Hace demasiado tiempo que vengo pensando en un tema y siempre en la misma dirección. En alguna de mis reflexiones he dejado escapar la idea, pero con la aplastante victoria de Afd en las elecciones regionales de Sajonia y las recientes encuestas publicadas en España sobre el posible resultado de las próximas elecciones, he decidido liberarme de la carga. La tranquilidad de saber que es tanta la información que nos rodea que da igual lo que diga, no va a cambiar nada, me tranquiliza.
Sufrí de manera personal el conocido “cordón sanitario”, compuesto que recobra su fuerza estos días, cuando con mi formación política obtuve en las elecciones de 2015 en Benidorm un resultado, no ya extraordinario, sino a todas luces inesperado. Conseguimos obtener tres concejales y quedarnos a 33 votos del cuarto ¿?, hacer que el PP retrocediera en un 30% los suyos y descabalgar al gobierno socialista, haciendo que rozase su suelo histórico en Benidorm.
No habían pasado 24 horas y el todavía alcalde, ya accidental, Agustín Navarro, tuvo la feliz idea de proponer un cordón sanitario a los concejales que democráticamente habíamos sido elegidos por nuestros vecinos un día antes. Lo sorprendente es que la práctica totalidad de los ediles, tanto los que ya estaban como los recién elegidos, se sumaron a la cacicada.
De aquellos barros, estos lodos. Actuar en contra de la opinión pública no conduce jamás a ningún puerto sensato. Es más, a la operación se la puede llamar como quieran, pero jamás tildarla de democrática. Es lo que sucede cuando se lleva demasiado tiempo pegado al poder, se pierde la noción de la realidad, se separan los pies del suelo y dejas de escuchar con sensatez para centrarte sólo en lo que profesan tus aduladores, esos que cobran del dinero de quienes te están avisando del descalabro. Al pueblo hay que respetarlo siempre, cuando te gusta lo que opina como cuando sucede lo contrario. Escuchar al presidente Sánchez decir que no convoca elecciones porque el pueblo español no está maduro para acudir a votar, es lo más dictatorial que he oído en España desde que murió Franco, y sin embargo ha pasado de puntillas por culpa de esa anestesia bien engrasada... ¿o quizás no tanto?.
El resultado obtenido por Afd, un partido alemán tan democrático como Bildu o Esquerra Republicana en España, no debería sorprender a nadie. Estoy convencido que no lo ha hecho. A sus votantes por motivos obvios y a los ofendiditos porque sólo les queda el recurso del pataleo e infundir miedo a través de la boca del imaginario lobo, recurso que ya instaló Alfonso Guerra con el recordado dóberman.
No sólo es una vergüenza tener que escuchar esas declaraciones de quienes más respeto deberían mostrar hacia las instituciones que todavía dirigen, es un tremendo error. Y lo saben, pero persisten. La derecha ultra, como ellos la llaman, también por error porque cuanto más la insultan más crece, es un conglomerado de formaciones políticas que no dejan de sumar adeptos y ganar elecciones, en todos los países europeos sin excepción. Y no es algo nuevo, llegó hace años y se ha consolidado con firmeza. En vez de preguntarse porque sucede, los partidos tradicionales no hacen más que faltarles el respeto, sin medir que a quien de verdad lo hacen es a sus votantes. ¿En que cabeza cabe proponer, 24 horas después de unas elecciones, hacer un cordón sanitario al 45% de los electores?. Es de locos de remate.
Varias encuestas publicadas esta semana en España anuncian una mayoría aplastante de la derecha española. Lo que a muchos de estos medios no ha interesado destacar, es que esa mayoría se sustenta en una pérdida de votos por parte del PP y una subida de más del 100% de VOX. Lo que reafirma todo lo dicho por este humilde junta-letras. Pues nada, que socialistas y populares, españoles y europeos, sigan con el insulto y la falta de respeto a esos muchos millones de españoles y europeos, hastiados de la situación que nos está tocando vivir: económica, social, de vivienda, de inmigración... que cada día serán más los que terminen por apoyar a estas formaciones.
Y de paso recordar a mis compañeros de los medios de comunicación que se han pasado los últimos años chupando del cazo de la sopa boba y el peloteo sin disimulo, mucha suerte para el futuro que se avecina. Ojalá se cumpla ese bonito refrán que nos anuncia que “no hay mal que por bien no venga” y la prensa volvamos a ser una profesión libre y dejemos de dar vergüenza. Nuestra forma de actuar es el resultado de lo que estamos viviendo en una España y una Europa que ya no nos cree.