El 9 de febrero de 1934 no fue un día cualquiera. Fue una fecha más en el calendario del odio, una más en la cadena de crímenes políticos cometidos por una izquierda que ya entonces había elegido el camino de la violencia, la pistola y el terror. Aquel día, con tan solo 21 años, era asesinado en Madrid Matías Montero, militante falangista y del SEU, estudiante, español, y sobre todo víctima del terror socialista mucho antes de que estallara la Guerra Civil.
Matías Montero había nacido en 1913. No murió en un frente. No murió en combate. Murió asesinado por la espalda, abatido por pistoleros del PSOE, esos mismos pistoleros que hoy el régimen quiere blanquear, justificar o directamente convertir en víctimas.
Los verdugos tenían carné del PSOE
Los asesinos de Matías Montero no eran “jóvenes exaltados” ni “víctimas del contexto”. Eran militantes socialistas armados, integrantes de una maquinaria de violencia política perfectamente organizada.
Entre ellos figuraba Francisco Tello Tortajada, condenado por el asesinato a 21 años de prisión. Veintiún años de condena por arrebatar una vida de veintiún años. Justicia poética que nunca llegó a cumplirse.
Porque cuando estalla la Guerra Civil —una guerra provocada por la insurrección socialista, revolucionaria y separatista—, el PSOE no solo no persigue a sus criminales, sino que los libera, los asciende y los integra en sus estructuras armadas. Francisco Tello Tortajada pasa a formar parte de la Motorizada, campa a sus anchas, participa en más crímenes y termina huyendo tranquilamente a México, donde muere a los 67 años, sin pagar por sus asesinatos, sus crímenes.
Matías Montero no tuvo esa oportunidad. No tuvo exilio. No tuvo vida. No tuvo ni siquiera memoria institucional.
Terror rojo antes, durante y después
El asesinato de Matías Montero no fue un hecho aislado. Fue parte de un clima de violencia revolucionaria alentada, financiada y justificada por el PSOE durante la Segunda República. Pistolerismo, checas, atentados, amenazas, asesinatos selectivos. Eso fue el socialismo español cuando vio que no podía imponer su proyecto totalitario por las urnas.







