Durante años, José Luis Rodríguez Zapatero ha cultivado una imagen pública cuidadosamente diseñada. La del hombre afable, dialogante, moderado, siempre dispuesto a tender puentes. La del político sonriente que abandonó la primera línea institucional para convertirse en una especie de consejero internacional, mediador oficioso y referente moral de una parte de la izquierda española. Sin embargo, la realidad judicial que estamos conociendo en los últimos meses dibuja un panorama muy diferente.
El último auto del juez José Luis Calama supone un nuevo paso adelante en una investigación que cada vez se aproxima más al núcleo duro del zapaterismo. Ya no hablamos únicamente de colaboradores ocasionales o de empresarios relacionados con el entorno del expresidente. Hablamos de personas pertenecientes a su círculo más íntimo y de máxima confianza. Hablamos de sus propias hijas y de la mujer que durante años ha sido su secretaria, colaboradora y persona de absoluta lealtad.
El juez ha acordado que Alba Rodríguez Espinosa y Laura Rodríguez Espinosa, hijas de José Luis Rodríguez Zapatero, sean llamadas a la causa en calidad de investigadas. Junto a ellas también figura Gertrudis Alcázar, la histórica secretaria del expresidente socialista. No estamos ante una decisión menor. No se trata de simples testigos llamados a aclarar determinadas circunstancias. El juez entiende que existen indicios suficientes para que comparezcan asistidas de abogado y ejerzan plenamente su derecho de defensa.
Y esto cambia muchas cosas.
Porque hasta ahora el relato oficial del PSOE y de buena parte de los medios afines consistía en presentar cualquier investigación relacionada con el entorno socialista como una mera conspiración de la derecha, una persecución política o una campaña de descrédito. Sin embargo, cuando son los propios jueces quienes van incorporando nuevos nombres y nuevas piezas a una investigación cada vez más compleja, el argumento de la conspiración empieza a desmoronarse.
Lo verdaderamente llamativo es que el nombre de Zapatero aparece una y otra vez en las distintas causas que afectan al socialismo español. Durante años se nos dijo que Zapatero representaba el pasado. Que Pedro Sánchez era otra cosa. Que el sanchismo era una nueva etapa. Que no existía continuidad alguna.
La realidad demuestra exactamente lo contrario.
El zapaterismo y el sanchismo son dos caras de una misma moneda.
Fue Zapatero quien impulsó buena parte de las políticas que hoy han alcanzado su máxima expresión bajo Pedro Sánchez. Fue Zapatero quien abrió el camino de los pactos con el separatismo. Fue Zapatero quien inició el proceso de blanqueamiento político de ETA. Fue Zapatero quien convirtió la negociación permanente con quienes pretendían destruir España en una herramienta política habitual. Fue Zapatero quien sentó las bases ideológicas de un modelo que hoy Sánchez ha llevado hasta sus últimas consecuencias.
Y fue también Zapatero quien nunca desapareció realmente.
Mientras Sánchez ocupaba la Moncloa, Zapatero continuaba actuando en la sombra. Venezuela, República Dominicana, China, los foros internacionales, las relaciones empresariales, las mediaciones políticas. Siempre estaba presente. Siempre aparecía en los momentos clave. Siempre surgía su nombre cuando se trataba de entender determinados movimientos políticos o económicos.
Por eso resulta imposible separar hoy al PSOE de Sánchez del PSOE de Zapatero.
Son el mismo proyecto.
Los mismos dirigentes que han cerrado filas en torno a Pedro Sánchez son los mismos que durante años han protegido la figura de José Luis Rodríguez Zapatero. Los mismos que exigen presunción de inocencia para unos la niegan sistemáticamente a sus adversarios. Los mismos que hablan de ejemplaridad son incapaces de asumir la más mínima responsabilidad política.
Resulta especialmente significativo que, a diferencia de lo que ocurre con otros partidos, el PSOE siga sin adoptar ninguna medida interna respecto a quienes aparecen vinculados a investigaciones judiciales. No hay suspensiones cautelares. No hay apartamientos preventivos. No hay explicaciones convincentes.
Todo vale con tal de proteger al partido.
Todo vale con tal de proteger al líder.
Todo vale con tal de proteger a Zapatero.
Y es aquí donde aparece la figura de Gertrudis Alcázar.
Hace apenas unas semanas escribíamos sobre ella. Sobre esa secretaria fiel, discreta, aparentemente alejada de los focos, que durante años acompañó a Zapatero en su actividad pública y privada. Sobre esa mujer que conocía mejor que nadie los movimientos de su jefe, sus viajes, sus reuniones y buena parte de su agenda.
Pues bien, ahora el juez considera que existen indicios suficientes para incorporarla formalmente a la investigación.
No se trata de una colaboradora secundaria.
No estamos hablando de una persona lejana.







