El que fuera vicepresidente del Gobierno de España, fundador de Podemos y artífice de aquel experimento político que llegó a alcanzar 69 escaños en el Congreso, hoy contempla cómo su proyecto se descompone hasta la irrelevancia parlamentaria. Cuatro diputados. Cuatro. Ese es el saldo actual de lo que pretendía asaltar los cielos y ha terminado estrellándose contra la realidad.
Y, sin embargo, la exposición mediática de Iglesias no solo no disminuye, sino que crece.
La televisión pública como trinchera ideológica
Resulta obsceno que desde la televisión pública española, en programas como el que conduce Jesús Cintora, se le otorgue una tribuna permanente a quien representa hoy una fuerza política residual. No comparece como analista independiente. Comparece como lo que es: el líder ideológico de una izquierda radical en decadencia.
Pero Iglesias no acude a esos platós para reflexionar. Acude para señalar. Para dividir. Para intoxicar.
Y lo más grave: para pedir la ilegalización de Vox.
Sí, han leído bien. El ex vicepresidente del Gobierno, el hombre que formó parte del Consejo de Ministros, reclama que se ilegalice al tercer partido de España, una formación que no solo tiene representación nacional, sino que además está en auge electoral.
¿En qué democracia homologable un ex vicepresidente pide públicamente ilegalizar a un partido legal sin que salten todas las alarmas?
Del asalto a los cielos al asalto a la libertad
Aquí no estamos ante una crítica política. Estamos ante una amenaza a la pluralidad democrática.
La izquierda que presume de tolerancia se convierte en profundamente autoritaria cuando pierde poder. Si no ganan, eliminan al adversario. Si no convencen, censuran. Si no pueden derrotarte en las urnas, intentan prohibirte.
Eso es lo que hay detrás de las palabras de Iglesias.
Porque el problema no es Vox. El problema para Iglesias es que Vox crece mientras Podemos se diluye. El problema es que los españoles han dejado de comprar el discurso del agitador permanente.
Y cuando la calle ya no responde, se intenta manipular el altavoz.
El escándalo Movistar y la sombra de Telefónica
Pero la historia no termina en la televisión pública.
Nos enteramos además de que Movistar Plus+ estaría dispuesta a incorporar Canal Red, la televisión sectaria de Iglesias, a su oferta. Un canal marcadamente ideológico, de orientación marxista, convertido en altavoz permanente de propaganda.
Canal Red no es un medio plural. Es un instrumento político.
Y aquí aparece otro nombre clave: Javier de Paz, antiguo secretario general de las Juventudes Socialistas y hoy alto directivo en Telefónica, con estrecha relación con José Luis Rodríguez Zapatero.
Demasiadas casualidades.







