Logo edatv.news
Logo twitter
Multitud de personas haciendo fila en la acera frente a una oficina custodiada por una cinta policial y un agente de la Policía Nacional
OPINIÓN

Regularización masiva: la izquierda ya no quiere convencer, quiere sustituir

La opinión de Javier García Isac de hoy, jueves 19 de febrero de 2026

No estamos ante una política social. Tampoco ante un gesto humanitario. La regularización masiva de más de medio millón de inmigrantes ilegales impulsada por la izquierda española responde a una lógica muy distinta: la ingeniería electoral y demográfica al servicio del poder. Una operación diseñada no para integrar, sino para alterar el cuerpo electoral y perpetuarse en el Gobierno cuando el apoyo popular se desploma.

No es una interpretación interesada. Lo dicen ellos mismos, de forma cada vez menos disimulada. Cuando figuras de la izquierda radical afirman que hay que “cambiar el país”, “superar a los reaccionarios” o “reemplazar un modelo social”, no hablan en abstracto. Hablan de personas concretas. De votantes concretos. De nosotros.

Cuando ya no ganan, cambian al votante

La izquierda ha asumido una realidad que se niega a afrontar con honestidad: su proyecto fracasa. No genera prosperidad, no cohesiona, no ilusiona. Deja un país empobrecido, endeudado y dividido. Y cuando un proyecto fracasa en democracia, hay dos salidas: rectificar o marcharse. La izquierda española ha elegido una tercera vía: modificar el censo.

La secuencia es conocida y deliberada:

regularización exprés, empadronamiento automático, acceso a ayudas, dependencia administrativa y por fin, voto cautivo.

No se trata de integración real, ni de exigencias, ni de respeto a la ley. Se trata de fabricar electores agradecidos mientras se desprecia al contribuyente, al autónomo, al trabajador, a la familia española que sostiene el sistema y a la que, sin embargo, se culpa de todos los males.

La izquierda verbaliza el reemplazo

Por primera vez en décadas, la izquierda ya no oculta su desprecio por una parte del país. Nos llama “fachas”, “privilegiados”, “retrógrados”, “sobrantes”. Y cuando se deshumaniza al adversario político, el siguiente paso siempre es el mismo: justificar su desplazamiento.

Por eso las palabras de Irene Montero no son anecdóticas. Son reveladoras. Cuando desde la izquierda se habla de “superar” o “desbordar” a quienes no comparten su visión ideológica, se está apuntando a un objetivo político muy concreto: diluir nuestro peso democrático sustituyéndolo por otro más dócil, más dependiente y más manipulable.

Frente a ese discurso, Santiago Abascal ha hecho algo que la mayoría evita: poner nombre al problema. No para generar odio, sino para advertir de una realidad incómoda. Porque lo que está en marcha no es pluralidad; es colonización electoral.

Hace 90 años no convencieron: eliminaron

La historia pesa, y en España pesa mucho. Hace 90 años, la izquierda tampoco aceptó los límites. Cuando no pudo imponer su proyecto por vías ordinarias, eligió el conflicto, la persecución y la exclusión del adversario. El Frente Popular, con el PSOE como actor central, no buscó integración ni convivencia; buscó imponerse.

Hoy las herramientas son otras, pero la mentalidad es alarmantemente similar. Antes se intentó reducir físicamente al adversario político. Hoy se pretende diluirlo demográficamente. En ambos casos, el objetivo es idéntico: que quienes no piensan como ellos no cuenten.

Una democracia adulterada

Una democracia deja de serlo cuando el Gobierno decide a quién convierte en votante en función de a quién votará. Eso no es progreso, es trampa. Y eso es exactamente lo que supone esta regularización masiva, descontrolada y sin contrapartidas.

Mientras tanto, al español que cumple la ley se le suben los impuestos, se le niega vivienda, se le abandona en sanidad y se le culpa de todo. A él no se le pregunta. Se le sustituye.

España no se sustituye, se defiende

La izquierda ha cometido un error que cree irreversible: pensar que puede reemplazar a un pueblo sin que el pueblo reaccione. Cree que basta con diluirnos, con dispersarnos en cifras, con convertirnos en minoría administrativa para silenciar nuestra voz. Se equivoca.

Porque votar, seguiremos votando.

Porque pensar distinto no es un delito.

Y porque España no es una estadística que se pueda manipular desde un despacho.

Lo que hoy pretenden hacer con regularizaciones masivas y censos adulterados, mañana lo intentarán justificar como “avance democrático”. No lo es. Es miedo al juicio de las urnas y desprecio al pueblo real.

Hace 90 años fracasaron en su intento de rehacer España a golpe de imposición. Hoy volverán a fracasar. Porque una nación no se reemplaza.

Una nación se defiende.

➡️ Opinión

Más noticias: