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Barco con banderas palestinas y un mural de ojos en la proa navegando en el mar con varias personas a bordo y veleros al fondo la flotilla
OPINIÓN

La flotilla de los vagos: circo, humo y propaganda barata

La opinión de Javier García Isac de hoy, jueves 2 de octubre de 2025

De cuando en cuando, a la izquierda internacional le da por montar espectáculos de cartón piedra para aparentar que defienden causas justas. Lo acabamos de ver con esa llamada “flotilla de la libertad”, un barco de vagos, vividores y parásitos sociales que ha sido interceptado por el ejército israelí en la zona de exclusión. El show estaba servido. No iban a ayudar a nadie, ni llevaban material humanitario en condiciones, ni mucho menos pretendían mejorar la vida de los palestinos. Lo único que llevaban era propaganda, humo y muchas ganas de salir en los telediarios para sentirse héroes de pacotilla.

En los vídeos que han difundido ellos mismos, los vemos cantar canciones ridículas, grabarse con móviles como adolescentes en un botellón, y dar la sensación de ir más fumados que comprometidos. Flaco favor hacen estos supuestos activistas a la causa palestina, que bastante dura y complicada es ya, como para encima ser utilizada de escenario para el postureo de cuatro señoritos que antes de llegar a Israel pasaron por Ibiza o por las islas griegas como quien se va de vacaciones.

Postureo en alta mar

La izquierda lleva décadas instalando la imagen romántica del “activista internacional”, esa caricatura de gente que no ha dado palo al agua en su vida, pero que se sube a un barco con una guitarra y cree estar escribiendo un nuevo capítulo de la historia. Se disfrazan de héroes de causas perdidas mientras no trabajan, no cotizan, no crean riqueza, no defienden a nadie y solo sirven para grabar vídeos y subirlos a redes sociales.

¿Ayuda humanitaria? Ninguna certeza. ¿Un plan serio de apoyo? Ni uno. Lo que sí había eran ganas de divertirse, de sentirse importantes, de vivir la experiencia y regresar luego a su barrio madrileño o barcelonés con la medalla del “yo estuve en la flotilla contra Israel”. Un teatro patético que además erosiona cualquier mínima seriedad que pueda tener el debate sobre Palestina.

El oportunismo de la izquierda española

Y como no podía ser de otra manera, aquí en España, nuestros “progres” de salón ya han encontrado la excusa perfecta para volver a salir a la calle. Hoy mismo han convocado movilizaciones en apoyo de esta panda de vividores. En lugar de preocuparse por el paro, la inseguridad, la inmigración ilegal o la ruina económica que padecemos, llaman a la movilización general para defender a unos señores que estaban de excursión en el Mediterráneo.

Esa es la izquierda española: incapaz de arrimar el hombro para levantar un país que ellos mismos hunden, pero siempre dispuesta a usar cualquier conflicto internacional como coartada para dividirnos. Les da igual si hablamos de Palestina, de Israel, de Cuba o de Venezuela. Lo importante es montar ruido, agitar pancartas y hacer olvidar sus propios fracasos en España.

La flotilla interceptada no llevaba solidaridad, sino teatro barato. No era una misión humanitaria, sino un crucero de postureo político. Estos vividores no han hecho más que caricaturizar una tragedia real. La causa palestina, como cualquier otra, merece ser tratada con seriedad, no con canciones ridículas ni con vídeos de fumados en cubierta.

Y lo más sangrante es que aquí, mientras tanto, tenemos a la izquierda española preocupada en defender a esta tropa de holgazanes antes que en trabajar por los problemas de los españoles. Una izquierda que convierte cada conflicto extranjero en excusa para no asumir su responsabilidad en casa.

La flotilla de la vergüenza es, en realidad, el espejo perfecto de lo que es la izquierda: humo, circo y nada más.

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