdadero resumen del sanchismo: derechos para los afines, trabas para los discrepantes. UGT y CCOO pueden tomar las calles con total tranquilidad, aunque lleven años callados ante la pérdida de poder adquisitivo, la precariedad juvenil, el cierre de empresas, el drama de la vivienda o la ruina del campo español. Pueden manifestarse quienes han renunciado a representar al trabajador para convertirse en terminales políticas del Gobierno.
Sin embargo, cuando un sindicato patriótico como Solidaridad decide salir a la calle, entonces llegan las advertencias, las presiones administrativas y los vetos de última hora.
No molesta la manifestación. Molesta quién la convoca.
Los sindicatos del sistema
Durante años, Comisiones Obreras y UGT han demostrado que prefieren la subvención al conflicto, la pancarta pactada al combate real por el trabajador. Con millones en ayudas públicas, liberados sindicales y presencia institucional garantizada, se han convertido en piezas del engranaje del poder.
Por eso hoy marchan sin problemas. Porque no incomodan al Gobierno. Porque forman parte del decorado. Porque su función ya no es defender al obrero, sino sostener al Ejecutivo.
Mientras tanto, quienes denuncian la competencia desleal, la inmigración usada para hundir salarios, la desindustrialización, los impuestos asfixiantes o el abandono del trabajador español, son tratados como enemigos a neutralizar.







