Atenea, la operación fallida contra VOX

Atenea, la operación fallida contra VOX
Atenea de Espinosa de los Monteros en crisis
porJavier Garcia Isac
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Por Javier García Isac


Durante meses, muchos medios de comunicación han intentado construir un relato artificial sobre una supuesta crisis interna en VOX. Día sí y día también, tertulianos, opinadores subvencionados y periodistas al servicio del sistema repetían como un mantra que el partido de Santiago Abascal estaba roto, dividido y condenado a desaparecer. Pero la realidad, como casi siempre, ha terminado desmontando la propaganda.

La verdadera crisis no estaba en VOX. La verdadera crisis estaba en Atenea.

Aquella asociación impulsada por Iván Espinosa de los Monteros y presentada como un supuesto laboratorio de ideas para la derecha española ha terminado convirtiéndose en una operación fallida. Un proyecto que nació envuelto en titulares grandilocuentes, apoyos mediáticos sospechosamente entusiastas y promesas de renovación política, pero que ha acabado mostrando su auténtico objetivo: debilitar a VOX desde fuera y construir una derecha dócil, acomplejada y subordinada al Partido Popular.


Los hechos hablan por sí solos. La suspensión de actos, la salida de figuras importantes y la desbandada interna demuestran que aquello no era un proyecto sólido ni ilusionante. Era, simplemente, un intento de crear una “derecha aceptable” para el sistema. Una derecha que no incomodara a Bruselas, que no cuestionara las políticas globalistas, que no denunciara la inmigración ilegal, que no hablara de soberanía nacional ni pusiera en evidencia el consenso progresista que comparten socialistas y populares.

Muchos de los que llegaron a Atenea lo hicieron seguramente de buena fe. Personas que pensaban que iban a participar en un espacio de reflexión intelectual, de debate cultural o de renovación ideológica. Pero con el tiempo han descubierto que aquello era otra cosa muy distinta. Que detrás del envoltorio elegante y las conferencias bien iluminadas se escondía una operación política contra VOX.


Porque el problema para el sistema nunca ha sido una derecha domesticada como la del Partido Popular. El problema es VOX. El problema es que exista una formación política que diga cosas que nadie más se atreve a decir. El problema es que haya un partido que denuncie el pacto entre socialistas y populares en Bruselas, la inmigración masiva, la Agenda 2030, la destrucción del campo, el fanatismo climático o el ataque permanente contra la identidad nacional española.

Y por eso había que fabricar una alternativa. VOX es otra cosa y no puede ni debe encasillarse en la vieja dicotomía izquierda/derecha, y eso también molesta.


No sería la primera vez que determinados poderes económicos, mediáticos y políticos intentan construir partidos o plataformas para dividir el voto patriótico. La historia política reciente de España está llena de operaciones diseñadas desde despachos para neutralizar movimientos incómodos. Lo verdaderamente llamativo es la velocidad con la que esta operación se ha venido abajo.

Porque cuando un proyecto nace desde el resentimiento, desde el personalismo o desde la obsesión de destruir al adversario, termina fracasando. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido.


Mientras tanto, VOX sigue creciendo. Pese al silencio mediático, pese a las campañas de demonización, pese a los ataques constantes, pese a los intentos de aislamiento político y mediático. Y eso explica el nerviosismo de muchos.

Ahora resulta que quienes durante meses hablaban de la “crisis de VOX” guardan silencio ante el evidente derrumbe de Atenea. Ahora muchos medios prefieren mirar hacia otro lado. Porque reconocer el fracaso de Atenea supondría admitir que la operación salió mal. Supondría reconocer que no consiguieron romper a VOX ni fabricar esa derecha sumisa y manejable que algunos soñaban.

Y quizá lo más significativo de todo sea precisamente eso: que quienes intentaban presentarse como la alternativa moderada, seria y preparada han acabado convertidos en un proyecto irrelevante, sin rumbo y sin respaldo social.


La política real no se construye en los salones de los think tanks ni en las columnas de determinados periódicos. La política real se construye en la calle, escuchando a la gente y defendiendo principios firmes aunque incomoden al poder.

Y eso, guste o no guste, es algo que muchos españoles siguen viendo hoy en VOX y no en experimentos artificiales como Atenea.


Javier García Isac

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