Una de las últimas votaciones en el Parlamento español ha vuelto a retratar la profunda quiebra moral e intelectual de la izquierda. Una propuesta de Vox para prohibir el uso del niqab y el burka en espacios públicos —una medida que no es nueva en Europa y que responde a criterios de seguridad, integración y dignidad de la mujer— ha sido rechazada con el habitual argumentario victimista: que se trata de libertad religiosa, que se estigmatiza a una comunidad, que es “ultraderecha”.
Nada nuevo bajo el sol. La izquierda española, convertida ya en un meme ideológico, ha decidido abrazar como bandera lo que hace apenas unos años habría denunciado como símbolo de opresión patriarcal.
¿Qué se ha votado realmente?
No se ha votado perseguir ninguna religión.
No se ha votado expulsar a nadie.
No se ha votado señalar a nadie.
Se ha votado sobre la posibilidad de prohibir prendas que:
Ocultan totalmente el rostro en el espacio público.
Impiden la identificación.
Son, en muchos casos, símbolo de sometimiento femenino.
Pero la izquierda —la misma que se rasga las vestiduras por el lenguaje inclusivo o por un piropo mal entendido— ha decidido convertir el burka en símbolo de libertad.
Una pirueta ideológica que sólo se explica por su necesidad compulsiva de enfrentarse a Vox incluso cuando eso implique renunciar a sus propios postulados feministas de décadas.
El burka y el niqab: símbolos de sumisión, no de liberación
Conviene recordar de qué estamos hablando:
Burka: prenda que cubre completamente el cuerpo y el rostro, incluyendo una rejilla a la altura de los ojos.
Niqab: cubre el rostro dejando únicamente los ojos visibles.
En numerosos contextos culturales islámicos, su uso no es una elección libre, sino una imposición social, familiar o directamente marital. Muchas mujeres no lo llevan porque quieran. Lo llevan porque deben.
Y aquí está la gran contradicción:
La izquierda que prohíbe rezar el rosario ante clínicas abortistas en nombre del “espacio seguro” ahora defiende como expresión religiosa una prenda que, en demasiados casos, es expresión de coacción.
¿Dónde queda la coherencia?
La doble vara de medir: el rosario molesta, el burka no
Hace apenas unos meses, sectores progresistas impulsaban medidas contra quienes rezaban el rosario cerca de centros abortistas. Aquello sí era, según ellos, intolerable presión ideológica.
Sin embargo:
Rezar en la calle,es peligroso.
Cubrir totalmente el rostro por imposición cultural, es libertad.
La conclusión es evidente: el problema nunca es el símbolo.
El problema es si lo defiende Vox o no.
Junts, el oportunismo permanente
En esta votación también ha quedado retratada la incoherencia del separatismo catalán. Dirigentes de Junts habían deslizado su disposición a debatir medidas sobre integración o regulación de símbolos extremos.
Pero cuando la propuesta la presenta Vox, votan en contra.
Prometen presentar la suya propia, pero condicionada a exigir competencias exclusivas en inmigración, pasaportes y control fronterizo. Es decir, instrumentalizan un debate serio para seguir avanzando en su proyecto de fragmentación del Estado.
No es convicción. Es cálculo político.
El falso discurso de la “estigmatización”
La izquierda sostiene que prohibir burka y niqab es “estigmatizar”.
Pero la verdadera estigmatización es otra:
Es asumir que una mujer musulmana no puede integrarse si no lleva el rostro cubierto.
Es dar por hecho que la igualdad es negociable según la cultura de origen.
La integración consiste en el respeto y aceptación de nuestras costumbres, y nunca en renunciar a nuestros principios básicos:







