No nos sorprende. Una vez más, desde las tribunas del poder, la ministra María Jesús Montero nos deja claro que el Gobierno del PSOE de Sánchez que sufrimos no cree en el Estado de Derecho,ni en la Justicia,ni en los derechos y garantías que deberían proteger a todos los ciudadanos por igual. Según la señora Montero, la presunción de inocencia—principio básico,esencial y fundacional de cualquier sistema democrático y civilizado—no puede estar por encima del testimonio de una víctima, especialmente si se trata, dice ella, de “una mujer joven”.
Esta afirmación no es una simple metedura de pata;es un mensaje peligroso,totalitarioy profundamente corrosivo para los cimientos de cualquier sociedad libre. Lo que nos está diciendo la ministra es que ya no hace falta demostrar la culpabilidad: basta con señalar, basta con acusar, basta con afirmar. La palabra de uno, el testimonio —sin pruebas, sin juicio, sin garantías— se convierte en sentencia.
Estamos ante un nuevo asalto a la verdad, una demolición calculada del principio más básico de la justicia:que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario.Lo que pretende la izquierda —y lo están consiguiendo— es imponer un clima de miedo, de sospecha, de linchamiento mediático y social. Ellos ya no creen en jueces, pruebas, procedimientos o defensa; creen en la superioridad moral de su discurso y en que todo aquel que no se someta a sus dogmas merece ser señalado, humillado y destruido.
Noescasual.Esunaestrategiaperfectamentediseñada:primero,destruyenlosconceptos y los principios jurídicos;luego,instauran un régimen de terror ideológico,dondecualquiera puede ser culpable por el simple hecho de ser hombre, heterosexual, blanco, cristiano o disidente. El testimonio se convierte en prueba, la sospecha en condena, y la verdad ya no importa.







