Mientras los equipos de emergencia continúan trabajando entre los restos de ambos convoyes, las investigaciones comienzan a dibujar una secuencia de acontecimientos que plantea serios interrogantes sobre los protocolos de seguridad
La tragedia ferroviaria de Urda (Toledo) continúa dejando cifras estremecedoras. El número de fallecidos por la colisión entre un AVE de Renfe y un tren de Iryo ha aumentado hasta las 74 víctimas mortales, según recoge el expediente abierto por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) este jueves, 29 de octubre.
Mientras los equipos de emergencia continúan trabajando entre los restos de ambos convoyes, las investigaciones comienzan a dibujar una secuencia de acontecimientos que plantea serios interrogantes sobre los protocolos de seguridad ferroviaria.
El accidente se produjo después de que, alrededor de las 8:30 horas del miércoles, una avería informática dejara fuera de servicio el sistema automático de control LZB. La incidencia provocó la detención de varios trenes que circulaban por el tramo afectado.
La cifra de fallecidos alcanza las 74 víctimas
Sin embargo, apenas seis minutos después, el centro de control de Adif autorizó al AVE a reanudar la circulación pese a que el sistema de seguridad todavía no se había restablecido.
El convoy de Iryo permanecía detenido en la misma vía. Minutos después, el AVE terminó impactando contra él.
Las advertencias sobre seguridad que precedieron a la tragedia
La investigación adquiere una nueva dimensión al conocerse que la propia CIAF ya había advertido anteriormente de los peligros de depender exclusivamente del factor humano ante determinadas incidencias ferroviarias.
En un informe sobre un incidente registrado en Cuenca en 2024, el organismo reclamó medidas técnicas adicionales para reducir estos riesgos.
Ahora, con 74 fallecidos y las labores de rescate todavía en marcha, la investigación deberá esclarecer si los protocolos se aplicaron correctamente y qué mecanismos fallaron.
La cuestión ya no se limita a determinar quién autorizó la marcha del AVE. También deberá aclararse si existían medidas suficientes para impedir que una avería informática terminara convirtiéndose en una catástrofe ferroviaria.