Hay verdades que no caben en un titular complaciente ni en una tertulia patrocinada. La principal: en España gobierne quien gobierne, mandan los mismos. El bipartidismo corrupto —PSOE y PP— ha perfeccionado un sistema donde la política es antesala del negocio, la institución es tarjeta de visita y el interés nacional moneda de cambio. El ejemplo más obsceno tiene nombre propio: Acento.
Acento: el despacho donde se recicla el poder
La consultora Acento no es una anécdota: es la prueba del delito. Allí confluyen los restos del poder, las agendas ministeriales y las influencias acumuladas durante años de despachos oficiales. Al frente, José Blanco (Pepiño), mano derecha de José Luis Rodríguez Zapatero, secretario de Organización del PSOE y ministro de Fomento. A su lado, Alfonso Alonso, exministro de Sanidad y exalcalde de Vitoria por el PP.
El mensaje es claro: cambia el color, no el negocio.
En Acento también han recalado apellidos bien conectados: un hijo de Esteban González Pons y otro de Esther Palomera. ¿Talento? Puede. ¿Casualidad? Nunca. Es la endogamia de un sistema que se blinda por arriba mientras predica sacrificios por abajo.
Fomento: el ministerio del dinero
Nada es casual. Fomento —hoy Transportes— maneja el mayor presupuesto del Estado. Por eso lo ocuparon Blanco, José Luis Ábalos y hoy Óscar Puente. Y por eso, tantas veces, el secretario de Organización coincide con el ministro del dinero. Control del partido, control del BOE, control de la obra pública. Triángulo perfecto para construir poder y para rentabilizarlo después en el sector privado.
Lobby para Marruecos (sí, Marruecos)
Acento no se limita a “asesorar”. Hace lobby en Bruselas a favor de Marruecos. Mientras España calla, cede y firma; mientras el Sáhara se entrega y las fronteras se relativizan; mientras agricultores, pescadores y transportistas pagan el precio, los exministros facturan.







