Lo dije y no era ni un invento ni un reclamo de melancolía a rebufo de la comprensión lectora. El universo perdió otra gran oportunidad para reivindicarse el pasado día 10.Sería bueno no engañarse más,no sólo fueron los venezolanos los que vieron cómo se hundía su autoestima y la guadaña desgarraba el escasoamor propio y dignidad que todavía acumulaban, éramos todos. Repartidos por cualquier lugar del planeta, castigados en igual medida por la contumacia de unas redes que nos permiten estar comunicados para lo bueno y lo desagradable, volvimos a creer y nos volvieron a defraudar. El mal trabaja y se organiza con mucha más eficacia que el bien.
Le pedí a los Reyes Magos que se quedaran unos días de vigilia en la tierra de nuestros hermanos y obraran el milagro. Fue en vano porque al despertarreviví la misma sensación que siente el niño que, de repente, se ha hecho adulto y descubre la verdad. El mal se había impuesto al bien. Y aunque sigue habiendoheroínas que están por encima de esa media entre la que me encuentro, reconozco que durante días soñé con el mismo entusiasmo que lo hacemoscuando al cerrar los ojos vislumbramos el escenario de la victoria.El milagro podría obrarse. No fue así.







