Hay una constante que define al PSOE, a la izquierda en general y al sanchismo en particular: nunca asumen responsabilidades. Jamás. Gobiernan, mandan, legislan, gastan, imponen, pero la culpa siempre es de otro. De los de antes, de la herencia recibida, de la ultraderecha, del clima, del mercado, de la guerra de Ucrania, de Franco si hace falta. Menos de ellos.
Llevan casi ocho años con Pedro Sánchez instalado en La Moncloa como si fuera un derecho hereditario, y en todo este tiempo no han asumido una sola responsabilidad política por nada. Ni una dimisión relevante. Ni una autocrítica honesta. Ni un perdón sincero. Nada.
España se cae a pedazos, literalmente, y la respuesta del PSOE es siempre la misma: echar balones fuera.
Accidentes ferroviarios y la huida permanente hacia atrás
Las últimas semanas han sido un catálogo del desastre ferroviario: averías, descarrilamientos, caos, retrasos interminables, accidentes con víctimas. ¿Y cuál ha sido la reacción del Gobierno? Culpar a otros gobiernos por la falta de inversión.
Es el colmo del cinismo.
Han gobernado ocho años. OCHO. Han aprobado presupuestos, han manejado fondos europeos, han multiplicado ministerios, asesores y chiringuitos ideológicos. Pero cuando el sistema ferroviario falla, resulta que la culpa es del pasado.
Según el relato socialista, el tiempo se congeló antes de 2018. Desde entonces, ellos solo observan, opinan y culpan, pero nunca gestionan. No invierten, no mantienen, no previenen, y cuando pasa algo, se lavan las manos como Pilatos.
Y lo más grave: ni siquiera sienten vergüenza al hacerlo.
Sanidad: cuando protestar era fácil y gobernar es insoportable
El ejemplo de Mónica García es paradigmático. Cuando estaba en la oposición, todo era un desastre heredado, todo era culpa del PP, todo era motivo de pancarta y tuit indignado.
Ahora que es ministra, España se permite el lujo de estar una semana sin amoxicilina, un antibiótico básico, de amplio espectro, imprescindible. Un país del supuesto “escudo social”, sin algo tan elemental como un antibiótico común.
¿Responsabilidades? Ninguna.
¿Autocrítica? Cero.
¿Dimisiones? Ni se plantean.
Ahora el problema ya no es la gestión. Ahora es “el mercado”, “las farmacéuticas”, “factores globales”. La culpa vuelve a ser de otro.
Vivienda: ocho años de gobierno, cero casas
Con la vivienda ocurre exactamente lo mismo. Ocho años gobernando y no han construido vivienda pública, han ahuyentado la inversión, han criminalizado al propietario, han protegido al okupa y han convertido el acceso a la vivienda en una quimera, especialmente para los jóvenes.







