Mientras en España se rasgan las vestiduras por un cántico en un estadio de fútbol, en África —en Nigeria— miles de cristianos son asesinados cada año con una brutalidad indescriptible. La última matanza, este pasado Domingo de Ramos. Y ante esa masacre, el Gobierno de Pedro Sánchez guarda un silencio que ya no es solo cobardía: es complicidad.
La sangre que no interesa
Hay muertos que no cotizan. Hay víctimas que no venden titulares. Hay genocidios que no incomodan al poder. Y lo que está ocurriendo en África y muy particularmente en Nigeria con los cristianos es, sin rodeos, una limpieza religiosa sistemática ante la que Occidente ha decidido mirar hacia otro lado.
Domingo de Ramos. Mientras en España comenzaban las procesiones, en Nigeria se desataba el horror. Iglesias asaltadas, familias enteras asesinadas, hombres, mujeres y niños ejecutados por el simple hecho de ser cristianos. No es un hecho aislado. Es una constante. Una persecución sostenida en el tiempo que tiene nombres, fechas y responsables.
Pero aquí no hay minutos de silencio en el Congreso. No hay declaraciones institucionales. No hay campañas mediáticas. No hay pancartas. Porque no interesa.
El doble rasero obsceno
Eso sí, basta que en un estadio de fútbol en España se escuche un cántico —más o menos desafortunado— para que se active toda la maquinaria de la corrección política. Ministros, tertulianos, periodistas de plantilla y opinadores subvencionados se lanzan en tromba a condenar, señalar y exigir responsabilidades.
Se escandalizan por un grito.
Pero callan ante una masacre.
Ese es el nivel de degeneración moral al que hemos llegado.
Un Gobierno que se dice feminista, progresista, defensor de los derechos humanos, pero que no tiene ni una palabra para los cristianos degollados en África. Un Gobierno que ve racismo en un estadio, pero no ve barbarie en una matanza.
¿Dónde está la indignación?
¿Dónde está la condena?
¿Dónde está la humanidad?
El silencio de Sánchez
El silencio de Pedro Sánchez no es casual. Es ideológico. Porque reconocer lo que está ocurriendo en Nigeria implicaría desmontar muchos de los relatos que la izquierda lleva años imponiendo.
Implicaría reconocer que hay una persecución real contra los cristianos.
Implicaría señalar a quienes ejecutan esa violencia.
Implicaría admitir que no todas las culturas son compatibles con los valores occidentales.
Y eso no lo pueden permitir.
Por eso callan.
Por eso miran hacia otro lado.
Por eso banalizan la tragedia.







