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Gertrudis y Leire: dos mujeres, dos estilos y un mismo universo socialista

Gertrudis y Leire: dos mujeres, dos estilos y un mismo universo socialista
porJavier Garcia Isac
opinion

La opinión de Javier García Isac

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Si algún día alguien decide escribir una novela sobre los últimos años del socialismo español, probablemente descubra que existen dos personajes femeninos que representan dos formas distintas de ejercer el poder en la sombra.

Dos mujeres.

Dos estilos.

Dos maneras de entender el servicio al partido.

Dos perfiles aparentemente opuestos.

Y, sin embargo, ambas orbitando alrededor del mismo sol: el PSOE.

Por un lado tenemos a Gertrudis, la secretaria fiel de José Luis Rodríguez Zapatero. Discreta. Silenciosa. Invisible. La mujer que siempre estaba allí sin estar. La que conocía los secretos pero nunca aparecía en los titulares. La que organizaba agendas, llamadas, viajes y reuniones. La guardiana del templo.

Por otro lado aparece Leire Díez.

La anti-Gertrudis.

La secretaria obediente frente a la fontanera combativa.

La mujer discreta frente a la estrella mediática.

La sombra frente al foco.

Si Gertrudis era la monja de clausura del zapaterismo, Leire parecía una mezcla entre inspectora Gadget, comisaria política y directora general sin nombramiento oficial.

Porque mientras Gertrudis trabajaba detrás de la cortina, Leire parecía disfrutar moviéndose por los pasillos del poder como si fuera la auténtica dueña del edificio.


La secretaria y la sabionda


Gertrudis siempre transmitía una imagen casi maternal.

La secretaria de toda la vida.

La persona de confianza.

La que conocía cada detalle de Zapatero.

La que sabía dónde estaba cada papel.

La que abría y cerraba puertas.

La que protegía al jefe.

Leire, sin embargo, parecía responder a otro modelo.

Ella no quería custodiar secretos.

Ella quería dirigir la orquesta.

No era la mujer que sostenía la carpeta.

Era la mujer que daba instrucciones sobre lo que debía hacerse con la carpeta.

Mientras Gertrudis parecía decir: "¿Qué desea el presidente?", Leire transmitía más bien un "yo me encargo".

Y cuando uno escucha algunas de las informaciones conocidas durante los últimos meses, la sensación resulta casi cinematográfica.

Porque no estamos hablando de una simple militante socialista.

Estamos hablando de alguien que, presuntamente, mantenía contactos permanentes con personas situadas en el corazón mismo del aparato del Estado.

La mujer que parecía saberlo todo

La gran diferencia entre ambas es muy sencilla.

Gertrudis conocía los secretos.

Leire parecía sentirse protagonista de ellos.

Gertrudis protegía a Zapatero.

Leire parecía convencida de que podía proteger a todo el PSOE.

Y eso genera una diferencia psicológica enorme.

La secretaria clásica actúa desde la lealtad.

La fontanera moderna actúa desde la influencia.

La primera sirve al poder.

La segunda cree formar parte del poder.

Y quizá por eso sorprende tan poco la imagen que ha ido apareciendo durante los últimos meses.

Una Leire que parecía sentirse cómoda moviéndose entre despachos, altos cargos y estructuras institucionales.

Una Leire que, según las informaciones publicadas, presumía de contactos.

Que hablaba con soltura de operaciones.

Que se relacionaba con personas situadas en posiciones estratégicas.

Que parecía sentirse importante.

Muy importante.

Demasiado importante.

Del despacho a las alturas

Porque una cosa es conocer a alguien.

Y otra muy distinta actuar como si todo el mundo dependiera de ti.

La impresión que ha dejado Leire es la de una persona convencida de que tenía línea directa con las alturas.

Con Mercedes González.

Con Santos Cerdán.

Con dirigentes socialistas de primer nivel como Cristina Narbona.

Con personas que ocupaban puestos sensibles dentro de la estructura institucional.

Y claro, cuando alguien empieza a acumular tantas relaciones relevantes, inevitablemente surge la pregunta:

¿Quién le otorgó semejante autoridad?

Porque nadie se pasea por esos despachos únicamente gracias a su simpatía.

Nadie entra y sale de determinados círculos simplemente porque sí.

Nadie presume de determinados contactos si esos contactos no existen realmente.

Y ahí es donde el personaje se vuelve fascinante.

Porque Leire parecía actuar como alguien convencido de que tenía respaldo suficiente para cualquier operación.


La escolta de una reina sin corona


Uno de los aspectos más llamativos es la información relativa a la protección policial.

Si se confirma que disponía de dispositivos de seguridad extraordinarios, la pregunta vuelve a ser inevitable.

¿Quién decidió que una militante socialista necesitara semejante despliegue?

¿Quién autorizó esos recursos?

¿Por qué?

Porque normalmente la protección del Estado se reserva para cargos institucionales o personas sometidas a riesgos concretos.

Pero Leire parecía moverse como una auténtica autoridad paralela.

Una especie de subsecretaria de los secretos.

Una directora general de asuntos delicados.

Una ministra sin cartera.

Una reina sin corona.

Dos mujeres y un mismo partido

Y al final resulta imposible no comparar ambas figuras.

Gertrudis representa el viejo PSOE.

El de los despachos cerrados.

El de los secretos guardados durante décadas.

El de las lealtades eternas.

Leire simboliza el nuevo PSOE.

El de las operaciones permanentes.

El de la política convertida en guerra.

El de la confrontación constante.

El de los fontaneros convertidos en protagonistas.

La primera trabajaba para proteger al líder.

La segunda parecía actuar para proteger al sistema.

Y quizás ahí reside la diferencia fundamental.

Gertrudis fue una secretaria.

Leire parecía sentirse imprescindible.

Pero la historia tiene una curiosa costumbre.

Los poderosos suelen sobrevivir.

Los jefes suelen encontrar refugio.

Los partidos suelen reinventarse.

Sin embargo, quienes se creen imprescindibles suelen descubrir demasiado tarde que para las organizaciones políticas nadie lo es.

Y cuando llegan los problemas, quienes ayer eran considerados activos estratégicos terminan convirtiéndose en incómodos pasivos.

Quizás por eso hoy, mientras el mito de Zapatero empieza a resquebrajarse y las investigaciones rodean cada vez más al PSOE, Gertrudis y Leire representan dos caras de una misma moneda.

La secretaria que sabía demasiado.

Y la fontanera que parecía creer que podía hacerlo todo.

Dos mujeres distintas.

Dos estilos opuestos.

Pero ambas convertidas, de una forma u otra, en símbolos de una época que empieza a desmoronarse.



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