Hay páginas de la historia de España que el régimen actual —ese sanchismo que manipula, borra y reescribe— preferiría que jamás salieran a la luz. Una de ellas es la del asesinato del Fiscal General de la República, Marcelino Valentín Gamazo, y de tres de sus hijos, José Antonio, Francisco Javier y Luis Gonzaga, masacrados el 5 de agosto de 1936 por milicianos socialistas. Sí, han leído bien: socialistas. Nada de “incontrolados”, nada de “grupos indeterminados”. Los mismos que hoy se envuelven en la bandera de la democracia mientras abren fosas selectivas, señalan enemigos políticos y exigen ilegalizar a quienes no comulgan con su secta.
UN FISCAL VALIENTE CONTRA EL SOCIALISMO VIOLENTO
Marcelino Valentín Gamazo no era un extremista, ni un fascista, ni un enemigo de la República, como luego quisieron justificar. Era un jurista de prestigio, un Abogado del Estado, un defensor de la legalidad republicana. Su gran “delito” fue cumplir con su deber. Y su deber, en 1935, fue procesar al líder socialista Francisco Largo Caballero, el llamado “Lenin español”, por el golpe de Estado de Octubre de 1934, aquella insurrección violenta que dejó más de mil muertos y que exigió que el Ejército saliera a frenar a los mismos que hoy nos dan lecciones de convivencia.
Valentín Gamazo pidió 30 años de reclusión para Largo Caballero por rebelión militar. Y lo hizo porque era lo que correspondía jurídicamente. Pero la República tembló ante las milicias armadas del PSOE, y el Tribunal Supremo cedió. El fiscal, digno y recto, presentó su dimisión. Porque cuando la justicia se arrodilla ante la violencia, ya no es justicia.
Esa valentía, esa dignidad, es la que nunca le perdonaron.
EL ASESINATO QUE EL PSOE INTENTA BORRAR
Llega julio de 1936, el caos revolucionario, la aniquilación programada de todo aquel que pudiera recordar que alguna vez existió una República de leyes y no de checas. Y el 5 de agosto, los socialistas ajustan cuentas.
A Marcelino Valentín Gamazo, de 57 años, lo atan, lo torturan y lo asesinan, pero antes matan a sus hijos para que él vea en qué consiste la “democratización de la justicia”, o la justicia popular. Sus hijos asesinados fueron:
José Antonio, de 21 años,
Francisco Javier, de 20,
Luis Gonzaga, de 17.
Los matan porque son suyos, porque llevan su apellido, porque simbolizan aquello que el socialismo revolucionario no tolera: la legalidad, el Estado, la justicia.
Pero de esto la memoria histórica socialista no quiere hablar. No hay homenajes, no hay placas, no hay condenas. Solo silencio. El mismo silencio que acompaña a miles de asesinados por las checas socialistas y comunistas mientras ellos, muy dignos, se indignan si alguien les recuerda que fueron los primeros en desencadenar la barbarie en España.
DEL PSOE A GARCÍA ORTIZ: LA MISMA ESCUELA
Uno mira el asesinato de Valentín Gamazo y luego observa a Álvaro García Ortiz, el fiscal general del sanchismo, inhabilitado, condenado, al servicio de un Gobierno que persigue al disidente, filtra datos de rivales políticos, manipula expedientes y convierte la Fiscalía en un instrumento de partido, y se da cuenta de que algo no ha cambiado.







