Hay personas a las que uno aprecia por lo que saben. Otras, por cómo escriben. Algunas, por su capacidad para comunicar. Y luego están aquellas que, además de reunir todas esas cualidades, destacan por su integridad personal. Para mí, Fernando Paz pertenece a ese reducido grupo.
Quienes hemos tenido la fortuna de tratarle sabemos que detrás del historiador, del conferenciante y del divulgador existe una persona cercana, generosa, leal y profundamente comprometida con España. Por eso me alegra especialmente verle de nuevo participando activamente en la vida pública. Creo sinceramente que España necesita voces como la suya.
No descubro nada si afirmo que Fernando Paz ha sido una de las figuras más controvertidas del ámbito cultural y político de los últimos años. Sus posiciones han despertado críticas muy duras y, en mi opinión, fue objeto de una campaña de descrédito que terminó apartándole de responsabilidades políticas cuando muchos ni siquiera se habían molestado en leer sus libros o escuchar sus conferencias. En demasiadas ocasiones se le juzgó por etiquetas y prejuicios, en lugar de debatir sus argumentos. Claro, que para debatir con Fernando, se debe estar preparado, cosa rara en este panorama mediático tan vulgar y falto de conocimiento.
El tiempo, sin embargo, suele poner muchas cosas en su sitio. Y creo que hoy resulta evidente que quienes pretendieron convertirle en un personaje proscrito no consiguieron borrar una realidad: Fernando Paz continúa siendo uno de los historiadores más conocidos y seguidos dentro del ámbito del pensamiento conservador español. Sus conferencias siguen llenando auditorios, sus libros continúan despertando interés y miles de personas valoran su capacidad para explicar la historia con pasión y profundidad.
Vivimos tiempos en los que parece castigarse el pensamiento independiente. Se premia al que repite el discurso oficial y se señala al que discrepa. Precisamente por eso considero tan importante que personas con criterio propio vuelvan a ocupar espacios públicos.
No compartirá todo el mundo sus opiniones. Ni falta que hace. La democracia consiste precisamente en confrontar ideas, no en cancelar personas. La riqueza intelectual de un país no se mide por la uniformidad de sus voces, sino por la libertad con la que pueden expresarse.
Contar de nuevo con Fernando Paz en la primera línea supone recuperar un activo político, cultural e intelectual de enorme valor. Porque conoce nuestra historia, porque sabe transmitirla y porque posee una preparación que muy pocos pueden discutir. Vox recupera un activo, una persona que nunca se marchó.
Pero, por encima de todo, hay una razón mucho más sencilla. Fernando es una buena persona. Y quienes le conocemos sabemos que esa es probablemente su mayor virtud. En política abundan el oportunismo, el cálculo y la ambición personal. En él siempre he encontrado honestidad, amistad y coherencia.
España atraviesa un momento complejo, en el que hacen falta referentes sólidos, personas con formación y convicciones, capaces de defender sus ideas sin complejos y sin renunciar al respeto hacia quienes piensan de otra manera. Creo que Fernando Paz puede aportar precisamente eso.
Por eso celebro su regreso a la primera línea. No como una revancha contra nadie, sino como la recuperación de un talento que nunca debió salir. Porque un país que prescinde de personas valiosas por la presión del momento acaba empobreciendose intelectualmente.
Me alegro por Fernando. Pero, sobre todo, me alegro por quienes podrán escucharle, leerle y contar con su experiencia. Estoy convencido de que aún tiene mucho que aportar a España.
Y quienes tenemos el privilegio de llamarnos sus amigos sabemos que, además del brillante historiador, seguirá siendo la misma persona sencilla, leal y generosa de siempre. Eso, al final, vale mucho más que cualquier cargo o cualquier reconocimiento político.