Vivimos tiempos oscuros, vivimos en un tiempo en el que los mismos que provocaron la guerra civil, los mismos que sembraron el caos, la violencia y el odio en los años 30, hoy se presentan como adalides de la democracia. El PSOE, el partido responsable directo del golpe del 34, del asesinato de Calvo Sotelo y de la brutal persecución religiosa, ha retomado la cruzada que nunca abandonó: la destrucción de la memoria, la manipulación de la historia y el ataque sistemático a los símbolos que no encajan con su discurso oficial.
El Valle de los Caídos es, precisamente, la piedra angular que quieren borrar. Y no por casualidad. Les molesta que sea un monumento a la reconciliación, que en su basílica reposen, juntos, los restos de combatientes de ambos bandos, algo que desmonta la burda propaganda del “buenos contra malos” que repiten para tapar sus crímenes y desviar la atención sobre su historia criminal. Pero, sobre todo, les ofende profundamente la Cruz que preside el Valle. Esa cruz que simboliza el perdón, la redención y la fe de millones de españoles. Una cruz que les recuerda que no consiguieron exterminar la fe ni imponer su dictadura laicista.








