Si hay algo que cualquier persona con dos dedos de frente sabe, es que es imposible sorber y soplar al mismo tiempo, salvo que seas del PSOE-A de María Jesús Montero, donde llevan desde el pasado 17-M, intentado hacer las dos cosas.
Esa misma noche electoral, la candidata socialista, la gran derrotada al cosechar el peor resultado histórico del PSOE en Andalucía con 28 escaños, dos menos de los que obtuvo cuatro años antes Juan Espadas, ya dejó muy claro que no iba a hacer presidente a Juanma Moreno. Una postura que, desde entonces, hace ya un mes y una semana, han venido repitiendo desde la dirección regional y desde el Grupo Parlamentario como papagayos.
Con el PSOE autoexcluido de la ecuación, al PP solo le quedaban dos opciones: la extrema izquierda de Adelante o Por Andalucía, formaciones que también rechazaron de manera clara y explícita cualquier tipo de movimiento político que hiciese presidente a Juanma Moreno incluso antes de las elecciones, vías que además serían completamente irracionales por las enormes diferencias ideológicas que les separan; o VOX, a quien finalmente el popular ha invitado a sentarse para hablar e intentar llegar a un acuerdo para conformar el próximo Gobierno autonómico.
Con este tablero, resulta curioso entonces que cada vez que tienen oportunidad, la última ayer mismo, en el Parlamento de Andalucía durante primera Junta de Portavoces, los socialistas se empeñen en crucificar políticamente a Juanma Moreno por estar negociando con VOX, la única formación que desde el minuto uno ha tendido la mano al Partido Popular para conformar un gobierno estable y de garantías en Andalucía.
“Ya sabemos claramente cuál es su socio preferente para el diálogo”, afeó al Partido Popular en la citada Junta de Portavoces la socialista María Márquez, quien acusó a los populares de que “no se están haciendo bien las cosas”.







