Durante años, la izquierda española ha construido un relato casi religioso alrededor de la figura de José Luis Rodríguez Zapatero. Un relato artificial, prefabricado desde los medios subvencionados, desde las terminales mediáticas del régimen y desde un aparato propagandístico empeñado en vendernos a Zapatero como un hombre bueno, un político progresista, un dirigente moderno que trajo derechos, avances y convivencia a España. El problema es que la realidad, tarde o temprano, siempre acaba abriéndose paso. Y la verdad, aunque la quieran silenciar, termina emergiendo incluso entre toneladas de propaganda.
Hoy, tras conocerse las gravísimas investigaciones judiciales que cercan al expresidente socialista por el caso Plus Ultra, muchos en la izquierda se muestran sorprendidos. Fingen escándalo. Hablan de “decepción”. Intentan separar al “Zapatero presidente” del “Zapatero posterior”. Pretenden hacernos creer que existieron dos personas distintas: una especie de líder idealista y noble durante su etapa en La Moncloa, y un supuesto personaje oscuro que habría degenerado después entre negocios internacionales, influencias y amistades peligrosas.
Pero esa teoría no se sostiene. Es falsa. Es propaganda. José Luis Rodríguez Zapatero siempre fue el mismo.
Lo que hoy investiga la Audiencia Nacional no nace de la nada. No es una transformación repentina. No es un accidente biográfico. Es simplemente la continuación lógica de una forma de entender el poder, la política y el Estado. Porque Zapatero nunca creyó en España, nunca creyó en la neutralidad institucional y nunca creyó en el servicio público. Creyó en el poder como herramienta ideológica y en el Estado como instrumento al servicio de su proyecto político y de sus alianzas.
Y eso es exactamente lo que dejó como herencia.
La reciente imputación de Zapatero en el caso Plus Ultra, investigado por la Audiencia Nacional, ha dinamitado definitivamente el relato oficial construido durante años. Según las investigaciones judiciales y policiales conocidas en los últimos días, el expresidente habría estado vinculado a una supuesta estructura organizada de tráfico de influencias relacionada con el rescate público de la aerolínea.
Las informaciones publicadas hablan de conexiones empresariales, consultoras, redes internacionales, movimientos de dinero, sociedades vinculadas a su entorno e incluso de la participación de empresas relacionadas con sus propias hijas.
La UDEF sostiene además que Zapatero habría desempeñado un papel de “dirección estratégica” dentro de la estructura investigada.
¿Y de verdad alguien pretende que nos sorprendamos?
¿De verdad quieren hacernos creer que el problema empezó ahora?
No. El problema empezó mucho antes. Empezó cuando Zapatero llegó al poder en 2004 y comenzó a dinamitar la convivencia entre los españoles, convivencia conseguida gracias a la victoria del 1 de abril de 1939, día que supuso el fin de la contienda civil provocada por el PSOE, el mismo partido de Zapatero.
Empezó cuando abrió las heridas de la Guerra Civil con la llamada “memoria histórica”, una ley que no buscaba reconciliación ni justicia, sino división, enfrentamiento y manipulación ideológica del pasado.
Porque ese es el verdadero legado de Zapatero: la fractura nacional.
La izquierda habla de “derechos”, pero lo que dejó Zapatero fue una sociedad mucho más enfrentada, mucho más polarizada y mucho más rota. Convirtió el resentimiento en política de Estado. Implantó leyes ideológicas que enfrentaban a hombres y mujeres. Promovió una visión sectaria de España donde media nación debía pedir perdón permanentemente a la otra media. Transformó la educación, los medios y las instituciones en instrumentos de adoctrinamiento político.
Ese es el famoso “legado”.
Un legado basado en el revisionismo histórico, en el guerracivilismo permanente y en la utilización del dolor y del odio como herramienta política.
Y mientras tanto, en lo económico, llevó a España al desastre.
No hay que olvidar que fue el propio Zapatero quien negó hasta el último momento la crisis económica de 2008. Mientras media España se hundía, él seguía hablando de “desaceleración transitoria”. Mientras miles de empresas cerraban, el Gobierno socialista seguía instalado en la propaganda. Mientras millones de familias perdían sus empleos y sus viviendas, el PSOE continuaba repartiendo lecciones morales desde la superioridad ideológica.
España alcanzó cifras históricas de paro. Millones de españoles fueron condenados a la ruina. Jóvenes obligados a emigrar. Autónomos asfixiados. Familias destruidas económicamente. Y aun así, hoy nos quieren vender a Zapatero como un referente moral y político.
La manipulación ha sido tan brutal que incluso después de abandonar La Moncloa, la izquierda siguió rehabilitando su imagen. Lo convirtieron en una especie de patriarca progresista. El “hombre bueno”. El mediador internacional. El político dialogante. El referente moral del socialismo.
Pero detrás de esa máscara de aparente ingenuidad, detrás de esa imagen entre Mr. Bean y falso pacifista entrañable, entre Bambi o Robiin Hood, se escondía una maquinaria de poder perfectamente consciente de lo que hacía.







