Jaén, el 1 de Mayo y la democracia selectiva del sanchismo

Jaén, el 1 de Mayo y la democracia selectiva del sanchismo
Hay fechas que retratan a un régimen mejor que mil discursos
porJavier Garcia Isac
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Por Javier García Isac


Hay fechas que retratan a un régimen mejor que mil discursos. El 1 de Mayo, jornada que debería simbolizar la libertad sindical, la defensa del trabajador y el derecho de manifestación, vuelve a convertirse en España en el escaparate de la hipocresía política. Mientras los sindicatos oficiales, domesticados y subvencionados, despliegan sus marchas por toda la nación con la bendición del poder, en Jaén se pretende impedir la manifestación convocada por el sindicato Solidaridad.

No hablamos de altercados, no hablamos de violencia, no hablamos de riesgo para la seguridad. Hablamos de una marcha legalmente convocada, con recorrido distinto al de otras manifestaciones y con la voluntad de celebrarse con normalidad. Pero cuando quien convoca no pertenece al sindicato complaciente, cuando quien alza la voz no se arrodilla ante el PSOE, entonces aparece la maquinaria del Estado para dificultar, obstaculizar y censurar.

Libertad para unos, prohibición para otros

Ese es el verdadero resumen del sanchismo: derechos para los afines, trabas para los discrepantes. UGT y CCOO pueden tomar las calles con total tranquilidad, aunque lleven años callados ante la pérdida de poder adquisitivo, la precariedad juvenil, el cierre de empresas, el drama de la vivienda o la ruina del campo español. Pueden manifestarse quienes han renunciado a representar al trabajador para convertirse en terminales políticas del Gobierno.

Sin embargo, cuando un sindicato patriótico como Solidaridad decide salir a la calle, entonces llegan las advertencias, las presiones administrativas y los vetos de última hora.

No molesta la manifestación. Molesta quién la convoca.

Los sindicatos del sistema

Durante años, Comisiones Obreras y UGT han demostrado que prefieren la subvención al conflicto, la pancarta pactada al combate real por el trabajador. Con millones en ayudas públicas, liberados sindicales y presencia institucional garantizada, se han convertido en piezas del engranaje del poder.

Por eso hoy marchan sin problemas. Porque no incomodan al Gobierno. Porque forman parte del decorado. Porque su función ya no es defender al obrero, sino sostener al Ejecutivo.

Mientras tanto, quienes denuncian la competencia desleal, la inmigración usada para hundir salarios, la desindustrialización, los impuestos asfixiantes o el abandono del trabajador español, son tratados como enemigos a neutralizar.

Jaén como símbolo

Lo ocurrido en Jaén no es un episodio aislado. Es el síntoma de una enfermedad democrática cada vez más grave: la utilización de las instituciones para favorecer a unos y perseguir a otros.

Si las fuerzas de seguridad no aprecian riesgo, si el recorrido no coincide con otras marchas, si existen condiciones para celebrarla con normalidad, ¿qué justifica impedirla? La respuesta parece evidente: el sectarismo político.

Cuando el poder decide quién puede manifestarse y quién no en función de la ideología, deja de actuar como árbitro y se convierte en parte.

El miedo a la calle

El Gobierno teme algo más que una manifestación. Teme que haya españoles que despierten. Teme que el trabajador comprenda que quienes dicen representarle llevan años viviendo de él. Teme que surjan alternativas fuera del sistema de sindicatos subvencionados y obedientes.

Por eso cada acto libre les incomoda. Por eso cada protesta no tutelada les irrita. Por eso intentan apagar cualquier voz disidente antes de que empiece a escucharse.

¿Quién ganará el pulso?

La pregunta no es solo qué ocurrirá hoy en Jaén. La verdadera pregunta es si España seguirá tolerando esta democracia de ventanilla, donde los derechos dependen del carné político.

Si se impide la marcha de Solidaridad, perderá mucho más que un sindicato. Perderá la libertad de todos.

Y si finalmente la manifestación sale adelante, pese a los obstáculos, quedará demostrado que todavía hay españoles dispuestos a plantar cara al abuso institucional.

Porque el 1 de Mayo no pertenece a los sindicatos del régimen. Pertenece a los trabajadores. Y la calle no es propiedad del PSOE.

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