EDATV News logo
X
UHN PlusVisegrad 24La Derecha DiarioInforma Radio
  • XInstagramYouTubeTikTok
  • Categorías
  • POLÍTICA
  • ACTUALIDAD
  • OPINIÓN
  • SOCIEDAD
  • SUCESOS
  • CORAZÓN
  • Temas
  • ANDALUCÍA
  • ARAGÓN
  • CANARIAS
  • COMUNIDAD VALENCIANA
  • INTERNACIONAL
  • MADRID
  • Nosotros
  • QUIENES SOMOS
  • AUTORES
  • PUBLICIDAD
  • DONAR
UHN PlusVisegrad 24La Derecha DiarioInforma Radio

14 de abril de 1931: la República que nació dividiendo a España

14 de abril de 1931: la República que nació dividiendo a España
Proclamación de la II República
porJavier Garcia Isac
opinion

La opinión de Javier García Isac de hoy, martes 14 de abril de 2026

Compartir:

Hay fechas que no solo marcan un cambio político, sino que abren una grieta histórica cuyas consecuencias aún resuenan décadas después. El 14 de abril de 1931 es una de ellas. Aquel día se proclamaba la Segunda República y se abría una etapa que, lejos de reconciliar a los españoles, acabaría siendo el preludio de una tragedia nacional.

El relato oficial —repetido hasta la saciedad por la izquierda— nos habla de una República nacida del entusiasmo popular, de la modernidad y del progreso. Pero la realidad fue mucho más compleja, más incómoda y, sobre todo, más inquietante.

Porque lo primero que conviene recordar es que la proclamación de la República no fue consecuencia directa de unas elecciones generales o de un plebiscito, sino de unas elecciones municipales. Y en ellas, aunque los republicanos obtuvieron victorias significativas en las grandes ciudades, las candidaturas monárquicas ganaron en el conjunto del país. Aun así, el rey Alfonso XIII decidió abandonar España.

No hubo resistencia. No hubo defensa del orden constitucional. No hubo siquiera un intento serio de sostener la legalidad vigente. Alfonso XIII se marchó, dejando al pueblo español solo, desamparado, entregado a un experimento político que pronto demostraría su fragilidad. Se fue, según dijo, para evitar una guerra civil. Pero su salida, lejos de evitarla, contribuyó decisivamente a crear las condiciones para que esa guerra se produjera.

Porque la Segunda República no nació como un proyecto integrador, sino como un proyecto excluyente.


Una República sin todos


La República pudo haber sido una oportunidad histórica. España, como otras naciones europeas, podía haber evolucionado hacia un sistema republicano estable, donde convivieran sensibilidades distintas bajo unas reglas comunes. Pero no fue así.

Desde el primer momento, la izquierda se apropió del régimen. No entendieron la República como un marco de convivencia, sino como un instrumento de transformación ideológica. Quien no era de izquierdas, quien no comulgaba con el nuevo dogma republicano, quedaba automáticamente fuera.

Se persiguió a la Iglesia, se tensaron las relaciones sociales, se impuso un clima de confrontación permanente. La República dejó de ser de todos para convertirse en la República de unos contra otros.

Y en ese contexto, el papel del Partido Socialista Obrero Español fue determinante.


El PSOE: de la República a la revolución


Conviene desmontar otro mito: el PSOE no fue un partido republicano en sentido estricto. Fue, ante todo, un partido revolucionario. Utilizó la República mientras le fue útil, pero nunca renunció a su objetivo de transformar España por la vía de la ruptura.

Ahí está la prueba incontestable de la insurrección de 1934. Cuando la derecha accede al poder dentro de la legalidad republicana, el PSOE no acepta el resultado. No respeta las reglas del juego. Y entonces promueve un intento de golpe de Estado, especialmente violento en Asturias.

Ese fue el verdadero rostro del socialismo de la época: no el de un partido comprometido con la democracia, sino el de una organización dispuesta a dinamitar el sistema si no le era favorable.

Y lejos de aprender la lección, en 1936 se articula el llamado Frente Popular, una coalición de izquierdas que llega al poder en febrero en medio de denuncias de irregularidades, pucherazos y manipulación electoral.

Desde ese momento —16 de febrero de 1936—, España entra en una deriva acelerada hacia el abismo. Ya no estamos ante una República neutral, sino ante un régimen controlado por una parte que utiliza el poder contra la otra.


El símbolo de la ilusión traicionada: Pedro Mohíno


Si hay una imagen que resume la ilusión de aquel 14 de abril de 1931 es la de Pedro Mohíno subido a un coche en la Puerta del Sol, enarbolando la bandera tricolor, celebrando la llegada de la Segunda República.

No era un revolucionario. No era un agitador. Era, simplemente, uno de tantos españoles que creyeron en aquella promesa de cambio, en aquel proyecto que se presentaba como una nueva etapa de libertad, justicia y convivencia.

Mohíno simboliza a esa España ilusionada que pensó que la República sería un punto de encuentro. Que creyó que, por fin, se podía construir un país donde cupieran todos.

Pero la realidad fue otra muy distinta.

Cinco años después, en agosto de 1936, ese mismo hombre fue asesinado. No por defender la monarquía. No por conspirar contra España. Fue asesinado por aquellos que decían defender la República, por el Frente Popular que había secuestrado el régimen y lo había convertido en un instrumento sectario.

Y aquí está la clave: Pedro Mohíno no se rebela contra la República, sino contra su degradación. Contra su apropiación por una parte. Contra su transformación en un sistema excluyente y violento.

Su vida —y sobre todo su muerte— refleja mejor que ningún discurso lo que ocurrió en España entre 1931 y 1936: el paso de la ilusión a la descomposición, de la esperanza al enfrentamiento, de la convivencia a la persecución.

Porque la República que muchos soñaron no fue la República que terminó imponiéndose.

Y Pedro Mohíno, aquel hombre que salió a la calle con una bandera tricolor creyendo en un futuro mejor, acabó siendo víctima de aquellos mismos que decían representarlo.

Ese es, probablemente, el retrato más fiel de lo que fue la Segunda República: un proyecto que terminó traicionando a muchos de los suyos.


La lección que no quieren que recordemos


Hoy, desde ciertos sectores, se insiste en reivindicar la Segunda República como un modelo a seguir. Se presenta como una edad dorada interrumpida por la guerra. Pero la historia, cuando se analiza con rigor, muestra otra cosa.

La Segunda República fracasó porque nació mal. Porque fue excluyente. Porque no respetó la pluralidad de España. Porque sus principales actores —especialmente el socialismo— no creían en las reglas del juego cuando no les beneficiaban.

Y aquí reside la gran paradoja.

Si la izquierda hubiera actuado de otra manera, si hubiera entendido la República como un espacio común y no como un arma ideológica, probablemente hoy España podría haber evolucionado de forma natural hacia un sistema republicano estable.

Pero no fue así.

Por eso, los mayores enemigos de una posible República en España no son los monárquicos. Son, precisamente, los nostálgicos de aquella Segunda República que fracasó.

Y del mismo modo, el mayor enemigo de la monarquía no está fuera, sino dentro: en los comportamientos poco ejemplares de quienes han ostentado la Corona.


Entre errores y lecciones


La historia no está para repetir consignas, sino para aprender de los errores.

El 14 de abril no debería ser una fecha de celebración acrítica, sino de reflexión. Una advertencia sobre lo que ocurre cuando un proyecto político nace excluyendo a una parte de la sociedad.

España no necesita repetir viejos experimentos fallidos. Necesita estabilidad, convivencia y respeto mutuo.

Y quizá, visto lo visto, la conclusión más sensata sea precisamente esa: aprender del pasado para no volver a tropezar en las mismas piedras.


Noticias relacionadas

1499: de Cisneros a la decadencia universitaria — cuando España lideraba el saber y hoy lo arrincona

1499: de Cisneros a la decadencia universitaria — cuando España lideraba el saber y hoy lo arrincona

España en quiebra técnica

España en quiebra técnica

España, como el Titanic: mientras la banda suena, la nación se hunde

España, como el Titanic: mientras la banda suena, la nación se hunde

La lengua del poder

La lengua del poder

Patxi López o el rostro más obsceno de la degradación democrática

Patxi López o el rostro más obsceno de la degradación democrática

12 de abril de 1931: cuando la debilidad abrió la puerta al desastre

12 de abril de 1931: cuando la debilidad abrió la puerta al desastre

Informa Radio
Volumen

Nosotros

  • Quienes Somos
  • Autores

Privacidad

  • Política de Privacidad
  • Política de cookies
  • Aviso legal

Contacto

  • administracion@edatv.com
PUBLICIDAD
EDATV News logo
TwitterInstagramYouTubeTikTok